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sábado, 17 de enero de 2026

El padre Lucjan Bielas, de 68 años y científico, tenía un cáncer maligno: «Recé la novena al Niño Jesús y pedía: "si te toco todos los días, Señor, si quieres, puedes purificarme; y me sanó»

  

* «Hasta hoy rezo todos los días la novena al Niño de Koleta y, gracias a ella, visito espiritualmente Belén y Nazaret. He comprendido que, a través de la Eucaristía y el cumplimiento de la voluntad de Dios, soy miembro de la Sagrada Familia. Y el culto al Niño Jesús, que antes me parecía infantil, hoy me hace crecer junto con Jesús, en mi relación con Dios Padre, María y José»  

Camino Católico.- Era la primavera de 2020. El padre Lucjan Bielas, de 68 años, activo pastor y científico de la diócesis de Cracovia, notó en sí mismo unos síntomas preocupantes: sangre en la orina. "¿Cómo? ¿Cáncer? Pero si no me duele nada", fue su reacción al escuchar el diagnóstico en la consulta del urólogo. "Hay que extirparlo. Lo mejor es hacerlo mañana, porque cada minuto cuenta", respondió el médico. Aquí su impactante testimonio.

El toque de Dios

El padre Lucjan Bielas sanó de cáncer / Foto: Andrzej Niedźwiedzki

Cuatro días después, ya había sido operado. "G4, es decir, el grado más alto de malignidad", leyó en los resultados de los exámenes histopatológicos y se dio cuenta cada vez más de la gravedad de la situación. En los rostros de los médicos veía preocupación y desesperanza. Era un tipo de cáncer que pronto da metástasis.

"Quizás no temía tanto a la muerte como al hecho de tener que poner aún más en orden mi vida antes de partir, porque el tiempo podía ser corto", dice a Dorota Niedźwiecka en Aleteia. "Y sucedió algo extraordinario. Durante la misa, empecé a darme cuenta de nuevo del significado de las palabras de la oración que el sacerdote reza antes de la comunión".

"Señor Jesucristo, que la recepción de tu Cuerpo y tu Sangre (...) gracias a tu misericordia (...) me proteja y cure eficazmente mi alma y mi cuerpo". Las palabras "y mi cuerpo" resonaban en su cabeza y se tomaba muy en serio que Cristo está realmente presente en el pan y el vino consagrados.

"Si creo que realmente toco el Cuerpo de Cristo, tal como lo tocaban las personas a las que sanó hace siglos, eso significa que Él también puede sanarme a mí", comprendía cada vez más.

Imagen del Niño Jesús

Estatua del Niño Jesús, llamada Koletański, del Santuario de San José en el convento de las benedictinas de clausura en Cracovia, que visitó el padre Lucjan Bielas. A partir de ese momento empezó una novena al Niño Jesús pidiendo la curación del cáncer / Foto: Andrzej Niedźwiedzki

"¿Para qué me necesita Dios siendo sano?", comenzó a preguntarse en sus oraciones. Y descubrió que Dios quería que dirigiera la Pastoral de los Trabajadores Ora et Labora, de la que había decidido ocuparse antes de la pandemia, cuando se jubiló.

A pesar de la pandemia y de la suspensión de las actividades pastorales, decidió seguir adelante. Junto con las personas de la pastoral, visitó el Santuario de San José en el convento de las benedictinas de clausura en Cracovia, que parecía ideal para establecer la obra.

Era el 19 de junio de 2020, festividad del Sagrado Corazón de Jesús. La hermana Ewelina, que les recibió en la puerta, comenzó a hablarles con gran fe de las gracias obtenidas por intercesión de la milagrosa estatua del Niño Jesús, llamada Koletański, que se encuentra en su iglesia desde hace 200 años.

"Padezco un cáncer muy grave, que suele tener un final dramático", compartió el padre Lucjan su problema. Entonces, la hermana, con un rostro sereno, detrás del cual se escondía su fe, le puso en la mano un librito con la novena al Niño Koletański, una botella con agua en la que se había bañado la estatuilla y unas telas.

"La idea del Niño me pareció infantil al principio, pero cuando la muerte te mira a los ojos, uno se aferra a cualquier oración", dice el padre Lucjan. "Empecé a rezar esta novena con seriedad todos los días, y la oración iba acompañada de pensamientos siempre nuevos".

¿Quizás el Caribe?

La novena al Niño Jesús comenzó a asociarse en su mente con el Santísimo Sacramento. "Si te toco todos los días, Señor, si quieres, puedes purificarme", pedía. Las siguientes pruebas mostraron que no había metástasis en el organismo y que en la cicatriz de la primera operación no había rastros de cáncer.

"Estaba limpio, lo que, por supuesto, no significa que no vaya a volver".

Los médicos, sorprendidos por los resultados, renunciaron a la quimioterapia prevista y solo recomendaron un control regular.

"Entonces sentí muy claramente cómo las oraciones de cientos de personas me sacaban del problema", dice. "Satisfecho, fui a la capilla del hospital y pensé: "¿Quizás un viaje al Caribe? ¿Quizás una vuelta al mundo? ¡Disfruta de la vida!". Y casi al mismo tiempo sentí una voz interior que me decía: "Lucek, me estás molestando. Ponte a trabajar, porque te voy a retirar las subvenciones".

Ponte a trabajar

Padre Lucjan Bielas / Foto: Archivo de Joanny Błyszczak

Así, comenzó a desarrollarse la Pastoral de los Trabajadores Ora et Labora, que da forma a la cultura del trabajo. Representantes de diferentes profesiones se reúnen cada mes en el convento de las hermanas bernardinas y encuentran soluciones concretas para el cambiante mercado laboral y en relación con Dios. Abordan el realismo, los retos concretos de la vida...

El padre Lucjan también comenzó a acompañar a grupos concretos: silvicultores, arquitectos, aviadores y... presos. Imparte catequesis para adultos, retiros... Y cada asociación de la que es pastor se basa en las rosas del Rosario Viviente.

"Hasta hoy rezo todos los días la novena al Niño de Koleta y, gracias a ella, visito espiritualmente Belén y Nazaret", dice. "He comprendido que, a través de la Eucaristía y el cumplimiento de la voluntad de Dios, soy miembro de la Sagrada Familia. Y el culto al Niño Jesús, que antes me parecía infantil, hoy me hace crecer junto con Jesús, en mi relación con Dios Padre, María y José”

"¿Cómo funciona?"

El padre Lucjan Bielas tiene una intensa actividad pastoral después de su curación del cáncer / Foto: Archivo de Joanny Błyszczak

El sacerdote explica, "Me di cuenta de que, al crecer, Jesús aprendió todos los comportamientos de la vida cotidiana en casa, de María y José. Observaba cómo hablaban, cómo trabajaban, cómo construían relaciones con los demás. Y luego compartía esa gran sabiduría, como cuando, con 12 años, discutía con los eruditos en el templo. Nosotros solemos fijarnos solo en su actividad pública. Sin embargo, aprendió en casa cómo comportarse en la comunidad de la Iglesia. Y eso es lo que yo también aprendo cada día de la Sagrada Familia".

"Lo que sucedió me cambió por completo", resume el padre Lucjan Bielas. "Y mi trabajo diario, en toda la realidad de la vida, al abordar todos los temas, incluso los más difíciles, es un agradecimiento por estar vivo".

Homilía del evangelio del domingo: Jesús es la Palabra eterna de Dios encarnada, que va delante de nosotros, es previo a nosotros: es nuestro origen, sentido y fundamento / Por P. José María Prats

* «El Bautista, pues, ha dejado hoy bien clara la identidad y misión de Jesús: Él es el Hijo eterno de Dios, por quien todo fue hecho y en quien todo se sustenta, que nos revela con su vida al Padre, y que ha venido al mundo para librarnos del pecado por su sacrificio en la Cruz y para hacernos participar de su plenitud de vida por el don del Espíritu Santo»

Domingo II del tiempo ordinario –  A

Isaías 49, 3.5-6 / Salmo 39 / 1 Corintios 1, 1-3  / San Juan 1, 29-34

P. José María Prats / Camino Católico.-  El domingo pasado celebramos el Bautismo del Señor, en el que Jesús es manifestado a Israel y recibe al Espíritu Santo que le impulsará a llevar a cabo su ministerio de salvación. Pero antes de empezar a relatar este ministerio, la liturgia de hoy nos presenta el testimonio de Juan Bautista sobre Jesús.

Juan había sido enviado para preparar el camino del Señor, llamando a los hombres a la conversión y conduciéndolos hacia Jesús. Y para ello había recibido un profundo conocimiento de la identidad y misión de Jesús. Tras haber vivido la experiencia del Bautismo, en la que profundiza en este conocimiento, Juan da a conocer lo que le ha sido revelado sobre Jesús en cuatro afirmaciones que empiezan con las palabras «éste es...» y que constituyen toda una cristología:

«Éste es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”».

Jesús no es un hombre cualquiera, es la Palabra eterna de Dios encarnada, la Palabra que «existía desde el principio» (Jn 1,1) y «por la cual todo fue hecho» (Jn 1,3). Jesús, pues, va delante de nosotros, es previo a nosotros: es nuestro origen, sentido y fundamento. 

«Éste es el Hijo de Dios».

Así lo manifestó solemnemente la voz del Padre en el Bautismo: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto» (Mt 3,17). Como Hijo, Jesús es pura sintonía y obediencia al Padre, y por ello todas sus palabras y obras manifiestan al Padre: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,9). «A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer» (Jn 1,18).

«Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo».

Es la afirmación más conocida de Juan Bautista sobre Jesús. De hecho, con mucha frecuencia se le representa con un cordero y una cinta donde pone «Ecce Agnus Dei». Frente al judaísmo de su época, que esperaba un Mesías que derrotaría a los enemigos de Israel, Juan Bautista identifica a Jesús con el Siervo de Yahvé profetizado por Isaías, que fue «llevado como cordero al matadero» (Is 53,7), que «soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores» (Is 53,4) y «entregó su vida como expiación» por nuestros pecados (Is 53,10). Jesús llevará a su pleno cumplimiento la figura del cordero pascual, cuya sangre libró a los israelitas de la muerte y cuya carne los fortaleció para emprender el largo viaje hacia la tierra prometida.

«Éste es el que ha de bautizar con Espíritu Santo».

Finalmente, como decíamos el domingo pasado, Jesús es aquel sobre el que desciende y se posa el Espíritu Santo, el cual impulsa su ministerio, lo resucita y colma tras su muerte y se derrama sobre los que creen en Jesús, restableciendo la comunión con Dios perdida por el pecado.

El Bautista, pues, ha dejado hoy bien clara la identidad y misión de Jesús: Él es el Hijo eterno de Dios, por quien todo fue hecho y en quien todo se sustenta, que nos revela con su vida al Padre, y que ha venido al mundo para librarnos del pecado por su sacrificio en la Cruz y para hacernos participar de su plenitud de vida por el don del Espíritu Santo.

Con este conocimiento previo, podremos interpretar debidamente el ministerio de Jesús que a partir de ahora nos irá narrando, domingo a domingo, el evangelio según san Mateo.

P. José María Prats

Evangelio:

En aquel tiempo, vio Juan venir Jesús y dijo:

 

«He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que Él sea manifestado a Israel».


Y Juan dio testimonio diciendo: 


«He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».


San Juan 1, 29-34

Juan el Bautista señala a Cristo y proclama: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» / Por P. Carlos García Malo

 


A Laura, ilustradora, budista, una crisis familiar la sumió en una gran oscuridad interior y clamó: «Dios, no te conozco, pero ayúdame’»; experimentó la presencia viva de Cristo y es católica: «pertenezco a Dios»

Laura, ilustradora, conocida  como lebelauved publica esta imagen en su propio Instagram

* «Solo Dios podía reparar un corazón que estaba más allá de toda reparación humana… Pensé que tenía que ser alguien grande, alguien importante para darle gloria a Dios. Y no. Puedo empezar ahora, tal como soy»     

Camino Católico.- Laura, una joven de 27 años conocida en redes sociales como lebelauved, es una ilustradora que compartió en redes sociales su camino de fe y conversión al catolicismo, un recorrido marcado por el dolor, la búsqueda interior y, finalmente, el encuentro transformador con Jesucristo. Traduce y sintetiza su testimonio Josselin Melara en Desde la fe.

Criada en un hogar vietnamita profundamente budista, Laura pasó gran parte de su infancia y adolescencia convencida de que la iluminación espiritual se alcanzaba a través del budismo, religión que practicó con entrega e incluso con la idea de consagrarse como monja.

Sin embargo, su historia dio un giro dramático cuando, siendo todavía muy joven, su familia se vio golpeada por una grave crisis económica y emocional. La pérdida del empleo de su padre, el deterioro del entorno familiar y la ruptura de los vínculos afectivos la sumergieron en una profunda oscuridad interior.

“Sentía que no había lugar para mí en el mundo”, confiesa Laura. Años de sufrimiento, soledad, pensamientos suicidas, hospitalizaciones psiquiátricas y una constante sensación de abandono marcaron esa etapa de su vida.

En medio de esa noche del alma, Laura comenzó a intuir que algo faltaba. A través de un familiar católico, aceptó por primera vez la invitación a asistir a Misa. Aquel primer encuentro con una Iglesia, especialmente con la imagen de Cristo crucificado, la confrontó con un misterio que no comprendía, pero que despertó en ella una apertura inesperada.

Laura, ilustradora, cuenta su conversión en sus propias redes sociales: Instagram o su canal de Youtube de donde ha sido captada esta imagen

“Era un hombre de tamaño real, con clavos en las manos… me dio miedo”, admite. Sin embargo, también despertó en ella preguntas profundas. “¿Por qué hacen esto?, ¿por qué dicen esto?, ¿cuándo se responde?”. Sin saberlo, como ella misma reconoce hoy, “era Dios atrayéndome hacia Él”.

“No sabía quién era Dios, ni si era real, pero le pedí ayuda. ‘Dios, no te conozco. No sé si eres real, pero mi familia se está cayendo a pedazos. Ayúdame’”, recuerda.

Ese grito sincero del corazón encontró respuesta en la adoración eucarística, donde Laura experimentó por primera vez una cercanía viva con Cristo. Sin entender del todo lo que sucedía, comenzó a percibir la presencia de Dios como algo real, personal y sanador. Aunque su vida seguía marcada por profundas heridas, adicciones y recaídas, Jesús se fue convirtiendo en ese “nuevo amigo” al que se aferraba en medio del caos.

El paso decisivo llegó cuando, tras un retiro con monjas budistas, sintió con claridad una convicción interior: ese no era su lugar. “Pertenezco a Dios”, se dijo a sí misma. Fue entonces cuando inició el proceso para entrar en la Iglesia católica. No fue un camino fácil. Durante ese tiempo, Laura relata haber vivido intensas luchas espirituales, noches de terror y pensamientos oscuros que casi la llevan a renunciar. Aun así, perseveró sostenida por la oración y por la certeza, frágil pero firme, de que Dios no la abandonaría.

En la Vigilia Pascual de 2018, Laura recibió el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Aquel momento marcó un antes y un después: el peso interior comenzó a aliviarse y nació en ella una profunda paz. “Solo Dios podía reparar un corazón que estaba más allá de toda reparación humana”, afirma.

No obstante, la conversión no significó el fin de las pruebas. Laura atravesó incomprensiones dentro de la misma comunidad eclesial, nuevas caídas y una lucha constante por aceptarse y dejarse amar por Dios. Con el tiempo, comprendió que su camino no consistía en ser perfecta, sino en confiar. Que la fe no elimina el sufrimiento, pero le da sentido.

“Pensé que tenía que ser alguien grande, alguien importante para darle gloria a Dios. Y no. Puedo empezar ahora, tal como soy”, asegura. Desde su experiencia, desea usar sus dones para glorificar a Dios y anunciar su misericordia, especialmente a quienes se sienten rotos, indignos o perdidos.

Veronica Daniels, 90 años, tiene 6 hijos, acogió a 18 más, 26 nietos, 51 bisnietos y espera a un tataranieto: «Todos son bienvenidos; somos una gran familia de Dios y Él te lleva por el camino que tienes que recorrer»

Veronica y Len Daniels tienen 6 hijos, acogieron a 18 más, 26 nietos, 51 bisnietos y va a nacer su tataranieto, hablan de fe , amor y acogida / Foto: Kymberlee Gomes - The Catholic Leader

* «Cuanto más amas, más amor tienes… Todo lo que quería era casarme y tener una familia… Cuando nuestras hijas van a tener hijos, siempre les regalo una medalla de San Gerardo Majella [o Mayela]. Cuando no encuentro dónde aparcar, digo 'Bendito San Antonio, encuéntrame un sitio'. A veces me encuentra tres»

Camino Católico.- Veronica Daniels, católica australiana de 90 años, tiene 26 nietos y 51 bisnietos. Habla de su felicidad a Kymberlee Gomes, del Catholic Leader, de Australia, porque asegura que lo que ella siempre quiso era tener familia y crecer con ella.

Pero en diciembre de 2025 le intrigaba algo nuevo (aunque, a la vez, es algo ya vivido): ¡su primer tataranieto!

La enorme familia de Veronica, a la que todos llaman Von, tiene "truco", pero igual que cualquier otra familia numerosa, se construyó sobre la acogida y la generosidad.

Tuvo seis hijos de sangre, pero también fue madre de acogida de otros 18 niños. Dos de ellos incluso tomaron su apellido familiar. Un niño que llegó en adopción con 12 semanas, ahora tiene 47 años.

Uno de los bebés que acogió era una niña de 18 meses con una grave discapacidad. Los médicos dijeron que no viviría mucho... pero acompañó a la gran familia hasta que murió con 28 años.

Creció en familia grande y ve a todos como hijos de Dios

Ella cuenta que la clave de gestionar y acoger a tantos niños fue su convicción de que todos somos hijos de Dios. "Hay suficiente amor en el mundo para todos. Todos son bienvenidos. Somos una gran familia de Dios en este mundo", proclama. Su experiencia repite aquello que decía Madre Teresa de Calcuta: el amor es una de esas cosas que cuanto más das, más tienes. También ella dice que "cuanto más amas, más amor tienes".

Veronica Daniels, de 90 años, en diciembre de 2025, con su bisnieto 51, pero ahora espera una novedad, un primer tataranieto Foto: Kymberlee Gomes - The Catholic Leader

Los hijos de Veronica dicen que ella siempre fue "una persona desinteresada, divertida, enérgica y acogedora", que vivía los valores del Evangelio y "ama como Jesús".

Veronica explica que siendo ella niña, ya vivió en una familia numerosa, alborotadora y acogedora. "Aunque éramos 13 en mi casa, siempre había lugar para uno más", dice, recordando cómo su madre acogió a un niño.

No le interesaba un empleo, solo la familia... y fue enorme

A la joven Von la escuela no le interesaba, y los trabajos que hizo de joven le parecían aburridos. "Todo lo que quería era casarme y tener una familia", recuerda. Y lo hizo... a lo grande.

Con 20 años de edad, se casó con Len, que estaba en la Marina y luego trabajó en telecomunicaciones. Se mudaron unas cuantas veces por su país, Australia.

Von no sólo se volcó en su propia familia, sino que colaboraba con las parroquias o escuelas católicas de su zona. Su hija Cathy explica: "Mamá solía ayudar con la recaudación de fondos, con rifas y bailes, además de la limpieza de la escuela", dice. Y vendía pasteles. Así surgió la primera escuela católica del lugar. Von también era catequista en una escuela pública.

Fe, amor por la vida, espacio en la mesa para más gente

Habla también sobre Von una religiosa, Sandra Lupi, de las Sisters of Mercy, quien alaba su "profunda fe y amor por la vida". "No habría sobrevivido mis primeros años como religiosa joven sin el apoyo y la hospitalidad de Von", explica. Destaca que fue Von quien la enseñó a conducir y que siempre tenía espacio para uno más en la mesa. "Nadie se quedaba con hambre ni sentía que estorbara", detalla.

Boda a los 20 años y momentos familiares de Veronica Daniels / Foto: the catholic leader - cortesía familia daniels

Como si atender la familia no fuera suficiente, sirvió también en el cargo de ministro extraordinario para repartir la Comunión, acompañó en el apostolado funerario y militó en las Conferencias de San Vicente de Paúl (con su intensa actividad caritativa) y la Liga de Mujeres Católicas (CWLA).

En cierto momento, ella misma se vio algo saturada con seis niños menores de seis años. Su receta: "Simplemente sigue adelante, haces lo que tienes que hacer. Dios te lleva por el camino que tienes que recorrer”.

El poder de la oración y los santos que ayudan en familia

Cada día rezaba, y considera que la oración a veces es "lo único que tienes". Su hija Cathy confirma que su madre oraba por todos y a todas horas.

En cierta ocasión Von tenía a una hija grave en la unidad de cuidados intensivos. "Mi esposo tenía una gran devoción por Santa Teresa [de Calcuta]; solíamos rezarle todas las noches. Siempre nos enseñaron que ella te dará lo que quieras: una rosa, pero hay que llevarse las espinas".

Caminaban desde la capilla hacia la habitación del hospital, cuando una rosa cayó frente a ellos. Len la recogió y dijo: "Todo irá bien, tenemos esta rosa". No cayó del cielo, pero fue una señal, dice.

También habla de otros santos que le ayudan en el día a día. “Cuando nuestras hijas van a tener hijos, siempre les regalo una medalla de San Gerardo Majella [o Mayela]. Cuando no encuentro dónde aparcar, digo 'Bendito San Antonio, encuéntrame un sitio'. A veces me encuentra tres”, dice Von.

Con 90 años: cocina, cose, visita ancianos

A sus 90 años aún cocina casi cada mañana. "Se lo regalo a mis nietos porque están trabajando. Preparo espaguetis a la boloñesa, pastel de patata con guisantes, caramelos de mermelada, galletas y pastelitos", enumera Von.

También hace faldas y pantalones para los niños pequeños, se los regala en Navidad. "Me mantengo ocupada. No tengo tiempo para tonterías".

También visita a otros ancianos del barrio y la parroquia, a veces con recados, otras con pasteles. Y aún le queda tiempo para organizar encuentros para tomar el té por la mañana con las amigas y hasta juega al croquet por las tardes (deporte tranquilo en el que se golpean bolas con un mazo para hacerlas pasar por una serie de aros colocados en el césped).