sábado, 14 de marzo de 2026
Margaret Fellker cayó en depresión tras perder a su hijo, pero la Eucaristía le llevó a ayudar a jóvenes en necesidad: «Estoy sorprendida de la bendición de Dios, porque recibí de Él lo que me permitió avanzar»
Margaret Fellker, fundadora de David’s Educational Opportunity Fund. - Foto: Cortesía de IEC2024
* «En la capilla del Santísimo vi pintadas en la pared las palabras que me hicieron saber que pertenecía a ese lugar. Desde entonces, las llevo siempre en mi mente y corazón: 'Venid a mí, los que estáis fatigados y angustiados, y yo os aliviaré'»
Camino Católico.- En medio de la depresión y la desesperanza tras la pérdida de su hijo David en las montañas de Ecuador, Margaret Fellker, fundadora de la ONG caritativa David’s Educational Opportunity Fund, encontró el amor redentor de Dios y despertó en su corazón la misión de ayudar a jóvenes en situación de pobreza.
Originaria de Madison, Wisconsin (Estados Unidos), el viaje de fe de Margaret marcado por la tragedia y un encuentro con Jesús Eucaristía, se transformó en una poderosa fuente de inspiración para muchos en Quito, Ecuador, al desarrollar junto a su esposo una ONG dedicada a apoyar a estudiantes talentosos que enfrentan dificultades económicas.
La pérdida de David
“David era, es y siempre será nuestro único hijo, nacido en 1981. Siempre fue una buena aventura ser su mamá: empezó a leer a la edad de 2 años; era actor adolescente en un teatro de Shakespeare y luego en teatro de improvisación”, cuenta Margaret en una reciente entrevista concedida a ACI Prensa.
Margaret recuerda que, desde joven, su hijo demostró una notable pasión por explorar el mundo y conectar con diversas culturas. A la edad de 17 años, David fue un estudiante de intercambio en Hungría. Su deseo de aprender y experimentar la vida en el extranjero lo llevó a África, donde pasó un mes en Ghana. No se detuvo allí; a la misma edad, comenzó a hacer voluntariado en un barrio hispanohablante en Chicago, donde también comenzó a aprender español.
A lo largo de su vida, David llegó a hablar con fluidez cuatro idiomas: inglés, español, húngaro y alemán. Este amor por el aprendizaje y la conexión lo llevó a Ecuador, donde, como estudiante universitario, decidió pasar un semestre de intercambio en la Pontificia Universidad Católica de Ecuador desde febrero hasta junio de 2002.
Jóvenes ecuatorianos que reciben ayuda de David’s Educational Opportunity Fund. - Foto: Cortesía de David’s Educational Opportunity Fund
La vida de David se apagó repentinamente cuando desapareció cerca de la ciudad ecuatoriana de Zamora en 2002, un suceso que dejó a su madre en un profundo duelo. Ella tuvo que viajar a Ecuador para buscar a su hijo, cuyo paradero es desconocido hasta el día de hoy. Su cuerpo nunca fue encontrado.
“Me encontré solita en Zamora, hospedándome con una familia bondadosa y saliendo cada día con varios policías en la búsqueda de pistas que nos pudieran revelar algo acerca de David”, relata.
La Eucaristía como fuente de consuelo y un nuevo llamado
En esos días oscuros, Margaret encontró refugio en la iglesia local, donde la capilla del Santísimo se convirtió en su lugar de consuelo. “Vi pintadas en la pared las palabras que me hicieron saber que pertenecía a ese lugar. Desde entonces, las llevo siempre en mi mente y corazón: 'Venid a mí, los que estáis fatigados y angustiados, y yo os aliviaré'”, comparte, recordando las palabras de Cristo que la acompañaron en su dolor.
Lo que comenzó como una búsqueda desesperada se convirtió en una revelación de amor. “Recibí un don totalmente inesperado, creativo, de la infinita imaginación divina: una capacidad mucho más amplia que nunca, para amar a cada persona que me extendió la mano en esa situación tan mala”, expresa.
Margaret Fellker - Foto: David’s Educational Opportunity Fund
Esta experiencia transformó su perspectiva sobre el sufrimiento. “Era como un maná y recibí justo lo necesario cada día, cada mañana”, agrega, enfatizando cómo el amor la ayudó a conectarse con aquellos que también sufrían.
Margaret no sólo reflexionó sobre su propia pérdida, sino que también se abrió a las historias de los demás. “Podía acercarme a las otras personas con ese amor, escuchando sus historias con mucho interés. No pude quedarme en mí misma con mi dolor”, insiste.
La fundación de David’s Educational Opportunity Fund
Su camino hacia la sanación la llevó a fundar el David’s Educational Opportunity Fund, dedicado ofrecer apoyo financiero, educativo y emocional a estudiantes de secundaria y universitarios de familias de escasos recursos en Quito. Su objetivo es proporcionar un acompañamiento integral y constante para que estos jóvenes puedan completar su educación y desarrollar plenamente sus talentos, habilidades de liderazgo y cualidades de carácter.
Margaret Fellker y los estudiantes ecuatorianos que forman parte del David’s Educational Opportunity Fund. - Foto: David’s Educational Opportunity Fund
“Fueron dos cosas las que me hicieron inevitable regresar a Ecuador con mi esposo Mike y nuestra hija Rachel en 2003: la bondad de todos que me habían ayudado, y la belleza que había visto. Así que empezamos con una señorita, Gaby Lima, que quería estudiar Ingeniería Ambiental. Luego otra, Verónica Guamba, que quería ser maestra de la educación temprana”, explica.
A lo largo de los años, la organización ha crecido significativamente, y ha apoyado a 24 estudiantes actualmente graduados y 16 estudiantes en curso. “Nuestro trabajo es la alegría mía y de mi esposo, y nos llena la vida con lo que todos necesitamos: un propósito que nos llena la vida con sentido”, subraya.
Finalmente, Margaret reflexiona sobre su viaje, reconociendo que no quiere “que Dios sepa o crea que estoy satisfecha”, sino que desea seguir sirviendo a los jóvenes más necesitados. “Siempre he quedado atónita, sorprendida de la bendición de Dios, porque recibí de Él lo que me permitió avanzar”, concluye.
Andrea Paul: «Nuestro bebé fue sanado del corazón al tocar el corazón de oro de la imagen de Nuestra Señora de Beauraing y convirtió a mi esposo que era protestante en católico»
De izquierda a derecha: Eric y Andrea Paul y su hijo Bruce, quienes han sido bendecidos por la devoción mariana; imagen de Nuestra Señora de Beauraing en los terrenos de la Iglesia Católica de San Bernardo en Talkeetna, Alaska / Foto: cortesía de la Iglesia Católica de San Bernardo en Talkeetna; y familia Paul
* «Como familia, nos arrodillamos frente a la Virgen María y pedimos su intercesión y le contamos las circunstancias y cómo simplemente le estábamos pidiendo a Cristo que haga que nuestro pequeño esté bien y no tenga que someterse a otra cirugía de corazón. Nuestro pequeño Bruce tocó el corazón de la imagen de la Virgen y realmente se podía sentir como si ella estuviera allí con nosotros. Eso fue realmente milagroso en sí mismo. Bruce tocaba el corazón sin que nadie se lo pidiera. No le pusimos la mano encima. Simplemente lo tocó durante un largo tiempo pese a ser un niño pequeño. Estaba fascinado con ese corazón… Parecía como si la Virgen María estuviera ante él allí»
Camino Católico.- Cuando Eric y Andrea Paul llevaron a su bebé Bruce, nacido en septiembre de 2022, a sus primeros controles, el pediatra detectó un soplo cardíaco persistente. Un ecocardiograma reveló que el pequeño tenía un gran orificio en el corazón que requería cirugía.
“Tenía fe en que Dios quería que esto sucediera por alguna razón”, recuerda Andrea al National Catholic Register. “Sin la cirugía, no habría vivido. Eventualmente hubiera muerto de insuficiencia cardíaca congestiva”.
Desde su hogar en el suroeste de Alaska, Andrea voló al Hospital Infantil CS Mott en Michigan para la cirugía a corazón abierto del bebé en febrero de 2023. Eric, que estaba en la Fuerza Aérea, tuvo que permanecer destinado en Alaska.
Bruce no tenía aún seis meses. Durante la operación, los médicos encontraron un segundo orificio. También descubrieron que la válvula mitral del bebé “no estaba colocada correctamente, ya que su corazón estaba estirado más allá de la capacidad de autorreparación de la válvula”, explica Eric, y Bruce necesitaría otra cirugía a corazón abierto cuando tuviera seis o siete años; de lo contrario, moriría de insuficiencia cardíaca congestiva.
Un año después, no hubo mejora en su condición.
En ese momento, “estaba comenzando mi camino con la Iglesia Católica”, dice Eric. Había sido criado como protestante y le habían enseñado a desconfiar de los católicos. “En ese camino reconocí el poder que Cristo le dio a las reliquias de los santos”. En los estudios personales que Eric estaba haciendo, se encontró con el podcast The Exorcist Files , con el padre Carlos Martins, director de Treasures of the Church, y lo escuchó hablar sobre “por qué las reliquias son una teología bíblicamente sólida y por qué funcionan, esencialmente para llevar a la gente a Cristo. Habló sobre el brazo de San Judas que viaja a través de los Estados Unidos”.
Eric quería que Andrea volara a Oklahoma, se quedara con sus padres y esperara a que el brazo de St. Judas llegara a Oklahoma City. Eso resultó imposible para un bebé que había sido sometido a una cirugía a corazón abierto. “Obviamente, Dios no tenía previsto que fuéramos”, afirma Eric. Pero tenía una “sensación persistente”, dice, “como si me estuvieran llamando a hacer algo; sin palabras, sin visiones, nada espectacular, solo una insistencia”.
Fue entonces cuando la hermana de Andrea, Natalie Neff, que vive con su marido Dalton y sus hijos cerca de los Paul, se encontró con un artículo del periódico diocesano, North Star Catholic , sobre una imagen de Nuestra Señora de Beauraing a sólo una hora en coche hacia el norte. Natalie, también madrina de Bruce, le contó a Eric “sobre las apariciones marianas en Beauraing, Bélgica, cómo Nuestra Señora tocó un espino allí, cómo un soldado de la Segunda Guerra Mundial trajo a casa un trozo de ese mismo árbol y su hijo, que estaba enfermo de muerte, se curó milagrosamente”.
El padre Madison Hayes, que bautizó a Bruce dos meses después de que lo asignaran a tres parroquias y dos misiones en esta zona, compartió la historia sobre la imagen de 121 centímetros de Nuestra Señora de Beauraing en los terrenos de la Iglesia Católica de San Bernardo en Talkeetna, que está al pie del Monte Denali, el pico más alto de América del Norte. La imagen fue traída allí en la década de 1980 por el párroco, pero su historia siguió siendo un misterio durante 25 años hasta que un sacerdote que estaba de visita pudo compartir la historia.
El padre Madison Hayes bautiza al bebé Bruce / Foto: cortesía de la familia Paul y el padre Madison Hayes
Esta réplica de Nuestra Señora de Beauraing fue una de varias que se hicieron en Minnesota en 1955 después de la Segunda Guerra Mundial por el soldado estadounidense George Herter, que se había casado con una mujer belga. El padre Hayes explica: “Después de la guerra, su hijo estaba entre los 70 niños que llegaron a Estados Unidos en barco. Todos los niños estaban afectados por el tifus. Su madre, que tenía un trozo del árbol de espino de Beauraing, lo colocó debajo de la almohada del niño. Se curó. Los otros niños murieron. En agradecimiento por la recuperación milagrosa de su hijo, Herter hizo las imagenes y colocó una astilla del árbol de espino de Nuestra Señora en cada una de las réplicas”.
“Definitivamente creo que esta fue María extendiendo su amor maternal hacia mí y nuestra familia”, recuerda Natalie, explicando que la familia quería orar para que “la Virgen María intercediera para que Bruce fuera sanado, como lo hizo con el pequeño hijo del soldado”.
Eric decidió inmediatamente: “Tenemos que ir en familia. Tiene que ser toda la familia”, así que él, Andrea, Bruce, Natalie y Dalton, el mejor amigo de Eric, más los dos perros de los Paul, se pusieron en camino.
“La Virgen María fue un tema de gran controversia para mí porque, cuando yo era niño, los protestantes no la veneraban. La veían como una mujer bendita que era un vehículo para la voluntad de Dios. Y eso es todo”, explica Eric.
Pero debido a todos sus estudios de la fe católica, Eric “definitivamente no desacredita” la intercesión de María y esperaba con ansias su viaje lleno de fe.
En el Santuario
“Recuerdo que todo estaba tranquilo y en paz”, dice Eric sobre su peregrinación, que incluyó oraciones ante la imagen mariana que se encontraba afuera. “Como familia, nos arrodillamos frente a la Virgen María y pedimos su intercesión y le contamos las circunstancias y cómo simplemente le estábamos pidiendo a Cristo que haga que nuestro pequeño esté bien y no tenga que someterse a otra cirugía de corazón. Yo rezaba fervientemente con el resto de la familia, de rodillas”.
Andrea describe cómo “Bruce tocó el corazón de la imagen de la Virgen y realmente se podía sentir como si ella estuviera allí con nosotros. Eso fue realmente milagroso en sí mismo”.
“Bruce tocaba el corazón sin que nadie se lo pidiera”, secunda Eric. “No le pusimos la mano encima. Simplemente lo tocó durante un largo tiempo pese a ser un niño pequeño. Estaba fascinado con ese corazón… Parecía como si ella estuviera ante él allí”.
La experiencia de la familia se remonta a las apariciones de Beauraing. La Virgen María reveló su corazón, iluminado como un corazón de oro rodeado de grandes rayos. Por eso también se la conoce como la “Virgen del Corazón de Oro”.
“Lo primero que dije fue: Alabado sea Jesús y Ave María”, enfatiza Eric. “Todo salió exactamente como Dios quiso”.
Recuerda que poco a poco fueron sucediendo distintas situaciones. Los perros empezaron a comportarse de forma extraña. “El perro mayor saltó sobre la base de la imagen y miró directamente a Nuestra Señora, como lo hace cuando te saluda cuando entras a la entrada de la casa. Sabe lo que es una persona y lo que es una imagen. No salta sobre las imagenes. Pensé: '¿Qué está pasando?'”.
Incluso los perros de la familia Paul reconocieron el carácter especial del santuario ubicado en los terrenos de la Iglesia Católica de San Bernardo en Talkeetna, Alaska / Foto: cortesía de la familia Paul
Andrea admitió que estaba un poco escéptica y que “al principio no tenía la fe que debería tener”, confidencia. “Pero luego, cuando fuimos y rezamos y nos quedamos junto a la imagen, y los perros comenzaron a comportarse como solían hacerlo, y Bear, nuestro perro mayor, actuó como si Nuestra Señora estuviera allí y le estuviera diciendo 'Hola', sentí su presencia y fue realmente milagroso. Obviamente, mi fe cambió en ese momento”, asegura.
Sorprendentemente, los dos perros comenzaron a arrancar la planta local llamada garrote del diablo, que está llena de espinas afiladas alrededor de la imagen de la Virgen. No se detuvieron hasta que limpiaron todo. Andrea revisó sus bocas para ver si estaban lastimados, pero estaban bien.
“Llegamos a la conclusión de que sabían que la Reina del Cielo y de la Tierra estaba presente”, cuenta Natalie Neff.
Post-Peregrinación
El murmullo "fuerte y claro" de Bruce en el corazón desapareció después de rezar en el Santuario de Nuestra Señora de Beauraing. En el siguiente examen médico, se confirmaron los mismos resultados.
“¡Alabado sea Dios y gracias, Virgen María!”, exclama Eric. Bruce se hará un ecocardiograma en marzo de 2025, “donde podremos ver visiblemente los poderes curativos de Cristo con nuestros propios ojos y tener evidencia concreta de este milagro… Su corazón está funcionando bien ahora. El perqueño siempre está corriendo y en movimiento”.
Bruce Paul, feliz y saludable / Foto: Cortesía de la familia Paul
Andrea siente que su hijo Bruce está “curado” pero al mismo tiempo admite estar “como el apóstol Tomás” y espera ver el ecocardiograma el año que viene.
Eric dice que ahora sabe “exactamente por qué Dios no nos permitió ir a esperar la reliquia del brazo de San Judas y nos envió a la Virgen María, debido a mi perspectiva sobre ella en el pasado. Ahora veo cuánta más gracia vino de ella. Me llevó a ella para decirme: ‘Te perdono lo que dijiste’, casi de alguna manera. ‘Voy a interceder por tu hijo’”.
Andrea también cree que “definitivamente hay una conexión entre la historia del soldado de la Segunda Guerra Mundial, especialmente porque Eric está en el ejército. Yo también estuve en el ejército, en la Fuerza Aérea”.
“Desde la curación del hijo de un soldado después de la Segunda Guerra Mundial hasta la curación del hijo de un aviador en el mundo de hoy, la intercesión de Nuestra Señora de Beauraing sigue siendo un signo poderoso de gran esperanza”, dice el padre Hayes. “Pero esta conmovedora historia de Nuestra Señora del Corazón de Oro aún no ha terminado. Recuerden que el mensaje de Nuestra Señora era “convertir a los pecadores”.
El padre Hayes dice sobre Eric: “Fue literalmente necesario un milagro para que su corazón se abriera a la verdad, la belleza y la bondad del catolicismo”. Eric ahora es oficialmente miembro del grupo OCIA en Our Lady of the Lake en Big Lake, Alaska, “y entrará en plena comunión con la Iglesia esta próxima Pascua, si Dios quiere”.
“La conversión es el centro de cada aparición de la Virgen María. A Jesús, a través de María”, añade el padre Hayes. “Si la curación física de Bruce es en verdad un milagro, el milagro aún mayor es la curación espiritual de su padre Eric y su ingreso en plena comunión con la Iglesia Católica”.
“Acercarnos más a nuestra Santísima Madre individualmente y como familia ha sido una verdadera bendición. Nos hemos acercado mucho”, afirma Andrea sobre su experiencia y la de Eric, y agrega que su cercanía con María continúa. “Le rezamos mucho”. Eric lleva la Medalla Milagrosa y reza el Rosario. Andrea continua: “Ambos llevamos su escapulario. Hablamos de ella muy a menudo. Le rezamos. Siempre rezo el Padrenuestro y el Avemaría por la noche con Bruce. He rezado el Rosario. Necesito rezar más. Definitivamente creo en la Virgen María y en su obra, así que no sé por qué era escéptica al principio”.
Eric agrega: “Esto solo me ha atraído más profundamente”.
Andrea aconseja a los padres que se enfrentan a pruebas: “Definitivamente, antes de tomar una decisión, asegúrense de orar por ella. Definitivamente, tengan fe en el poder de Dios y en estas reliquias que son muy fuertes. Crean y tengan una fe firme en que Dios cuidará de ustedes”.
Juliano Cazarré, actor brasileño: «Toqué fondo y acepté a Cristo, interpreté a Jesús en La Pasión de Cristo y me dio fe, fuí a misa y me confesé y un día vino mi esposa y mis hijos y somos católicos»
Juliano Cazarré durante el encuentro nacional de Brasil de la organización Familia Católica, dando testimonio de su conversión, en el mes de marzo de 2025
* «Durante años recé pidiendo: ‘Señor, muéstrame el camino. Si decido por mí mismo, me equivocaré. Pero ya no quiero equivocarme, Padre. Así que, por favor, Dios mío, muéstrame el camino’... Al día siguiente de ir a misa, me fui a confesar. Y desde entonces todo ha sido bello, tanto estudio, tanta fe, tanto amor, tanta gracia. Y un día, mi esposa me dijo: ‘quiero ir a misa contigo’. Y fuimos todos, toda la familia. Y así, el Padre nos trajo a su casa, donde somos amados por Él y por el Hijo, con el fuego de amor del Espíritu Santo. Y cuando llegamos allí, todavía recibimos de él una Madre que nos protege y que toma nuestras oraciones imperfectas con sus santas manos y se las da a su amado hijo, Jesús»
Camino Católico.- En los últimos años, el actor brasileñol Juliano Cazarré ha estado llamando la atención por hablar públicamente sobre su religión y prácticas devocionales.
En su perfil de Instagram, por ejemplo, Cazarré hace transmisiones en vivo rezando el rosario mariano con sus seguidores y siempre está invitando a la gente a rezar, ir a la iglesia y estudiar más sobre religión.
Nacido el 24 de septiembre de 1980 en Pelotas, Rio Grande do Sul, Juliano Cazarré es hijo del escritor Lourenço Cazarré. No creció en una familia católica pues su madre era espírita y su padre agnóstico, pero por "providencia divina" hizo sus primeros estudios en un colegio católico, recuerda en una entrevista para el Podcast SantoFlow.
Se mudó a Brasilia cuando aún era niño, donde se graduó en Artes Escénicas por la Universidad de Brasilia (UnB). Comenzó su carrera en el teatro y, posteriormente, destacó en el cine y la televisión. Entre sus trabajos más notables se encuentran las películas «Tropa de Elite» (2007) y «Boi Neon» (2015), además de las telenovelas «Avenida Brasil» (2012) y «Amor de Mãe» (2019).
Después de casi 30 años alejado de Dios, la vida del destacado actor brasileño Juliano Cazarré tomó un nuevo rumbo el año 2019, en Pernambuco (Brasil), tras interpretar a Jesucristo en la obra Paixão de Cristo em Nova Jerusalém (La Pasión de Cristo en Nueva Jerusalén).
Esta experiencia fue un hito en su conversión que ya había iniciado en los días previos como narró el año 2021 en el evento artístico Lumine de Brasil...
"Cuando tomé el papel, ya había aceptado a Cristo como mi Señor, como mi Salvador. Por razones personales, creo que toqué fondo. Y para salir de ese pozo, solo pude empezar a salir cuando acepté a Cristo. Quien me ayudó fue un amigo, que es surfista en Río de Janeiro y vivía cerca de mi casa. Él se quedó conmigo por una noche que fue la más oscura de mi vida. Y me llevó a Cristo vivo esa noche. Fue un momento en el que estuve seguro de que el Señor Jesús estaba conmigo. Fue mi momento de conversión. Y a partir de entonces volví a mis oraciones de infancia, de adolescencia. Recé a Jesús y a Nuestra Señora. Pero todavía no estaba en la Iglesia, no estaba en la Iglesia Católica, así que no tenía el conocimiento de la fe".
Tras su conversión, Cazarré comprendió la necesidad de profundizar en las verdades de la fe, la teología y la doctrina de la Iglesia católica. Además de prepararse para el papel de Cristo, tras la actuación, el actor comenzó a estudiar los Evangelios y otros temas relacionados con la religión católica. Comenta:
“No tenía un conocimiento profundo de los Evangelios. Así que, para prepararme para el papel de Jesús, leí los Evangelios Sinópticos. Luego revisé los pasajes de la vida de Cristo, entendí de qué trataban y pensé en cómo lo haría. Aunque tenía muy pocos conocimientos de teología en ese momento, creo que si lo estuviera haciendo hoy, haría algunas cosas de manera diferente. Porque ni siquiera sé hasta qué punto sabía que Jesucristo era Dios. No sé si tenía esa noción cuando fui a hacerlo. Y no sabía nada sobre el dogma de la Inmaculada Concepción. No entendía el misterio de la Trinidad. Pero fui de todos modos. Con el corazón abierto, feliz de ir. Porque era algo que pedí que sucediera en mi vida”, asegura.
Reflexiona en voz alta sobre su proceso de conversión así: “Entonces, me preguntaste si interpretar a Jesús aumentaba mi fe. No. No aumentó mi fe. Me dio fe. No tenía fe. Fue el hecho de haber ido a interpretar a Jesús en La Pasión de Cristo, en Nueva Jerusalén, en Pernambuco, lo que me dio fe. Eso me llevó a la fe y lo que me llevó a la iglesia, ¿sabes? Investigar la tradición, la doctrina, la teología y todo lo demás…
Y explica cómo llegó a la Iglesia Católica: “Y allí, funciona así: vas en octubre, más o menos, grabas un material promocional, que sirve para vender la obra al año siguiente, y luego regresas, en Pascua, para representarla. Durante ese descanso, me convertí, volví a la Iglesia. Después de grabar allí, pensé: ‘¡Guau! ¡Tengo muchísimas ganas de ir a misa!’. Y luego fui a misa un domingo. El lunes, estaba en la iglesia y pedí confesarme. Entonces me di cuenta de que no estaba casado, que necesitaba casarme en la iglesia. Así que empecé a ir a todas las misas. No falté ningún domingo. Al poco tiempo, vino mi esposa, nos casamos y todo sucedió”.
Casado por lo civil con Letícia Cazarré desde 2011, la pareja tiene seis hijos: Vicente, Inácio, Gaspar, María Magdalena, María Guilhermina y Estêvão. Todos ellos fueron tocados por la conversión de Juliano. "Un día, mi esposa me dijo: 'quiero ir a misa contigo'. Y fuimos todos, toda la familia".
Juliano Cazarré y su esposa Leticia con sus seis hijos
Así, en 2020, tras su conversión, Juliano y Letícia recibieron el sacramento del matrimonio en la Iglesia Católica, reafirmando su compromiso con la fe y la familia. Su testimonio sirvió de inspiración para muchos fieles presentes, poniendo de manifiesto que la búsqueda de Dios puede transformar vidas personales y familias.
Al entrar en contacto con la tradición, la doctrina, la teología y las prácticas de la Iglesia en su conjunto, Cazarré comenzó a descubrir la gran riqueza del catolicismo brasileño. Empezó a investigar la historia de los santos brasileños y la vida cotidiana de las personas piadosas.
En este proceso, Cazarré decidió profundizar en el fenómeno de la santidad en Brasil. Durante el Efecto Lumine, al hablar de la historia de San José de Anchieta, el actor declara: “Tras conocer la historia de San José de Anchieta, conseguí otro santo al que ser devoto. Y estoy seguro de que allá arriba, en el cielo, él sigue deseando lo mejor para Brasil. Él está allí diciendo: "Lo lograrán, hijos míos. No dejen de rezar, no se rindan. La semilla que planté sigue aquí". Sabemos que Brasil tiene muchos problemas; es un país violento y corrupto. Por otro lado, es uno de los mejores países del mundo para vivir. El caos brasileño podría ser mucho peor, pero no lo es. Porque Brasil es un país entregado a Cristo desde el principio.
Incluso con todos los tropiezos de estos 500 años de historia, hay algo muy sólido que se plantó hace mucho tiempo y que permanece vivo en el corazón del pueblo brasileño. Y está brotando de nuevo, está renaciendo. En los últimos años, hemos visto conversiones donde menos las esperábamos. Y cada vez llega más gente. Este movimiento está creciendo, es notable. Y creo que debemos tener mucha confianza en la intercesión de San José de Anchieta”.
Esta investigación sobre los santos brasileños culminó en la producción de una serie original dirigida por Cazarré en colaboración con Lumine: O Brasil de todos os santos (El Brasil de Todos los Santos).
A comienzos del año 2025, en Campina Grande (Pernambuco, Brasil), durante el encuentro nacional de la organización Familia Católica, dio testimonio de su conversión y convocó a los hombres a liderar un "ejército de María" en sus familias, subrayando que la fe renovada había aportado una nueva perspectiva a su matrimonio y a la educación de sus hijos.
Juliano Cazarré explicando su conversión a Cristo a familias brasileñas
Como colofón a este testimonio volvemos a cuando el actor dio en redes sociales su primer testimonio de conversión, en un mensaje navideño en 2019 en que decía:
“Durante años recé pidiendo: ‘Señor, muéstrame el camino. Si decido por mí mismo, me equivocaré. Pero ya no quiero equivocarme, Padre. Así que, por favor, Dios mío, muéstrame el camino’. Y un día respondí en una entrevista: no sé por qué mi sueño era interpretar a Jesús en Nova Jerusalém. Y así sucedió”, dijo Cazarré en la publicación.
El actor también explicó que le pedía a Dios que le mostrara el camino correcto cuando deseaba ir a misa. Y así, 20 años después de la última vez que él había participado en la celebración eucarística, volvió a la Iglesia:
“Al día siguiente a la misa, me fui a confesar. Y desde entonces todo ha sido bello, tanto estudio, tanta fe, tanto amor, tanta gracia. Y un día, mi esposa me dijo: ‘quiero ir a misa contigo’. Y fuimos todos, toda la familia. Y así, el Padre nos trajo a su casa, donde somos amados por Él y por el Hijo, con el fuego de amor del Espíritu Santo. Y cuando llegamos allí, todavía recibimos de él una Madre que nos protege y que toma nuestras oraciones imperfectas con sus santas manos y se las da a su amado hijo, Jesús”.
Alfonso del Corral, médico deportivo, se encontró con Cristo Resucitado tras la trágica muerte de un hijo
Camino Católico.- Alfonso del Corral fue un conocido jugador del equipo de baloncesto del Real Madrid, que actualmente ejerce como médico deportivo. Alfonso vivió siempre en casa la fe católica. Era una fe, como la de tantos, un poco de «tradición», y no una fe vivida profundamente. Se entregaba totalmente a su trabajo, a su familia, luchando por los valores humanos de la lucha, la entrega, la honradez, el esfuerzo…, pero solamente rezaba si tenía algún problema.
En la juventud, comenzó a jugar al baloncesto como una forma de desahogo. Poco a poco, se fue enamorando de este deporte y toda su vida se centró en el baloncesto y en el triunfo.
Se casó y tuvo 5 hijos, el tercero de los cuales se llamaba «Álvaro», un niño muy bueno que acaparó un especial cariño de su padre. Alfonso nos cuenta cómo la trágica muerte de este hijo le llevó a descubrir a Cristo Resucitado. Explica su testimonio en el programa “Cambio de Agujas” de H.M. Televisión, que puede verse en el vídeo que ofrecemos.Jason Blakely era ateo, lector de Nietzsche y Heidegger, le sacudió el amor y Cristo: «Si entras en relación con Dios, misteriosamente se te ofrecerá la fe. Solo necesitas la humildad de acercarte y pedir»
Jason Blakely, profesor de Filosofía Política, a quien siendo ateo le sacudió el amor de Cristo
* «La misa arraigaba en mi carne y mis huesos. Las palabras volvían a mi lengua: Dios de Dios, luz de luz... Como Pascal había señalado, la práctica puede preceder a la creencia»
Camino Católico.- Jason Blakely es profesor de Políticas en la Universidad Pepperdine (Malibú, California). Ha escrito libros influyentes como We built reality y Lost in ideology. Fue durante muchos años ateo, entre el nihilismo y el existencialismo. Leía mucha filosofía y se consideraba un valiente frente al Vacío, un héroe ante un mundo sin sentido.
Empezó a cambiar cuando reflexionó sobre el amor, pensando en el amor de su novia, perseverante. ¡Con amor, el mundo tiene sentido! Después le cautivó la honestidad intelectual del filósofo católico Charles Taylor. Y luego, combinando la lectura de Dostoyevsky y los cuatro Evangelios, quedó fascinado por Cristo y su enseñanza.
Ha contado con detalle y buena pluma su evolución intelectual y de fe en la revista America, de los jesuitas de Estados Unidos, a partir de una versión que pronunció en un encuentro académico, y P.J. Ginés lo traduce y sintetiza en Religión en Libertad.
El testimonio de Jason Blakely en la revista America de los jesuitas de EEUU
El nihilismo de los suburbios feos
Blakely usa toda su capacidad literaria para intentar definir esa Nada fea del suburbio donde creció. Piensa que Dostoyevski tiene razón en Los Demonios (o Los Poseídos, o Los Endemoniados): el peor veneno en la vida humana no es la ira sino el aburrimiento.
Esa fue la experiencia de su juventud: un suburbio gris en Colorado, feo, repetitivo, las mismas casas, las mismas tiendas de franquicias. "Era un aburrimiento que contiene el más firme rechazo a la existencia, un aburrimiento burlón, perezoso, orgulloso y lamentable, que mira al ser, a su grandeza brillante, a su novedad inagotable y le dice una sola palabra: no".
Recuerda que a una hora de su casa, en la escuela Columbine, en un suburbio idéntico al suyo, casi clonado, en Littleton en 1999, dos estudiantes mataron a 12 compañeros y se suicidaron. En esa época no estaban acostumbrados a esos tiroteos absurdos, que luego se multiplicarían. "Quizá sentían el mismo veneno impío que corría por nuestras venas", apunta, esa desesperación nihilista.
Ateísmo por hábito
"Mi primer ateísmo no era de convicción. Eso vendría después. Era un hábito, un estilo de vida, una manera de estar en el mundo, el sentimiento de una ausencia. Mi increencia tenía la ventaja de mirar a la realidad sin locas conjeturas metafísicas y aditivos innecesarios. No era un ateísmo muy militante, incluso apático", detalla.
"Mi padre podía ser un fiero crítico de la religión organizada, particularmente del cristianismo, pero no era ateo. Me enseñó a ver en la naturaleza una dimensión espiritual profunda, de excursión por las montañas, y a admirar la búsqueda artística en la contracultura", escribe. Su madre era católica y le llevaba a misa los domingos. Pero Blakely siempre fue escéptico en todo lo espiritual, "para mí era un engaño, desde los cristianos evangélicos a los hippies New Age".
Además, le parecía que los cristianos, por los que conocía, estaban dormidos, inactivos ante el sufrimiento humano y la injusticia, "más aclimatados al mal y a ese mortal aburrimiento".
El vacío palpable
En la escuela secundaria, Blakely conoció a Lindsay, su novia. Cuando la conoció, Blakely ya llevaba 2 años sin ir a misa con su madre y sin recibir los sacramentos, excepto ocasionalmente. La misa de Confirmación fue su última misa en más de 10 años.
Jason Blakely en el año 2000, con 18 años, empezando la universidad.
Con 18 años estudió Políticas y Filosofía en en Nueva York. Su profesora de Filosofía proponía el existencialismo y citaba aforismos de Nietzsche "igual que los cristianos citan la Escritura. "Me convencí de que la única visión racional de la existencia es que es absurda. Leí a Camus, Kafka, Sartre, Kierkegaard, y sobre todo a Nietzsche y Heidegger", recuerda.
"Aquí es cuando el vacío por primera vez se hizo palpable, incluso terriblemente real. Era más real que cualquier otra cosa. Era tan vasto, tan abrumador, que quizá anunciaba, sin yo saberlo, un misterio que ninguna mente puede comprender. Si un ateo puede sentir el temor de Dios sin saberlo... creo que esa era mi experiencia", detalla.
En esa época, consideraba que el ateísmo era la opción del que tiene verdadero "coraje intelectual", que el ateo puede "sobrevivir ante la verdad más que otros, el ateo podía mirar más rato al sol terrorífico". Ser ateo era una forma de ser heroico ante la realidad.
Y añade, con cierto humor: "Los que nunca han sido ateos tienen que saber que cualquier cosa en la vida puede significar la muerte de Dios. Eso incluye la familia, las relaciones, la ciencia, la política, la tecnología, la psicología, la naturaleza, tu conciencia... ¡Todo puede ser testimonio del vacío y rendirle homenaje!"
Mientras tanto, su novia Lindsay había estudiado en Boston en una universidad de los jesuitas. Allí también leían a Nietzsche, pero lo acompañaban del Evangelio de Juan y de La Tierra Baldía, el poema de T.S.Eliot de 1922 (Eliot se haría cristiano cinco años después, en 1927).
Jason Blakely en 2003, convencido que un artista crea su propio destino
Escribir, voluntad superior... y colapso
En Nueva York, Blakely trabajaba en una librería de día y leía y escribía horas y horas por las noches. "Decidí ser novelista y poeta. Los artistas crean sus propios significados ex nihilo, como una rebelión contra el vacío. El arte sería mi gran amén de la voluntad creativa ante el vacío de un mundo sin Dios". Incluso pintaba un poco.
Pero colapsó. En octubre de 2005, tras meses de dolores, mareos y agotamiento, Blakely empezó a ir a los médicos. Ellos no encontraban problemas físicos. "Mi cuerpo estaba entumecido: parecía como si me faltara la voluntad de vivir. Yo no sabía qué era una vida buena, más allá de la lucha de la voluntad contra el vacío. La muerte, aunque yo la contemplaba constantemente, era casi inconcebible para mí. Si yo moría ¡moriría conmigo todo lo que es significativo!"
Se dio cuenta de que más que una enfermedad, vivía una caída de significado, "no solo espiritual sino también en mi cuerpo".
Jason y Lindsay en verano de 2005, pocos meses antes del colapso de él
Su novia Lindsey le cuidaba y poco a poco su salud mejoraba.
Emocionado, él le pidió que se casaran. Ella quedó sorprendida. "¿Lo dices en serio?", preguntó. "Sí, en serio". Ella lloró de alegría. Él siempre había dicho que el matrimonio era una convención vacía de la clase burguesa. Pero sufrir, dice, le había enseñado algo distinto: "había belleza en la promesa de acompañar a alguien".
Eso le acercó a otra idea: si había sobrevivido a la 'lucha contra el vacío' y al colapso, no era por ninguna fuerza propia de superhombre nietzschiano, sino por una fuerza exterior a él: el sentido del amor.
Estudiando más Filosofía
En Chicago estudió Filosofía Política. Pero ahora que conocía que el amor da fuerza y sentido, estaban cambiando muchas de sus ideas.
El ateísmo, por ejemplo, parecería bastante creíble si el universo de verdad pudiera explicarse sólo de forma naturalista, con un determinismo inmanente, pero veía que nadie había logrado ni acercarse a probar algo así.
Por otra parte, veía que los humanos una y otra vez descubren significados e historias, y no un vacío.
Él durante años pensó que el cristianismo implicaba ser intelectualmente deshonesto. Pero cambió de opinión en estos años leyendo Una Era Secular, el gran libro de 2007 del filósofo católico Charles Taylor.
"La pregunta filosófica final no era el suicidio, como decía Camus, sino ¿qué historia extrae más sentido de nuestras existencias? La pregunta no es por qué el universo carece de sentido, sino ¿por qué el mundo tiene tanta abundancia de sentido, tan fascinante, que nos deja perplejos? ¡Huye a la esquina más lejana del cosmos, pero no podrás escapar de tu historia!", era lo que ahora pensaba.
Qué es vivir bien: el modelo de Jesucristo
Lindsay y Blakely ahora hablaban mucho sobre matrimonio, amor y lo que significa 'vivir bien'. Y Cristo aparecía más y más en esas charlas.
Cristo era, para ellos, "una persona hermosa cuya vida resuena con la historia de lo que significa vivir bien. Cristo parecía ser la primera persona en la historia que enseñaba que el significado más profundo y fundamental es el amor como don sacrificial de uno mismo". Blakely después sospecharía que Cristo les había acompañado como pareja en su decisión de nunca abandonar al otro, ni en la distancia ni en la enfermedad.
"Empecé a releer a Dostoyevski, junto con los Evangelios, y a insistir en que el cristianismo era la historia más noble imaginable y que ninguna mente humana podría haber pensado algo tan hermoso. La biografía de Cristo en sus cuatro versiones era absolutamente asombrosa, inimaginablemente buena. En su historia estaban sus historias, extrañas parábolas sobre viudas y semillas de mostaza, monedas, ovejas perdidas, odres y perlas, hijos pródigos, ricos y sirvientes".
A partir de cierto momento, Lindsay, empezó a ir a distintas iglesias los domingos por la mañana. "Ella estaba convencida de que la fe necesita una relación con algo o alguien fuera de uno mismo: tú amas a alguien con toda tu persona, no solo tu mente", explica Blakely.
A misa, tras muchos años...
Un día de Cuaresma, fueron juntos a una misa católica. Era la primera de la mañana, había muchos bancos vacíos y parroquianos de pelo blanco. La luz del invierno iluminaba un crucifijo de madera. "Cristo parecía a la vez pesado y ligero, como levitando en la Cruz, con serenidad y dolor congelado", recuerda.
El sacerdote pronunció las palabras iniciales de la misa y Blakely se asombró al notar que su cuerpo reaccionaba con el gesto de la cruz y las respuestas que volvían de su infancia. Esas palabras ahora estaban llenas de contenido, eran muy actuales, reales: "Yo confieso a Dios Todopoderoso, y a vosotros hermanos, que he pecado...".
Blakely intenta definir esa sensación: “era como encontrar a alguien que durante años pensaste que no volverías a ver, y al encontrarlo por sorpresa descubres que es familiar y fascinante”, dice.
Su conversión fue gradual durante un año. Aprender a rezar o arrodillarse golpeaba su orgullo. Una vocecita resonaba en su cabeza: "esto es ridículo, ¿ante qué te arrodillas? Necio, ante una gran nada". Pero él perseveró en la práctica semanas y luego meses y "esa voz del ego empezó a evaporarse en el silencio".
"La misa arraigaba en mi carne y mis huesos. Las palabras volvían a mi lengua: Dios de Dios, luz de luz... Como Pascal había señalado, la práctica puede preceder a la creencia. Si entras en relación con Dios, misteriosamente se te ofrecerá la fe. Solo necesitas la humildad de acercarte y pedir".
La Vigilia Pascual de 2010, Lindsay y Jason Blakely fueron acogidos como católicos en esa parroquia de Santa María Magdalena.

















