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domingo, 3 de mayo de 2026

Papa León XIV en homilía del V Domingo de Pascua: «Es en Cristo donde los descartados recuperan su dignidad y se sienten elegidos para el Reino de Dios»

* «Hasta hoy, se llega a ser piedras desechadas por los seres humanos y elegidas por Dios: cuando con la vida y la palabra nos oponemos a los proyectos que aplastan a los débiles, no respetan la dignidad de cada persona, se sirven de los conflictos para seleccionar a los más fuertes, mientras descuidan a quienes se quedan atrás, a quienes no logran salir adelante, considerando a quienes sucumben como basura de la historia. Jesús caminó entre nosotros como un profeta desarmado y desarmante, y cuando fue rechazado no cambió de estilo»

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «El Mesías Jesús había sido rechazado no solo porque no había sido reconocido como Hijo de Dios, sino, antes aún, por haber asumido la condición de criatura, entendida como indigna de Dios. Fiel a este camino de amor misericordioso, Él salía en busca de las ovejas rechazadas, se sentaba a la mesa con ellas, desarmaba las manos y los corazones que querían lapidarlas. De este modo, como dice el Evangelio proclamado en esta liturgia, el Hijo mostró el rostro del Padre: en Él se cumplen sus obras» 


Camino Católico.-  En la Archibasílica de San Juan de Letrán, el Papa León XIV ha celebrado la Santa Misa del V domingo de Pascua y ha conferido este sábado 2 de mayo de 2026 la ordenación episcopal a cuatro nuevos obispos auxiliares de la diócesis de Roma que él mismo nombró el 25 de febrero pasado: Mons. Stefano Sparapani, Mons. Alessandro Zenobbi, Mons. Andrea Carlevale y Mons. Marco Valenti, procedentes del clero romano. 



En su homilía el Papa ha dicho que “Jesús iba en busca de las ovejas rechazadas, se sentaba a la mesa con ellas, desarmaba las manos y los corazones que querían apedrearlas”. Por ello, “al invertir la lógica del dominio, la de quienes persiguen la insensata ambición de determinar la arquitectura de la Tierra, es en Cristo donde los desechados recuperan su dignidad y se sienten elegidos para el Reino de Dios”.




Dirigiéndose a los nuevos obispos auxiliares, el Papa delineó el horizonte de su ministerio como un servicio marcado por la cercanía, la comunión y la misión. Les pidió asumir su tarea como una forma concreta de salir al encuentro de las personas heridas o marginadas, recordándoles que nadie debe sentirse excluido del edificio vivo de la Iglesia: “Los animo a salir al encuentro de las piedras descartadas de esta ciudad y a anunciarles que, en Cristo, nuestra piedra angular, nadie está excluido de convertirse en parte activa del edificio santo que es la Iglesia y de la fraternidad entre los seres humanos”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:




SANTA MISA DEL V DOMINGO DE PASCUA CON ORDENACIONES EPISCOPALES


HOMILÍA DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV


Basílica de San Juan de Letrán

Sábado, 2 de mayo de 2026



Queridos hermanos y hermanas,


al unirnos a Cristo, nos convertimos en una casa sólida y acogedora: esta es la alegría que experimentamos sobre todo en el tiempo pascual, y de manera especial hoy al celebrar la ordenación de cuatro nuevos obispos auxiliares de la Diócesis de Roma.


Esta Iglesia tiene una vocación singular hacia la universalidad y la caridad gracias a su vínculo peculiar con Cristo, resucitado y vivo, fundamento del edificio espiritual de piedras vivas que es el pueblo santo de Dios. Acercarnos a Cristo es, por tanto, acercarnos unos a otros y crecer juntos en la unidad: este es el Misterio que nos involucra y transforma desde dentro también a la ciudad. Al servicio de su dinamismo, traído a Roma por los apóstoles Pedro y Pablo, nuestros hermanos Andrea, Stefano, Marco y Alessandro serán ordenados al episcopado. Es una fiesta del pueblo, porque ellos provienen de este pueblo y del presbiterio que con amor cuida de él.


Nuestra comunidad diocesana se reúne hoy en la invocación del Espíritu Santo, que ungirá a los nuevos obispos, para que se consagren plenamente al servicio del Evangelio de Cristo. Él es la piedra rechazada que, «elegida por Dios», se ha «convertido en piedra angular» (1 P 2,4.7; cf. Sal 118,22).


A los primeros cristianos esta metáfora, tan familiar por estar presente en un salmo, debió parecerles particularmente reveladora. El Mesías Jesús había sido rechazado no solo porque no había sido reconocido como Hijo de Dios, sino, antes aún, por haber asumido la condición de criatura, entendida como indigna de Dios. Fiel a este camino de amor misericordioso, Él salía en busca de las ovejas rechazadas, se sentaba a la mesa con ellas, desarmaba las manos y los corazones que querían lapidarlas. De este modo, como dice el Evangelio proclamado en esta liturgia, el Hijo mostró el rostro del Padre: en Él se cumplen sus obras. «¿Felipe, hace tanto tiempo estoy con ustedes y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo puedes decir: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí?» (Jn 14,8-9).


Iglesia que vive en Roma, la piedra desechada es el corazón del anuncio mesiánico, frente a aquellos a quienes la sociedad desechaba y sigue desechando. Es el corazón de nuestro anuncio, de nuestra misión. Hemos visto al Santo tocar al impuro, al Justo perdonar a los pecadores, a la Vida sanar a los enfermos, al Maestro lavar los pies sucios y cansados de sus discípulos.


En esta ciudad, capital del Gran Imperio, la piedra desechada se convirtió en el estandarte de una nueva esperanza, la del Reino de Dios, tal como lo anuncian las Bienaventuranzas y lo canta el Magnificat. Al invertir la lógica del dominio, la de quienes persiguen la insensata ambición de determinar la arquitectura de la Tierra, es en Cristo donde los marginados recuperan su dignidad y se sienten elegidos para el Reino de Dios. «Si no fuera así —dice Jesús a sus discípulos—, ¿se lo habría dicho a ustedes: “Yo voy a prepararles un lugar”? Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes» (Jn 14,2-3).


Queridas hermanas y hermanos, por eso, hasta hoy, se llega a ser piedras desechadas por los seres humanos y elegidas por Dios: cuando con la vida y la palabra nos oponemos a los proyectos que aplastan a los débiles, no respetan la dignidad de cada persona, se sirven de los conflictos para seleccionar a los más fuertes, mientras descuidan a quienes se quedan atrás, a quienes no logran salir adelante, considerando a quienes sucumben como basura de la historia. Jesús caminó entre nosotros como un profeta desarmado y desarmante, y cuando fue rechazado no cambió de estilo.


Y ahora me dirijo a ustedes, queridos hermanos que a partir de hoy serán Obispos Auxiliares de esta Iglesia, cuyo cuidado he recibido como don; a ustedes que, junto con el cardenal vicario, podrán ayudarme a ser reflejo del Buen Pastor para el pueblo romano y a presidir la caridad de todo el santo pueblo de Dios esparcido por la tierra.


Los ánimo a encontrar las piedras descartadas de esta ciudad y a anunciarles que, en Cristo, nuestra piedra angular, nadie está excluido de convertirse en parte activa del edificio santo que es la Iglesia y de la fraternidad entre los seres humanos. En esta imagen resuena el llamamiento de la Exhortación apostólica Evangelii gaudium del Papa Francisco: ser una Iglesia «hospital de campaña», ser pastores de calle, tener en el corazón las periferias materiales y existenciales. Como presbíteros, ustedes han acogido esta invitación, junto con las comunidades parroquiales a las que han acompañado. Ahora llega una nueva llamada, una vocación adicional, que tiene siempre el mismo corazón: nadie, absolutamente nadie, debe considerarse descartado por Dios, y ustedes serán heraldos de esta buena noticia que está en el centro del Evangelio.


Dejen que el Espíritu de profecía actúe en ustedes: no se acomoden en los privilegios que su condición podría ofrecerles, no sigan la lógica mundana de los primeros puestos, sean testigos de Cristo, quien vino no para ser servido, sino para servir (cf. Mc 10,45). Serán profetas en su ministerio si son hombres de paz y de unidad, tejiendo, con hilos de gracia y misericordia, los amplios y poblados espacios de esta Diócesis, armonizando las diferencias, acogiendo, escuchando, perdonando.


No se hagan buscar, háganse encontrar. Y procuren que los presbíteros, los diáconos, las religiosas y los religiosos, las laicas y los laicos comprometidos en el apostolado nunca se sientan solos. Ayúdenlos a reavivar la esperanza en sus diversos ministerios y a sentirse parte de una misma misión. Sepan siempre, incansablemente, motivar a las personas y a las comunidades, recordando con sencillez la belleza del Evangelio.


Que los pobres de Roma, los peregrinos y los visitantes que llegan aquí desde todas partes del mundo puedan encontrar en los habitantes de esta ciudad, en sus instituciones y en sus pastores esa maternidad que es el rostro auténtico de la Iglesia. Que la Salus Populi Romani, Madre de nuestra confianza, nos guíe y nos custodie siempre en nuestro camino.


PAPA LEÓN XIV




Fotos: Vatican Media, 2-5-2026

Santa Misa del V domingo de Pascua, con ordenaciones episcopales, presidida por el Papa León XIV, 2-5-2026


Foto: Vatican Media, 2-5-2026


Camino Católico.- El Papa León XIV ha presidido la Santa Misa en la Basílica de San Juan de Letrán del V domingo de Pascua, este sábado 2 de mayo,, en el cual ha ordenado a cuatro nuevos obispos auxiliares de la diócesis de Roma que él mismo nombró el 25 de febrero pasado: Mons. Stefano Sparapani, Mons. Alessandro Zenobbi, Mons. Andrea Carlevale y Mons. Marco Valenti, procedentes del clero romano . En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.



En su homilía el Papa ha dicho que Jesús “iba en busca de las ovejas rechazadas, se sentaba a la mesa con ellas, desarmaba las manos y los corazones que querían apedrearlas”. Por ello, “al invertir la lógica del dominio, la de quienes persiguen la insensata ambición de determinar la arquitectura de la Tierra, es en Cristo donde los descartados recuperan su dignidad y se sienten elegidos para el Reino de Dios”.

Homilía de Mons. Jesús Fernández, obispo de Córdoba, y lecturas de Misa de hoy domingo, festividad de la Virgen de Araceli, 3-5-2026

3 de mayo del 2026.- (Camino Católico) Homilía de Mons. Jesús Fernández, obispo de Córdoba, y lecturas de Misa de hoy domingo, festividad de la Virgen de Araceli, emitida por 13 TV  desde la parroquia de San Mateo, Lucena, Córdoba

Santa Misa de hoy, domingo, festividad de la Virgen de Araceli, en Lucena, Córdoba, 3-5-2026

3 de mayo de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, domingo, festividad de la Virgen de Araceli, presidida por Mons. Jesús Fernández, obispo de Córdoba, emitida por 13 TV desde la parroquia de San Mateo, Lucena, Córdoba.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 3-5-2026

3 de mayo de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Palabra de Vida 3/5/2026: «Yo soy el camino, y la verdad y la vida» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 3 de mayo de 2026, domingo de la 5ª semana de Pascua, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Juan 14, 1-12:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».

Tomás le dice:

«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:

«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dice:

«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica:

«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre».

Homilía del evangelio del domingo: Amando a Cristo, Él habita en nosotros y nosotros en Él / Por P. José María Prats

* «Tal como dice San Pablo: ‘vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí’ (Ga 2,20): pensamos con la mente de Cristo, sentimos con el corazón de Cristo, obramos las obras de Cristo, hablamos con la voz de Cristo. Nos unimos así al canal a través del cual la Trinidad entera viene a habitar en nosotros: ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él’ (Jn 14,23)»

Domingo V de Pascua – A

Hechos 6, 1-7 / Salmo 32 / 1 Pedro 2, 4-9 / San Juan 14, 1-12

P. José María Prats / Camino Católico.-   En el evangelio de San Juan aparece un concepto clave: el del amor como inhabitación mutua. Cuando amamos a una persona, ella habita de alguna manera en nosotros, quedando prendidos de su forma de pensar, de sentir, de expresarse. Nuestro poeta Pedro Salinas lo describió maravillosamente en su obra La voz a ti debida, en la que narra la historia de una pasión amorosa:

Qué alegría, vivir sintiéndose vivido. 

Rendirse a la gran certidumbre, oscuramente, 

de que otro ser, fuera de mí, muy lejos, me está viviendo (...) 

Que hay otro ser por el que miro el mundo 

porque me está queriendo con sus ojos. 

Que hay otra voz con la que digo cosas 

no sospechadas por mi gran silencio; 

y es que también me quiere con su voz.

Dios es amor y por ello las tres personas divinas se inhabitan plenamente. Así se lo manifiesta Jesús a Felipe en el evangelio de hoy: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí.»

Este concepto nos permite asomarnos un poquito al abismo del Misterio de la Encarnación: Asumiendo la naturaleza humana, el Hijo de Dios se ha hecho «hueso de nuestros huesos y carne de nuestra carne», y a través de esta carne, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos hablan con labios humanos, nos abrazan con brazos de hombre, comparten nuestra alegría y nuestro dolor con nuestro mismo regocijo y nuestro mismo llanto.

La carne de Cristo es el canal que Dios ha abierto entre Él y la humanidad a través del cual el Dios Uno y Trino llega hasta nosotros y nosotros accedemos a Él. Con sus gestos y palabras, esta carne nos manifiesta al Padre (Jn 1,18: «A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer»). A través de ella, la vida eterna, que tiene su origen en el Padre, llega hasta nosotros: (Jn 6,51: «El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo»). Ella es el canal por el que el Espíritu Santo se derrama sobre los creyentes (Jn 20,22: «Sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid al Espíritu Santo”»). 

La esencia de la vida cristiana es que, amando a Cristo, Él habita en nosotros y nosotros en Él, tal como dice San Pablo: «vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2,20): pensamos con la mente de Cristo, sentimos con el corazón de Cristo, obramos las obras de Cristo, hablamos con la voz de Cristo. Nos unimos así al canal a través del cual la Trinidad entera viene a habitar en nosotros: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él» (Jn 14,23).


El Reino de Dios, de hecho, no es otra cosa que esta presencia viva de Dios en cada uno de nosotros que nos constituye en un solo Cuerpo por el amor, un Cuerpo que manifiesta ante el mundo el pensar, el sentir y el obrar de Dios: «Como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17,21).


P. José María Prats

Evangelio: 


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 


«No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino».


Le dice Tomás: 


«Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». 


Le dice Jesús: 


«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto».


Le dice Felipe: 


«Señor, muéstranos al Padre y nos basta». 


Le dice Jesús: 


«¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre».


San Juan 14, 1-12

Creer en Cristo es confiar en Él, vivir en comunidad y servir a los demás / Por P. Carlos García Malo

 


Reza con el Papa León XIV en mayo 2026: «Por una alimentación para todos»

Foto: “Reza con el Papa”, 30-4-2026

* «Señor de la creación, hoy reconocemos con dolor que millones de hermanos y hermanas siguen padeciendo hambre, mientras tantos bienes se desperdician en nuestras mesas. Despierta en nosotros una nueva conciencia: que aprendamos a agradecer cada alimento, a consumir con sencillez, a compartir con alegría, y a cuidar los frutos de la tierra como un don tuyo, destinado a todos, no solo a unos pocos»

Camino Católico.- “Que nadie quede excluido de la mesa común, y que tu Espíritu nos enseñe a mirar el pan no como un objeto de consumo,sino como un signo de comunión y cuidado”, ora el Papa León XIV en su vídeo “Reza con el Papa” del mes de mayo de 2026, en el que invita a interceder con él por una alimentación para todos. El texto íntegro de la oración del Santo Padre es el siguiente:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


Señor de la creación,

Tú nos diste la tierra fecunda y, con ella, nuestro pan de cada día,

como signo de tu amor y providencia.

Hoy reconocemos con dolor

que millones de hermanos y hermanas siguen padeciendo hambre,

mientras tantos bienes se desperdician en nuestras mesas.


Despierta en nosotros una nueva conciencia:

que aprendamos a agradecer cada alimento,

a consumir con sencillez,

a compartir con alegría,

y a cuidar los frutos de la tierra como un don tuyo,

destinado a todos, no solo a unos pocos.


Padre bueno,

haznos capaces de transformar la lógica del consumo egoísta

en una cultura de solidaridad.

Que nuestras comunidades promuevan gestos concretos:

campañas de sensibilización, bancos de alimentos,

y un estilo de vida sobrio y responsable.


Tú que nos enviaste a tu amado Hijo Jesús,

pan partido para la vida del mundo,

danos un corazón nuevo, con hambre de justicia y sed de fraternidad.

Que nadie quede excluido de la mesa común,

y que tu Espíritu nos enseñe a mirar el pan

no como un objeto de consumo,

sino como un signo de comunión y cuidado.


Amén.

León XIV

Mons. Andrew Cozzens, Obispo de la Diócesis de Crookston: «A mi madre el médico le dijo que debía abortar porque el bebé, que era yo, tenía graves malformaciones; la vida siempre es la solución de Dios»

El obispo Andrew Cozzens de la diócesis de Crookston pronuncia un discurso en la clausura de la campaña "40 Días por la Vida" en Moorhead, Minnesota, el 29 de marzo. | Foto: Roxane Salonen - NCRegister

* «Por supuesto lo que esa mujer haría es lo que cualquiera de ustedes haría: simplemente, amar al hijo que Dios nos da. Eso es secundario comparado con la verdad que conocemos: la dignidad de una vida humana.Por eso estamos aquí hoy, orando para que nuestra cultura reconozca la dignidad de la vida humana. Es una dignidad inalienable, decimos, porque proviene de Dios»

Camino Católico.- El 29 de marzo, defensores de la vida en la ciudad de Moorhead, Minnesota, se reunieron para clausurar con canciones y celebraciones la primera campaña de primavera de "40 Días por la Vida" en su área.

El punto central del evento fue un escenario improvisado sobre una plataforma enganchada a una camioneta, en el que se encontraban sentados dos músicos: Tim Mosser, director de la oficina de respeto a la vida de la vecina diócesis de Fargo, en el teclado, y su hijo adoptivo, Romeo, de 8 años, en la batería digital.

Junto con varios testigos locales, que relataron cómo se salvó a un bebé del aborto el primer día de la campaña, y otro posible rescate al final de la misma, se encontraba un invitado especial, distinguido pero humilde, que había venido con palabras de aliento y una historia que provocó un aplauso entusiasta.

“No queremos clínicas de aborto en ningún sitio, pero sobre todo en mi diócesis, ¿verdad?”, dijo Mons. Andrew Cozzens, Obispo de la Diócesis de Crookston, el área sobre la que tiene autoridad espiritual y que había caído en manos del enemigo.

No era su primera visita a la zona. El obispo Cozzens había estado en el mismo lugar, bajo una gran carpa, en una concentración provida el 19 de agosto de 2022.

En ese momento el caso Roe contra Wade había sido revocado apenas unos meses antes, y la única clínica de abortos de Dakota del Norte, la Clínica para Mujeres de Red River, había cerrado sus puertas a principios de mes y se había dirigido al otro lado del río Red, a pocos kilómetros al este, a la ciudad vecina de Fargo, Moorhead, en el estado de Minnesota.

Insistían en que los abortos iban a seguir practicándose en una zona que, de otro modo, ahora ya no tendría más de estos lugares.

Pero los católicos de la zona y los defensores de la vida tenían sus propios planes y, aquella noche de verano, se manifestaron para protestar contra la medida.

Organizado por Pro-life Action Ministries (PLAM), con sede en St. Paul, y encabezado por el líder internacional provida David Bereit, el evento contó con la presencia de otro invitado especial que apareció discretamente entre la multitud: un obispo que acababa de ser nombrado para la diócesis.

Esa noche, el obispo Cozzens habló con los ciudadanos preocupados y con la multitud, compartiendo sus reflexiones sobre lo que significarían estas recientes decisiones y medidas. Su regreso a la zona cuatro años después era significativo.

Un giro de 180 grados

El lugar frente a la clínica de abortos, cerca de donde tuvo lugar aquella manifestación en 2022, ahora alberga un centro de ayuda para mujeres embarazadas de Women's Care. Mientras el obispo Cozzens compartía sus reflexiones, se podía ver el letrero rosa del centro detrás de él, testimonio de que, después de todo, el enemigo aún no ha ganado esta batalla.

El National Catholic Register cuenta que al relatar la historia de esa calle sin salida, el obispo Cozzens dijo: "Realmente he sentido el peso de lo que eso significa; que aquí tenemos un lugar en nuestro propio patio trasero, en nuestra propia casa, donde la muerte se considera una solución".

“Sabemos –continuó- que los únicos que se regocijan en eso son los enemigos de Dios. Y no son las personas que trabajan aquí; ellos no son los enemigos de Dios. Son las fuerzas que los influyen. Ese es nuestro único enemigo”.

Y aunque la campaña 40 Días por la Vida ha terminado por ahora, dijo: "La muerte no desaparece, así que seguimos buscando maneras de dedicarnos a la oración y al sacrificio para estar aquí".

Una historia conmovedora

Minutos antes, el obispo Cozzens había compartido una historia que conmovió visiblemente a los presentes. Se trataba de una mujer embarazada que, a las 20 semanas de gestación, fue hospitalizada cuando rompió aguas prematuramente.

“A la mañana siguiente, el médico entró y dijo: ‘Lamento informarle que el niño en su útero está gravemente malformado y creo que deberíamos inducir el parto’, lo que en ese momento habría sido, en la práctica, un aborto”, compartió.

Pero, siendo católica, la mujer dijo que no le importaba si su bebé tenía malformaciones, porque era un regalo de Dios, explicó el médico. “Usted no lo entiende”, replicó el doctor, mientras el obispo comentaba. “Este niño es un fenómeno”. A lo que la mujer respondió: “Usted no lo entiende. Quiero otro médico”.

A partir de ahí, la pusieron al cuidado de un médico jubilado, un especialista, y le ordenaron reposo absoluto. Pero como el tratamiento del nuevo médico no estaba cubierto por su seguro, sugirió que llegaran a un acuerdo con el primero: si el bebé nacía sano, ese médico tendría que pagar la factura, y si nacía con malformaciones, él se haría cargo de todos los gastos.

El niño nació aproximadamente un mes antes de lo previsto, dijo el obispo Cozzens, y, aparte de algunas alergias, estaba completamente sano. “Vayan a buscar al otro médico para que venga a ver a este pequeño”, dijo el nuevo doctor, admirando al recién nacido.

“Quizás ya se han dado cuenta de que ese bebé era yo”, dijo el obispo Cozzens. “Y esa mujer era mi madre”.

Relató que le habían contado esta historia muchas veces a lo largo de su vida, y debido a eso, y a cómo su vida “casi no llega a suceder”, siempre ha sentido un profundo aprecio por el movimiento provida y su importancia.

El "fenómeno" llegó a ser obispo

De hecho, cuando fue nombrado obispo por primera vez en 2013, un titular de periódico decía: "Un fenómeno se convierte en obispo", y se hizo viral, traducido incluso al italiano como "Il mostro diventa un vescovo". "Recibí correos electrónicos de todo el mundo cuando me nombraron obispo", recordó.

“Por supuesto lo que esa mujer haría es lo que cualquiera de ustedes haría: simplemente, amar al hijo que Dios nos da. Eso es secundario comparado con la verdad que conocemos: la dignidad de una vida humana”.

“Por eso estamos aquí hoy, orando para que nuestra cultura reconozca la dignidad de la vida humana. Es una dignidad inalienable, decimos, porque proviene de Dios”.

En esta cultura de la muerte, comentó, la muerte se convierte en una solución aceptable a los problemas, pero la muerte nunca es la solución.

“La vida siempre es la elección de Dios, y siempre la solución de Dios”.

El obispo Cozzens también mencionó la congruencia entre la campaña "40 Días por la Vida" y los 40 días de Cuaresma que acaban de terminar, y cómo "el sacrificio cuaresmal es una imitación del sacrificio de Jesús y sus 40 días en el desierto, donde salió a luchar contra el diablo".

“Este es el lugar donde sabemos que el enemigo tiene mucho poder en el mundo, y por eso venimos aquí para dar testimonio de Jesús y de su vida, para dar gracias por ello y para continuar esa lucha —que Jesús desea— la lucha contra el mal”.

Tras leer el prólogo del Evangelio de San Juan, ofrecer una bendición y una oración final, los músicos continuaron guiando al público en algunas canciones inspiradoras más, con el pequeño Romeo a la batería, ofreciendo con orgullo sus dones al mundo.

Romeo Mosser, de 8 años, toca la batería mientras la música acompaña la clausura de la campaña "40 Días por la Vida" en Moorhead, Minnesota, el 29 de marzo | Foto: Roxane Salonen - NCRegister