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viernes, 9 de enero de 2026

Nancy Charles era activista LGBT: «Entré a una Misa, miré la vela roja del Sagrario y escuché: ‘Sigue mirándome’; supe que Jesús era real, que había sido creada para amar y ser amada por Él; Dejé todo atrás y soy católica»

Nancy Charles se ha convertido a Cristo mirando la vela roja del Sagrario

* «Había llegado al límite en mi vida, y me encontré entrando casi por tropiezo a una Misa Tradicional en latín un domingo temprano por la mañana... Pensaba que todos me odiarían y me echarían por alguna razón. Por supuesto, en ese momento no sabía nada sobre el catolicismo ni sobre la Eucaristía… ni siquiera que esa vela roja tenía un significado. Pero… justo cuando estaba a punto de salir corriendo por la puerta, la vela roja captó mi mirada y no pude dejar de verla... Sentí, en ese momento, el amor más radical que había experimentado en toda mi vida. Se sentía como si estuviera siendo sostenida profundamente, en el núcleo mismo de mi alma, por el propio Creador, y eso me rompió por completo de una manera que cambiaría toda la trayectoria de mi vida»   

Camino Católico.- Hasta no hace mucho y durante 15 años, Nancy Charles vivió como adicta y comprometida militante en el movimiento LGBT. Durante esos años, Nancy pareció integrar la facción "racional" del lobby, meditando ocasionalmente las consignas oficiales en lugar de asumirlas sin juicio crítico. En el caso de los cristianos, estaba convencida de que "no odiaban" a los LGBT, si bien ella se sentía "herida" por asumir las creencias cristianas "como un rechazo".

"Viví en una contradicción entre dos creencias durante toda mi vida. La primera, que los cristianos en realidad no nos odiaban. Y la segunda, que cuando condenaban nuestro estilo de vida, nos estaban rechazando", explica.

Charles parafrasea a Dover al asegurar que "era muy joven cuando el diablo vino" a hablarle. "Me dijo que yo era lo que sentía. Fui como Eva cuando mordió la manzana y creyó a la serpiente. Toda mi vida pensé que si sentía algo, yo era ese sentimiento, por eso nunca pude alejarme de mi atracción por el mismo sexo"; detalla en X, antiguo Twitter.

Pero un día brotó una pregunta más poderosa que aquella reflexión: "Y si no soy lo que siento… ¿quién soy?"

Una carta de su hermano que la encaminó a la verdad

Pronto sería testigo de que "la verdad es lo más caritativo que puedes darle a alguien". Incluso si no quiere escucharse, como fue su caso.

Fue a través de una carta que le escribió su hermano Joshua, tras años de consumo de drogas, rehabilitación y vida LGBT que llevaron a Nancy incluso a pensar en el suicidio.

"Nancy, nunca te recuperarás mientras sigas rechazando a tu Creador. Podrás decir que crees en Dios o en un poder superior, pero no. Si lo hicieras, buscarías lo que Él quiere de ti en lugar de inventar tu propia versión de Dios para adaptarla a tus propias inclinaciones. Han rechazado la Biblia, el cristianismo y la verdad. Ninguna persona que rechaza la verdad puede prosperar", le dijo su hermano.

En la carta también advertía de que seguiría habiendo "distancia" entre él y ella, como militante LGBT.

"No porque los juzgue, sino porque ni siquiera hablamos el mismo idioma. Hasta que no reconozcas tu necesidad de Dios y tu responsabilidad personal, no hay absolutamente nada que yo ni nadie pueda hacer por ti. No participaré más en tu engaño. Te quiero. Deseo tu mayor bien, por eso te traslado estas contundentes verdades", agregaba la carta.

No fueron las buenas palabras o el `engaño´ lo que llevaron a la activista LGBT Nancy Charles a la fe y la paz, sino la verdad expuesta con amor, caridad y claridad

Nancy Charles llegó a Misa llena de miedo, sintiéndose fuera de lugar y a punto de irse. Pero una simple mirada al Santísimo Sacramento se convirtió en el inicio de una conversión que transformaría su vida para siempre.

Criada como protestante, "nunca había oído hablar sobre la Eucaristía". Sin embargo, conforme daba sus primeros pasos hacia la plena fe, "no tenía nada más que el rosario y la adoración antes de poder participar oficialmente en los sacramentos". Por eso considera "una locura" que los católicos no acudan a la adoración eucarística.

Hoy, Charles sigue considerando la carta de su hermano como "uno de los momentos más dolorosos" pero también "de los más cruciales" de su vida. Hasta el punto que, seis años después, la "poderosa semilla" plantada por Dios a través de esa carta le llevarían a ingresar oficialmente en la Iglesia. Fue el pasado 29 de septiembre de 2023, tras seis meses desde una "conversión milagrosa" el día de San José del mismo año.

La Misa tradicional y la vela del Sagrario

En su cuenta de X, la directora de operaciones de Eternal Christendom comparte una experiencia reciente en la Adoración Eucarística que la llevó a recordar, con profunda gratitud, cómo comenzó su camino de fe.

Mientras permanecía sentada en silencio ante el Santísimo, fue testigo de algo que nunca antes había visto: el cambio de la vela roja que acompaña al Sagrario. Esta Lámpara del Santísimo, cuando está encendida, indica la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

Aquel gesto sencillo despertó en ella el recuerdo de su conversión. Nancy explicó que su encuentro con Dios ocurrió precisamente al fijar la mirada en la vela roja que custodia el Sagrario. En ese momento de su vida, se describía a sí misma como un alma “profundamente perdida y profundamente fracturada”.

“Había llegado al límite en mi vida, y me encontré entrando casi por tropiezo a una Misa Tradicional en latín un domingo temprano por la mañana”, señala.

Desde el primer momento, se sintió fuera de lugar. Confesó que su apariencia la hacía pensar que no encajaba y que todos la juzgarían. El miedo era tan grande que estuvo a punto de salir corriendo. Sin embargo, justo antes de hacerlo, algo captó su atención: la vela roja del Santísimo.

“Pensaba que todos me odiarían y me echarían por alguna razón. Por supuesto, en ese momento no sabía nada sobre el catolicismo ni sobre la Eucaristía… ni siquiera que esa vela roja tenía un significado. Pero… justo cuando estaba a punto de salir corriendo por la puerta, la vela roja captó mi mirada y no pude dejar de verla. Todo lo que escuchaba en mi cabeza, una y otra vez, era: ‘Sigue mirándome’”.

Poco después, comenzó a sonar el órgano y, de manera repentina, Nancy rompió en llanto como nunca antes lo había hecho.

“Sentí, en ese momento, el amor más radical que había experimentado en toda mi vida. Se sentía como si estuviera siendo sostenida profundamente, en el núcleo mismo de mi alma, por el propio Creador, y eso me rompió por completo de una manera que cambiaría toda la trayectoria de mi vida. Desde entonces supe que Jesús era real y que yo había sido creada para amar y ser amada por Él. Dejé todo atrás y comencé la catequesis con uno de los sacerdotes de la parroquia la semana siguiente”, resalta.

Ese proceso de conversión, que inició el 19 de marzo de 2023, la llevó a recibir el Sacramento de la Confirmación el 29 de septiembre de ese mismo año.

La vela del Santísimo para ella

Hoy, cada vez que se sienta ante el Santísimo Sacramento, la vela roja continúa conmoviendo su corazón. Para Nancy, esa luz silenciosa proclama una verdad que marcó su vida para siempre: “Él está aquí”.

Mientras observaba cómo el feligrés retiraba la vela para reemplazarla por una nueva y recordaba su conversión, notó que este se le acercaba con una pregunta inesperada: si quería llevarse a casa la vela antigua.

“Observé atentamente cómo el feligrés se acercaba a cambiar la vela por una nueva. Debí de tener una expresión de asombro en el rostro, porque se acercó directamente a mí y me preguntó si quería llevarme a casa la vela antigua, la cual, me dijo, todavía tenía alrededor de 10 horas de tiempo de combustión.

Esto me conmovió profundamente. ¿Quieres decir que la vela que veló fielmente por Nuestro Señor, desde su primer encendido hasta ahora, puede irse a casa conmigo y arder sus últimas 10 horas a mi lado?”.

En ese momento, al volver a mirar al Santísimo, las lágrimas llenaron nuevamente sus ojos.

“No pedí esto, ni jamás podría haberlo planeado. De algún modo, se sintió como un recordatorio silencioso del propio Jesús que me susurraba: ‘Sigo aquí’”.

Los gays, como cualquier otro cristiano

Sus reflexiones sobre Fiducia supplicans, publicada poco después de su conversión, enormemente interesantes, pues muestra cómo percibe un homosexual los intentos de la Iglesia por acercarse a ellos.

Una de ellas la escribió el 1 de enero de 2024, "como persona que siente atracción por personas del mismo sexo". "Los gays no son especiales", dijo. Por eso "estamos sujetos a las reglas de Dios al igual que cualquier otro. Todos estamos llamados a llevar nuestra cruz. A veces es atracción hacia el mismo sexo, lo que nos llama a vivir la castidad", explica.

Por eso dirige una palabra especial a quienes no comprenden la preocupación existente sobre Fiducia supplicans: "Si no puedes entenderlo, o estas siendo extremadamente poco caritativo o estoy segura de que buscas destruir las almas de aquellos que luchan, como yo. No puedes pretender amarnos y mentirnos al mismo tiempo".

Nancy Charles, protestante, militante del lobby LGBT y homosexual, solo necesitó que le dijesen la verdad sin miedo a que saliese espantada para aceptarla y convertirse a la fe

Mejor la verdad que un mensaje diluido

Charles, que mantiene su inclinación, considera necesario transmitir "la verdad" a personas con atracción por el mismo sexo frente a un "mensaje diluido".

"El problema es que las palabras importan. La precisión del lenguaje es importante. Es la diferencia entre la claridad de la verdad o la niebla de la ambigüedad. Nuestro trabajo es llevar la verdad a la gente, no cambiar el lenguaje para engañarlos y que vengan a la Iglesia", admite.

La conversa y homosexual afirma, como homosexual y conversa, que si se dice a los homosexuales que están llamados a vivir en castidad, "es posible que huyan y nunca se consideren bienvenidos a la Iglesia. Entonces déjalos que se vayan. No porque no desee que vengan a Cristo, sino porque el trabajo de la Iglesia es ser árbitro de la verdad. ¿De qué sirve que estén en la Iglesia si hemos perdido su alma?".

"Como alguien que siente atracción por personas del mismo sexo, estoy profundamente agradecida a mi familia tradicional de misa en latín por nunca mentirme y preocuparse lo suficiente por mi alma como para decirme la verdad. Por amarme siempre y darme la bienvenida a la iglesia y por mantenerme al mismo nivel que todos los demás", concluye.

Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Misa de hoy, viernes de la segunda semana de Navidad, 9-1-2026

9 de enero de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Santa Misa de hoy, viernes de la segunda semana de Navidad, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, viernes de la segunda semana de Navidad, 9-1-2026

9 de enero de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, viernes de la segunda semana de Navidad, presidida por el P. Félix Castedo, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Dolorosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 9-1-2026

9 de enero de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, viernes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 9/1/2026: «Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 9 de enero de 2026, viernes de la segunda semana de Navidad, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Marcos 6, 45-52:

Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.

Llegada la noche, la barca estaba en mitad del lago, y Jesús, solo, en tierra.

Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo.

Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron.

Pero él habló enseguida con ellos y les dice:

«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo».

Entró en la barca con ellos, y amainó el viento.

Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 9-1-2026

9 de enero de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Seguimos en Navidad mientras dejemos que Cristo nazca cada día en nuestros gestos sencillos: en la paciencia, en la misericordia, en el amor ofrecido sin ruido / Por P. Carlos García Malo


 

jueves, 8 de enero de 2026

Papa León XIV en homilía a los cardenales del consistorio, 8-1-2026: «Discernir juntos lo que el Señor nos pide por el bien de su Pueblo: orar, escuchar y reflexionar»

* «Por eso es importante que ahora, en la Eucaristía, pongamos todos nuestros deseos y pensamientos sobre el altar, junto con el don de nuestra vida, ofreciéndolos al Padre en unión con el sacrificio de Cristo, para recobrarlos purificados, iluminados, fundidos y transformados, por la gracia, en un único pan. Solo así, de hecho, sabremos realmente escuchar su voz, acogiéndola en el don que somos los unos para los otros, que es el motivo por el cual nos hemos reunido»

     

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «Nuestro Colegio, aunque rico en muchas capacidades y dones notables, no está llamado a ser, en primer lugar, un equipo de expertos, sino una comunidad de fe, en la que los dones que cada uno aporta, ofrecidos al Señor y devueltos por Él, produzcan el máximo fruto, según su Providencia» 

8 de enero de 2026.- (Camino Católico) En la homilía de la Misa con los cardenales reunidos en Consistorio extraordinario, el Papa subraya el amor fraterno, la escucha y la corresponsabilidad como claves del caminar eclesial: “Discernir juntos lo que el Señor nos pide por el bien de su Pueblo: orar, escuchar y reflexionar”.



A las 7:25 de la mañana de este jueves 8 de enero, el Papa León XIV ha presidido la Santa Misa por la Iglesia con los cardenales en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro. De este modo, ha comenzado el segundo y último día del encuentro. 



En la homilía ha centrado su reflexión en el  Evangelio según san Marcos, que se ha proclamado, en el que se narra la multiplicación de los panes y de los peces. El Santo Padre reconoce que la Iglesia puede sentirse insuficiente ante “una humanidad hambrienta de bien y de paz”. Sin embargo, retomando las palabras de Jesús, recuerda que siempre es posible, juntos, encontrar los dones necesarios: “La Providencia nunca hace faltar los ‘cinco panes y los dos peces’ cuando sus hijos piden ayuda”.



El Papa recuerda que el Colegio Cardenalicio, aun siendo rico en capacidades y dones, “no está llamado a ser, en primer lugar, un equipo de expertos, sino una comunidad de fe”. En ella, los dones ofrecidos al Señor y devueltos por Él están llamados a dar fruto según su Providencia, en una lógica de comunión y servicio.



El Pontífice fue claro al indicar el sentido del encuentro: “No estamos aquí para promover agendas -personales o grupales-, sino para confiar nuestros proyectos e inspiraciones al escrutinio de un discernimiento que nos supera”. Un discernimiento, añade, que solo puede venir del Señor y que orienta la vida y la misión de la Iglesia. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:



CONSISTORIO EXTRAORDINARIO

SANTA MISA

HOMÍLIA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV


Basílica de San Pedro

Jueves, 8 de enero de 2026



«Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios» (1 Gv 4,7). La liturgia nos propone esta exhortación mientras celebramos el consistorio extraordinario, un momento de gracia en el que expresamos nuestra unión al servicio de la Iglesia.

Como sabemos, la palabra Consistorio, Consistorium, “asamblea”, puede ser leída a la luz de la raíz del verbo consistere, es decir, “detenerse”. En efecto, todos nosotros nos hemos “detenido” para estar aquí; hemos suspendido durante un tiempo nuestras actividades y renunciado a compromisos incluso importantes, para reunirnos y discernir juntos lo que el Señor nos pide por el bien de su Pueblo. Esto es en sí mismo un gesto muy significativo, profético, especialmente en el contexto de la sociedad frenética en la que vivimos. De hecho, recuerda la importancia, en cada trayecto de la vida, de detenerse para orar, escuchar, reflexionar y así volver a enfocar cada vez mejor la mirada en la meta, dirigiendo hacia ella todos los esfuerzos y recursos, para no correr el riesgo de correr a ciegas o dar golpes en el aire, como advierte el apóstol Pablo (cf. 1 Co 9,26). De hecho, no estamos aquí para promover “agendas” —personales o grupales—, sino para confiar nuestros proyectos e inspiraciones al escrutinio de un discernimiento que nos supera «como el cielo se alza por encima de la tierra» (Is 55,9) y que solo puede venir del Señor.

Por eso es importante que ahora, en la Eucaristía, pongamos todos nuestros deseos y pensamientos sobre el altar, junto con el don de nuestra vida, ofreciéndolos al Padre en unión con el sacrificio de Cristo, para recobrarlos purificados, iluminados, fundidos y transformados, por la gracia, en un único pan. Solo así, de hecho, sabremos realmente escuchar su voz, acogiéndola en el don que somos los unos para los otros, que es el motivo por el cual nos hemos reunido.

Nuestro Colegio, aunque rico en muchas capacidades y dones notables, no está llamado a ser, en primer lugar, un equipo de expertos, sino una comunidad de fe, en la que los dones que cada uno aporta, ofrecidos al Señor y devueltos por Él, produzcan el máximo fruto, según su Providencia.

Después de todo, el amor de Dios, del que somos discípulos y apóstoles, es amor “trinitario”, “relacional”, fuente de aquella espiritualidad de comunión de la que la Esposa de Cristo vive y quiere ser casa y escuela (cf. Carta ap. Novo millennio ineunte, 43). San Juan Pablo II, deseando su crecimiento al comienzo del tercer milenio, la definió como una «una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado» (ibíd.).

Nuestro “detenernos”, entonces, es, ante todo, un gran acto de amor —a Dios, a la Iglesia y a los hombres y mujeres de todo el mundo— con el cual dejarnos moldear por el Espíritu, primero en la oración y en el silencio, pero también mirándonos a los ojos, escuchándonos unos a otros y haciéndonos voz, a través del compartir, de todos aquellos que el Señor ha confiado a nuestro cuidado como pastores, en las más diversas partes del mundo. Un acto que hay que vivir con corazón humilde y generoso, conscientes de que es por gracia que estamos aquí y no hay nada de lo que tenemos, que no hayamos recibido como don y talento que no se debe desperdiciar, sino emplear con prudencia y valentía (cf. Mt 25,14-30).

San León Magno enseñaba que «Es algo grande y muy valioso ante los ojos del Señor cuando todo el pueblo de Cristo se dedica conjuntamente a los mismos deberes, y todos los grados y todos los órdenes, […] colaboran con un mismo espíritu […]. Entonces ― decía― se alimenta a los hambrientos, se viste a los desnudos, se visita a los enfermos, y nadie busca sus propios intereses, sino los de los demás» (Sermón 88,4). Este es el espíritu con el que queremos trabajar juntos: el de quienes desean que, en el Cuerpo místico de Cristo, cada miembro coopere ordenadamente al bien de todos (cf. Ef 4,11-13), desempeñando con dignidad y en plenitud su ministerio bajo la guía del Espíritu, feliz de ofrecer y ver madurar los frutos de su trabajo, así como de recibir y ver crecer los de la actividad de los demás (cf. S. León Magno, Sermón, 88,5).

Desde hace dos mil años, la Iglesia encarna este misterio en su multifacética belleza (cf. Francisco, Carta enc. Fratelli tutti, 280). Esta misma asamblea es testimonio de ello, en la variedad de procedencias y edades y en la unidad de gracia y fe que nos reúne y nos hermana.

Por supuesto, también nosotros, ante la “gran multitud” de una humanidad hambrienta de bien y de paz, en un mundo en el que la saciedad y el hambre, la abundancia y la miseria, la lucha por la supervivencia y el desesperado vacío existencial siguen dividiendo e hiriendo a las personas, a las naciones y a las comunidades, ante las palabras del Maestro: «Denles de comer ustedes mismos» (Mc 6,37), podemos sentirnos como los discípulos: inadecuados y sin medios. Sin embargo, Jesús vuelve a repetirnos: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver» (Mc 6,38), y esto lo podemos hacer juntos. De hecho, no siempre conseguiremos encontrar soluciones inmediatas a los problemas que debemos afrontar. Sin embargo, siempre, en cualquier lugar y circunstancia, podremos ayudarnos mutuamente —y en particular ayudar al Papa— a encontrar los “cinco panes y los dos peces” que la Providencia nunca hace faltar cuando sus hijos piden ayuda; y acogerlos, entregarlos, recibirlos y distribuirlos, enriquecidos con la bendición de Dios, la fe y el amor de todos, para que a nadie le falte lo necesario (cf. Mc 6,42).

Queridos hermanos, lo que ustedes ofrecen a la Iglesia con su servicio, a todos los niveles, es algo grande y extremadamente personal y profundo, único para cada uno y valioso para todos; y la responsabilidad que comparten con el Sucesor de Pedro es grave y onerosa.

Por ello les doy las gracias de todo corazón. Quisiera concluir encomendando nuestro trabajo y nuestra misión al Señor con las palabras de san Agustín: «Muchas cosas nos concedes cuando oramos; mas cuanto de bueno hemos recibido antes de que orásemos, de ti lo recibimos, y el que después lo hayamos conocido, de ti lo recibimos también […]. Pero acuérdate, Señor, de que somos polvo y que de polvo hiciste al hombre» (Confesiones, 10, 31, 45). Por eso te decimos: «da lo que mandas y manda lo que quieras» (ibíd.).

PAPA LEÓN XIV








Fotos: Vatican Media, 8-1-2026

Santa Misa de hoy, jueves, Feria de Navidad, presidida por el Papa León XIV, con los cardenales del consistorio extraordinario, 8-1-2026


8 de enero de 2026.- (Camino Católico) En la mañana de este jueves 8 de enero de 2026 a las 7:25, el Papa León XIV ha presidido la Santa Misa por la Iglesia con los cardenales reunidos en Consistorio extraordinario en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro. De este modo, ha comenzado el segundo y último día del encuentro. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.



En su homilía, tras la proclamación del Evangelio según san Marcos en el que se narra la multiplicación de los panes y de los peces, el Pontífice ha situado la celebración en el horizonte del amor, del discernimiento y del servicio común a la Iglesia y a la humanidad.

La Navidad / Película de Dibujos animados


Camino Católico
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 La Navidad es una película de Dibujos animados basada en los textos bíblicos que tienen relación con el nacimiento de Jesucristo.