Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida dejando a Jesucristo ser quien ocupe el lugar central.
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El cineasta Anthony D’Ambrosio y San Maximiliano Kolbe
* «Recuerdo despertar de esta horrible pesadilla y salir a mi jardín e intentar orar y sentir como si esa parte de mí que creía en Dios hubiera desaparecido por completo. Como si me estuviera acercando a una puerta cerrada Durante esas noches sin dormir, me encontraba, por alguna razón, empezando a meditar sobre la historia de San Maximiliano Kolbe, que cambió su vida por salvar a otro… Cuando no podía realmente creer en Dios o en los milagros, podía creer en el ejemplo de amor que podía entrar en la oscuridad solo para estar conmigo. Creo que eso es lo que necesitan las personas que dudan y que están sufriendo»
Camino Católico.-El director de cineAnthony D’Ambrosio se encontraba lejos de la Iglesia Católica, pero fue el ejemplo de San Maximiliano Kolbe quien lo trajo de regreso a la fe. Este es su conmovedor testimonio.
El 6 de enero de 2024, D’Ambrosio publicó un video contando cómo la historia de este santo impactó en su vida. El testimonio fue compartido en la cuenta de Instagram de “Triumph of the Heart”(Triunfo del corazón), su próxima película.
“Triumph of the Heart” es una película independiente sobre el triunfo de San Maximiliano Kolbe y sus compañeros en Auschwitz, que se estrenó el 14 de agosto de 2025, cuando la Iglesia recuerda a este mártir.
En el video,D’Ambrosio compartió cómo se alejó de la Iglesia y la forma única en que el ejemplo de San Maximiliano Kolbe lo llevó de regreso a la fe.
El director de cine, hijo de Marcellino D'Ambrosio, un "teólogo católico profesional", luchó con la lujuria y la adicción mientras estaba en una relación con una mujer, con quien creía llegaría hasta el matrimonio.
De hecho, D’Ambrosioseñala que durante ese tiempo escuchó al Señor decirle que esta mujer sería su esposa, en una experiencia que él llama la más profunda que jamás haya tenido.
“Mi adicción desapareció. Mis miedos al matrimonio desaparecieron. Mi sentido de vergüenza desapareció y fui sanado, y fue increíble”, agregó.
Antes de comprometerse, D’Ambrosio comenzó a experimentar problemas de salud intensos, tanto mentales como físicos. Esto lo llevó a terminar su relación para poder concentrarse en su salud.
Le llevó más de un año, y durante este tiempo, la mujer con la que pensaba formar una familia se casó con otra persona. Este duro golpe lo hizo cuestionar por completo su fe.
“Estaba experimentando cómo se deshacía mi fe”.
“Recuerdo despertar de esta horrible pesadilla y salir a mi jardín e intentar orar y sentir como si esa parte de mí que creía en Dios hubiera desaparecido por completo. Como si me estuviera acercando a una puerta cerrada”.
En ese momento era ministro de jóvenes, su familia era muy católica y también lo eran sus amigos. Le resultaba increíblemente difícil hablar con otros sobre la pérdida de su fe. Sentía que quienes estaban cerca de él se veían desafiados por su experiencia.
A pesar de que sus amigos hacían todo lo posible por ayudarlo, no tuvieron éxito. En algunos casos, empeoraron la situación.
Sin embargo, hubo un amigo celestial que entró en escena.
“Durante esas noches sin dormir, me encontraba, por alguna razón, empezando a meditar sobre la historia de San Maximiliano Kolbe. La historia del hombre que cambió su vida por salvar a otro”, indicó.
D’Ambrosio continua explicando su encuentro con este poderoso santo.
“Estaba experimentando, de alguna manera, en mi propio sufrimiento, lo que era estar en esa celda con Kolbe. Muriendo de hambre sin esperanza de salvación”.
El director de cine señala que fue profundizando en el papel que San Maximiliano Kolbe desempeñó dentro de su celda en Auschwitz mientras esperaban la muerte. Kolbe inspiró a sus compañeros prisioneros e infundió en ellos la fuerza para luchar por sus vidas.
Kolbe y sus compañeros de celda vivieron durante dos semanas sin comida ni agua. Durante este tiempo, explica D’Ambrosio, Kolbe asumió su sufrimiento.
Este acto de amor “es lo que empezó a darme significado y una base para la fe nuevamente. Cuando no podía realmente creer en Dios o en los milagros, podía creer en el ejemplo de amor que podía entrar en la oscuridad solo para estar conmigo. Creo que eso es lo que necesitan las personas que dudan y que están sufriendo”.
D’Ambrosio cree que aquellos que se encuentran en una situación similar no necesitan apologética, necesitan amor.
“Necesitan sentir el cristianismo junto a ellos, a su lado, sosteniéndolos en su pérdida de sentido”, agrega.
El video concluye con D’Ambrosio destacando su película y señala la parte de la historia de San Maximiliano Kolbe que más lo conmovió.
“La mayoría de las historias sobre San Kolbe terminan con su elección de ofrecerse voluntario para entrar en la celda. Pero nuestra historia comienza allí, mientras San Kolbe lucha por forjar una rebelión de esperanza con otros nueve prisioneros en el lugar más oscuro de la Tierra”, declara el sitio web de la película.
9 de abril de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Santa Misa de hoy, jueves de la Octava de Pascua, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.
9 de abril de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, jueves de la Octava de Pascua, presidida por el P. Heliodoro Mira, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.
9 de abril de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, jueves de la Octava de Pascua, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.
Camino Católico.-Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 9 de abril de 2026, jueves de la Octava de Pascua, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.
Evangelio: San Lucas 24, 35-48:
En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:
«Paz a vosotros».
Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.
Y él les dijo:
«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
«¿Tenéis ahí algo de comer?».
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.
Y les dijo:
– «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
Y le dijo:
– «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».
9 de abril de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.
* «Todos los sacramentos, de forma emitente la Eucaristía, son alimento que hace crecer una vida santa, asimilando cada persona a Cristo, modelo y medida de la santidad. Él santifica la Iglesia, de la cual es Cabeza y Pastor: la santidad es, en esta óptica, un don suyo, que se manifiesta en nuestra vida cotidiana cada vez que lo acogemos con alegría y le correspondemos con compromiso»
Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución Papa León XIV ha hecho en nuestro idioma
* «Tras estas últimas horas de gran tensión para Oriente Medio y para todo el mundo, acojo con satisfacción y como señal de viva esperanza el anuncio de una tregua inmediata de dos semanas. Exhorto a acompañar este tiempo de delicado trabajo diplomático con la oración, auspiciando que la disponibilidad al diálogo pueda convertirse en el instrumento para resolver el resto de situaciones de conflicto en el mundo. Renuevo para todos la invitación a unirse a mí en la Vigilia de oración por la paz que celebraremos aquí en la Basílica de San Pedro el sábado 11 de abril»
8 de abril de 2026.- (Camino Católico).- “La santidad, según la Constitución conciliar, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender hacia la perfección de la caridad, es decir, hacia la plenitud del amor a Dios y al prójimo. La caridad es, de hecho, el corazón de la santidad a la que todos los creyentes están llamados”, ha dicho el Papa León XIV en su catequesis de hoy, 8 de abril, durante la audiencia general, en la que ha abordado los temas de la constitución conciliar Lumen gentium, donde se habla de la vocación universal a la santidad.
León XIV cita a San Pablo VI cuando afirma que todos los bautizados deben “ser santos, es decir, verdaderamente hijos suyos dignos, fuertes y fieles”. Y luego ensalza la vida consagrada, que tiene un “papel decisivo”. Recomienda, a este respecto, considerar la pobreza, la castidad y la obediencia no como prisiones: “Estas tres virtudes no son prescripciones que encadenan la libertad, sino dones liberadores del Espíritu Santo, a través de los cuales algunos fieles se consagran totalmente a Dios”.
Antes de rezar el Padre Nuestro, el Papa celebra la noticia del alto el fuego en Oriente Medio y pide a todas las partes que entablen un diálogo prolongado para poner fin al conflicto. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:
7. La santidad y los consejos evangélicos en la Iglesia
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
La Constitución del Concilio Vaticano II Lumen gentium(LG) sobre la Iglesia dedica todo un capítulo, el quinto, a la universal vocación a la santidad de todos los fieles: cada uno de nosotros está llamado a vivir en la gracia de Dios, practicando las virtudes y conformándose a Cristo. La santidad, según la Constitución conciliar, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender a la perfección de la caridad, es decir, a la plenitud del amor hacia Dios y hacia el prójimo. La caridad es, de hecho, el corazón de la santidad a la que todos los creyentes están llamados: infundida por el Padre, mediante el Hijo Jesús, esta virtud «rige todos los medios de santificación, los informa y los conduce a su fin» (LG, 42). El nivel más alto de la santidad, como en el origen de la Iglesia, es el martirio, «supremo testimonio de fe y de caridad» (LG, 50): por este motivo, el texto conciliar enseña que todo creyente debe estar dispuesto a confesar a Cristo hasta el derramamiento de sangre (cf. LG, 42), como siempre ha sucedido y sucede también hoy. Esta disposición para el testimonio se hace realidad cada vez que los cristianos dejan señales de fe y de amor en la sociedad, comprometiéndose por la justicia.
Todos los sacramentos, de forma emitente la Eucaristía, son alimento que hace crecer una vida santa, asimilando cada persona a Cristo, modelo y medida de la santidad. Él santifica la Iglesia, de la cual es Cabeza y Pastor: la santidad es, en esta óptica, un don suyo, que se manifiesta en nuestra vida cotidiana cada vez que lo acogemos con alegría y le correspondemos con compromiso. A este respecto,San Pablo VI, en la Audiencia general del 20 de octubre de 1965, recordaba que la Iglesia, para ser auténtica, quiere que todos los bautizados deban «ser santos, es decir, verdaderamente sus hijos dignos, fuertes y fieles». Esto se realiza como una transformación interior, por lo que la vida de cada persona se conforma a Cristo en virtud del Espíritu Santo (cf. Rm 8,29; LG, 40).
La Lumen gentium describe la santidad de la Iglesia católica como una de sus características constitutivas, que debe acogerse en la fe, en cuanto se cree que es «indefectiblemente santa» (LG, 39): eso no significa que lo sea de forma plena y perfecta, sino que está llamada a confirmar este don divino durante su peregrinaje hacia la meta eterna, caminando «entre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios» (S. Agustín, De civ. Dei 51,2; LG, 8).
La triste realidad del pecado en la Iglesia, es decir, en todos nosotros, invita a cada uno a emprender un serio cambio de vida, encomendándonos al Señor, que nos renueva en la caridad. Precisamente esta gracia infinita, que santifica la Iglesia, nos confía una misión que debemos cumplir día tras día: la de nuestra conversión. Por eso, la santidad no tiene solamente una naturaleza práctica, como si se pudiera reducir a un compromiso ético, por grande que sea, sino que concierne a la esencia misma de la vida cristiana, personal y comunitaria.
En esta perspectiva, un papel decisivo lo asume la vida consagrada, que se aborda en el capítulo sexto de la Constitución conciliar (cf. nn. 43-47). En el pueblo santo de Dios, esta constituye una señal profética del mundo nuevo, experimentado en el aquí y el ahora de la historia. De hecho, señales del Reino de Dios, ya presente en el misterio de la Iglesia, son aquellos consejos evangélicos que dan forma a toda experiencia de vida consagrada: la pobreza, la castidad y la obediencia. Estas tres virtudes no son prescripciones que encadenan la libertad, sino dones liberadores del Espíritu Santo, a través de los cuales algunos fieles se consagran totalmente a Dios. La pobreza expresa la plena entrega a la Providencia, liberando del cálculo y del interés; la obediencia tiene como modelo la entrega de sí mismo que Cristo hizo al Padre, liberando de la desconfianza y del dominio; la castidad es la entrega de un corazón íntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de la Iglesia.
Conformándose a este estilo de vida, las personas consagradas dan testimonio de la vocación universal a la santidad en toda la Iglesia, en la forma de un seguimiento radical. Los consejos evangélicos manifiestan la participación plena en la vida de Cristo, hasta la cruz: ¡es precisamente por el sacrificio del Crucificado que todos somos redimidos y santificados! Contemplando este evento, sabemos que no hay experiencia humana que Dios no redima: incluso el sufrimiento, vivido en unión con la pasión del Señor, se convierte en una vía de santidad. La gracia que convierte y transforma la vida nos refuerza así en toda prueba, indicándonos como meta no un ideal lejano, sino el encuentro con Dios, que se hizo hombre por amor. Que la Virgen María, Madre toda santa del Verbo encarnado, sostenga y proteja siempre nuestro camino.
Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:
Queridos hermanos y hermanas:
Reflexionamos hoy sobre el capítulo quinto de la Constitución dogmática Lumen gentium, dedicado a la universal vocación a la santidad en la Iglesia, y sobre el capítulo sexto, acerca de la vida consagrada. Según este documento conciliar, la santidad no es un privilegio de unos pocos, sino un don que compromete a todos los bautizados a vivir la plenitud del amor a Dios y a los hermanos. Los sacramentos, especialmente la Eucaristía, son el alimento para crecer en una vida santa, es decir, para configurarse con Cristo en virtud del Espíritu Santo.
Las personas consagradas dan testimonio de esta vocación universal a la santidad de toda la Iglesia siguiendo a Cristo de modo radical, por medio de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia. La pobreza expresa la confianza total en la Providencia, la obediencia tiene como modelo el don de sí que Cristo hizo al Padre y la castidad es la entrega de un corazón íntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de su Iglesia.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a la Bienaventurada Virgen María, Reina de todos los Santos, que interceda por nosotros, para que seamos perseverantes y alegres en el camino de la santidad, dando testimonio cada día de nuestra fe en Cristo resucitado. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.
El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:
Tras estas últimas horas de gran tensión para Oriente Medio y para todo el mundo, acojo con satisfacción y como señal de viva esperanza el anuncio de una tregua inmediata de dos semanas. Solo mediante la vuelta a las negociaciones se puede llegar al final de la guerra.
Exhorto a acompañar este tiempo de delicado trabajo diplomático con la oración, auspiciando que la disponibilidad al diálogo pueda convertirse en el instrumento para resolver el resto de situaciones de conflicto en el mundo.
Renuevo para todos la invitación a unirse a mí en la Vigilia de oración por la paz que celebraremos aquí en la Basílica de San Pedro el sábado 11 de abril.
Finalmente, mis pensamientos están con los enfermos, los recién casados y los jóvenes, especialmente con los escolares, incluyendo a los alumnos de la Escuela Maraini de Rieti. Los animo a que permitan que la luz reconfortante del mensaje de Pascua ilumine sus corazones.