17 de noviembre de 2024.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario, correspondientes a hoy domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.
domingo, 17 de noviembre de 2024
Palabra de Vida 17/11/2024: «Cielo y tierra pasarán, mis palabras no pasarán» / Por P. Jesús Higueras
Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 17 de noviembre de 2024, domingo de la 33ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.
Evangelio: San Marcos 13, 24-32:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.
Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo el cielo.
Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre».
Homilía del evangelio del domingo: Seguir la recomendación de Jesús: «Estad atentos y vigilad, porque no sabéis cuándo será el momento preciso» / Por Cardenal Raniero Cantalamessa, OFM Cap.
* «Debemos cambiar completamente el estado de ánimo con el que escuchamos estos Evangelios que hablan del fin del mundo y del retorno de Cristo. Se ha terminado por considerar un castigo y una oscura amenaza aquello que la Escritura llama ‘la feliz esperanza’ de los cristianos, esto es, la venida de Nuestro Señor Jesucristo (Tito, 2, 13). También está por en medio la idea misma que tenemos de Dios. Los recurrentes discursos sobre el fin del mundo, obra frecuente de personas con un sentimiento religioso distorsionado, tienen sobre muchos un efecto devastador: reforzar la idea de un Dios perennemente enfadado, dispuesto a dar rienda suelta a su ira sobre el mundo. Pero éste no es el Dios de la Biblia, a quien un salmo describe como ‘clemente y compasivo, tardo a la cólera y lleno de amor, que no se querella eternamente ni para siempre guarda su rencor... que él sabe de qué estamos hechos’ (Sal 103, 814)»
En aquellos días…
Domingo XXXIII del tiempo ordinario - B:
Daniel 12, 1-3 / Salmo 15 / Hebreos 10, 11-14.18 / Marcos 13, 24-32
Cardenal Raniero Cantalamessa, OFM Cap. / Camino Católico.- El Evangelio del penúltimo domingo del año litúrgico es el clásico texto sobre el fin del mundo. En toda época ha habido quien se ha encargado de agitar amenazadoramente esta página del Evangelio ante sus contemporáneos, alimentando psicosis y angustia. Mi consejo es permanecer tranquilos y no dejarse turbar lo más mínimo por estas previsiones catastróficas. Basta con leer la frase final del mismo pasaje evangélico: «Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sólo el Padre». Si ni siquiera los ángeles ni el Hijo (se entiende que en cuanto hombre, no en cuanto Dios) conocen el día ni la hora del final, ¿es posible que lo sepa y esté autorizado a anunciarlo el último adepto de alguna secta o fanático religioso? En el Evangelio Jesús nos asegura el hecho de que Él volverá un día y reunirá a sus elegidos desde los cuatro vientos; el cuándo y el cómo vendrá (entre las nubes del cielo, el oscurecimiento del sol y la caída de las estrellas) forman parte del lenguaje figurado propio del género literario de estos relatos.
Otra observación puede ayudar a explicar ciertas páginas del Evangelio. Cuando nosotros hablamos del fin del mundo, según la idea que tenemos hoy del tiempo, pensamos inmediatamente en el fin del mundo en absoluto, después de lo cual ya no puede haber más que la eternidad. Pero la Biblia razona con categorías relativas e históricas, más que absolutas y metafísicas. Cuando por ello habla del fin del mundo, entiende con mucha frecuencia el mundo concreto, aquél que de hecho existe y es conocido por cierto grupo de hombres: su mundo. Se trata, en resumen, más del fin de un mundo que del fin del mundo, si bien las dos perspectivas a veces se entrecruzan.
Jesús dice: «No pasará esta generación sin que todo esto suceda». ¿Se equivocó? No; no pasó de hecho aquella generación; el mundo conocido por quienes le escuchaban, el mundo judaico, pasó trágicamente con la destrucción de Jerusalén en el año 70 después de Cristo. Cuando en el año 410 sucedió el saqueo de Roma por obra de los vándalos, muchos grandes espíritus del tiempo pensaron que era el fin del mundo. No erraban mucho; acababa un mundo, el creado por Roma con su imperio. En este sentido, no se equivocaban tampoco aquellos que el 11 de septiembre de 2001, viendo la caída de las Torres Gemelas, pensaron en el fin del mundo...
Todo esto no disminuye, sino que acrecienta la seriedad del compromiso cristiano. Sería la mayor estupidez consolarse diciendo que, total, nadie conoce cuándo será el fin del mundo, olvidando que puede ser, para cada uno, esta misma noche. Por eso Jesús concluye el Evangelio de hoy con la recomendación: «Estad atentos y vigilad, porque no sabéis cuándo será el momento preciso».
Debemos -considero- cambiar completamente el estado de ánimo con el que escuchamos estos Evangelios que hablan del fin del mundo y del retorno de Cristo. Se ha terminado por considerar un castigo y una oscura amenaza aquello que la Escritura llama «la feliz esperanza» de los cristianos, esto es, la venida de Nuestro Señor Jesucristo (Tito, 2, 13). También está por en medio la idea misma que tenemos de Dios. Los recurrentes discursos sobre el fin del mundo, obra frecuente de personas con un sentimiento religioso distorsionado, tienen sobre muchos un efecto devastador: reforzar la idea de un Dios perennemente enfadado, dispuesto a dar rienda suelta a su ira sobre el mundo. Pero éste no es el Dios de la Biblia, a quien un salmo describe como «clemente y compasivo, tardo a la cólera y lleno de amor, que no se querella eternamente ni para siempre guarda su rencor... que él sabe de qué estamos hechos» (Sal 103, 814)
Cardenal Raniero Cantalamessa, OFM Cap.
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«En aquellos días, después de la tribulación aquella, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y los astros estarán cayendo del cielo, y las fuerzas que hay en los cielos serán sacudidas. Entonces, verán al Hijo del hombre viniendo en las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará a los ángeles, y congregará a sus elegidos de los cuatro vientos, desde la extremidad de la tierra hasta la extremidad del cielo.
»De la higuera aprended la semejanza: cuando ya sus ramas se ponen tiernas, y brotan las hojas, conocéis que el verano está cerca; así también, cuando veáis suceder todo esto, sabed que Él está cerca, a las puertas. En verdad, os digo, la generación ésta no pasará sin que todas estas cosas se hayan efectuado. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mas en cuanto al día y la hora, nadie sabe, ni los mismos ángeles del cielo, ni el Hijo, sino el Padre».
Marcos 13, 24-32
Homilía del evangelio del domingo: Velar con el corazón ardiendo de amor y la inteligencia iluminada por el conocimiento de los signos que Cristo nos ha dado para reconocer su venida / Por P. José María Prats
* «El evangelio de hoy nos habla, pues, de la pasión, muerte y resurrección de la Iglesia, una verdad de fe que el mismo Catecismo de la Iglesia Católica formula con estas palabras tan claras: ‘Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el "misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad’»
Domingo XXXIII del tiempo ordinario - B:
Daniel 12, 1-3 / Salmo 15 / Hebreos 10, 11-14.18 / Marcos 13, 24-32
P. José María Prats / Camino Católico.- ¿Qué significa el comienzo tan enigmático de este evangelio: «después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán»?
Unos versículos más arriba Jesús dice que «esa gran angustia» se producirá cuando «veáis que el ídolo abominable y devastador está donde no debe». Son palabras tan misteriosas que hasta el propio evangelista añade: «procure entenderlo el que lee», pero parecen indicarnos un momento de hegemonía tan grande de las fuerzas del mal («el ídolo abominable y devastador») que su ideología llegará a infiltrarse hasta en la misma Iglesia (el lugar «donde no debe»). Y en estas circunstancias, con una Iglesia abatida, perseguida y con grandes dificultades para proclamar el mensaje evangélico, se producirá un gran oscurecimiento de la verdad: «el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán».
Según este evangelio, será precisamente en ese momento de oscuridad y agonía de la Iglesia cuando aparecerá la luz desbordante de Jesucristo en su venida definitiva para juzgar al mundo: «Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte», y la primera lectura añade: «muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida eterna, otros para ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.»
El evangelio de hoy nos habla, pues, de la pasión, muerte y resurrección de la Iglesia, una verdad de fe que el mismo Catecismo de la Iglesia Católica formula con estas palabras tan claras: «Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el "misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad.» (CEC 675). «La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección. El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal.» (CEC 677).
En la segunda parte del evangelio, Jesús nos invita a estar atentos a estos signos que anuncian su venida definitiva como los brotes de la higuera anuncian la llegada del verano. No se trata de hacer especulaciones sobre la fecha del fin del mundo como han venido haciendo tantos grupos apocalípticos, pues «en cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre». Se trata de permanecer alerta, velando la llegada del Esposo con el corazón ardiendo de amor y la inteligencia despierta e iluminada por el conocimiento de los signos que Él mismo nos ha dado para reconocer su venida.
P. José María Prats
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«En aquellos días, después de la tribulación aquella, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y los astros estarán cayendo del cielo, y las fuerzas que hay en los cielos serán sacudidas. Entonces, verán al Hijo del hombre viniendo en las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará a los ángeles, y congregará a sus elegidos de los cuatro vientos, desde la extremidad de la tierra hasta la extremidad del cielo.
»De la higuera aprended la semejanza: cuando ya sus ramas se ponen tiernas, y brotan las hojas, conocéis que el verano está cerca; así también, cuando veáis suceder todo esto, sabed que Él está cerca, a las puertas. En verdad, os digo, la generación ésta no pasará sin que todas estas cosas se hayan efectuado. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mas en cuanto al día y la hora, nadie sabe, ni los mismos ángeles del cielo, ni el Hijo, sino el Padre».
Marcos 13, 24-32
sábado, 16 de noviembre de 2024
Eduardo Gómez, ex alto directivo de multinacionales, volvió a la Iglesia y le diagnosticaron un cáncer: «Estando en Misa sentí que el Señor me pedía que compartiera mi experiencia de fe en LinkedIn»
Eduardo Gómez, CEO de neddux y experto en consultoría para multinacionales | Foto: Cortesía de Eduardo Gómez
* «Creo que tenemos que ser inteligentes los católicos, y hablar de Dios sin vergüenza, sin complejos. Pero hay que medir y calibrar muy bien cuándo y cómo hablar de Dios. Si te fijas en mis posts, pongo la palabra de Dios, hablo de Dios, hablo de la fe, del Corazón de Jesús, hablo de una serie de cosas, pero en un contexto de enfermedad, en un contexto de realidad, en un contexto en el que la gente se pueda sentir identificada. Cuento mi vida y la importancia que Dios tiene en ella»
Camino Católico.- La historia de Eduardo Gómez, CEO de la productora de cine académico Neddux y experto en consultoría para multinacionales, tomó un giro inesperado en los últimos años tras afrontar el cáncer, retornar a su fe católica y priorizar lo que más ama: su familia.
A pesar de no ser un usuario activo de redes sociales, en una entrevista concedida a ACI Prensa, Gómez cuenta que se sintió impulsado a compartir su vida de fe en LinkedIn tras ser diagnosticado de cáncer linfático en 2022. Unos años antes de la enfermedad, su deseo de pasar más tiempo con su familia, lo había llevado a replantear su vida y volver a la Iglesia, pues hasta entonces había estado enfocado en el éxito profesional.
“Nunca me había planteado usar las redes para la evangelización”, explica Gómez, quien sólo mantenía actividad en LinkedIn para temas laborales. Pero un día, al asistir a la Santa Misa, sintió el llamado a compartir su experiencia: “Sentí que el Señor me pedía que lo compartiera”.
Del éxito en las grandes corporaciones a aceptar la voluntad de Dios
Después de años trabajando en consultoría en multinacionales como Arthur Andersen, Management Solutions, Ernst & Young, PwC o KPMG —donde llegó a ser socio—, decidió crear su propia empresa para tener más tiempo con su esposa y familia.
“Había abandonado mi vida familiar, mi vida matrimonial y mi tiempo con mis hijos. Llegó un momento en que me di cuenta de la tontería que estaba haciendo, y entonces decidí cambiar mi vida profesional para dedicarme más a mi familia”, cuenta.
Fue así que en el 2020 decidió fundar Neddux, una productora de cine académico enfocada en ayudar a las empresas a innovar en la formación online, personalizando mensajes y valores. Además, dos años después, Gómez y su esposa empezaron a formar parte del Proyecto Amor Conyugal, un apostolado nacido en España que ofrece retiros y formación continua a matrimonios sobre la base de la Teología de San Juan Pablo II.
Eduardo y su esposa / Foto: Cortesía de Eduardo Gómez
Sin embargo, cuando todo iba aparentemente bien, en septiembre de 2022, la vida de Gómez dio un vuelco. A sus 48 años recibió la noticia de que padecía un cáncer agresivo en el sistema linfático, extendido en varias partes de su cuerpo. Para un hombre que había dedicado años a cargos de responsabilidad, y que recientemente había iniciado su propia empresa, el diagnóstico fue devastador.
“Imagina la situación: cinco hijos, recién empezado el proyecto de emprendimiento, un sinfín de sueños y toda una vida por delante para disfrutar con mi mujer, familia y amigos”, compartió en LinkedIn.
Durante el tiempo de hospitalización, experimentó una mezcla de miedo y gratitud: “Fue una experiencia dura, porque te entra el pánico mientras pasas de la incertidumbre a la confirmación de la gravedad de la enfermedad, y muy bonita, porque sientes el cariño de tanta gente que te acompaña desde la oración, la caridad, el amor fraterno”, relata.
Esta dura etapa le enseñó a ver su situación desde una perspectiva diferente. Al principio, la pregunta que rondaba su mente era “¿por qué me pasa esto a mí?”, pero con el tiempo entendió que la verdadera cuestión era “¿para qué me pasa esto?”.
“¿Por qué nos cuesta tanto aceptar las cosas ‘malas’ que nos pasan en la vida? ¿Por qué nos asustan? ¿Por qué buscamos la seguridad y el control de todo lo que nos pasa? ¿Por qué nos complicamos la existencia, ya sea en el trabajo, la familia o las relaciones humanas? Da igual el trabajo, el dinero ahorrado, la casa o el coche último modelo que tengamos. Un día nos tocará partir, unos antes y otros después, y todo eso se quedará atrás y no nos servirá para nada”, reflexionó en otro post en LinkedIn.
Y agregó: “Ojalá el día que me vaya pueda presentarme ante Dios como un niño. ¿Será que me he recuperado para tener una segunda oportunidad, seguir aprendiendo y hacer bien los deberes? Puedo asegurar que sí, y estoy en ello”.
El alcance de las publicaciones relacionadas a su fe en LinkedIn
Gómez asegura que, en los dos últimos años, no sólo el cáncer entró en remisión, sino que pudo experimentar “un encuentro muy profundo con Dios”. “El Señor me ha ayudado mucho a crecer personal y espiritualmente”, afirma.
Hace nueve meses, Gómez compartió la primera publicación sobre su historia de transformación en LinkedIn y el resultado fue sorprendente. Su primera publicación tuvo más de 50.000 visualizaciones en muy poco tiempo, y su segunda publicación superó las 150.000. “Ahí me di cuenta de que fue el Señor quien me pidió que compartiera esta experiencia de vida”, asegura.
“Mucha gente me escribió en privado dándome las gracias, amigos me contestaban por WhatsApp, y algunos me pedían que por favor siguiera mandando estos mensajes. Yo creo que fue como una lección que el Señor me decía: ‘Oye, ayuda, escribe estas cosas porque vas a ayudar a mucha gente’”, continuó.
Este alcance refleja que, en un mundo donde muchas veces se comparte sólo el lado exitoso, hablar desde la vulnerabilidad y la fe puede conectar profundamente con los demás. “El 99% de los posts en redes sociales muestran la cara buena, el éxito. Creo que la humildad es un valor ausente en redes sociales”, explicó Gómez.
Desde el primer post, ha publicado varias de sus vivencias en torno a la enfermedad y cómo la fe y su familia le han ido dando la fuerza necesaria para afrontarlo con esperanza.
Goméz considera que cuando un profesional en LinkedIn “ve un post de alguien que habla desde el corazón, reconociendo su debilidad, y además transmite un mensaje de valor, de esperanza, de alegría a pesar de las dificultades, pues eso llama la atención, porque no es muy común”.
“Creo que tenemos que ser inteligentes los católicos, y hablar de Dios sin vergüenza, sin complejos. Pero hay que medir y calibrar muy bien cuándo y cómo hablar de Dios. Si te fijas en mis posts, pongo la palabra de Dios, hablo de Dios, hablo de la fe, del Corazón de Jesús, hablo de una serie de cosas, pero en un contexto de enfermedad, en un contexto de realidad, en un contexto en el que la gente se pueda sentir identificada. Cuento mi vida y la importancia que Dios tiene en ella”, explica.
Joe Jacobs se hizo líder de una banda de punk con consumo de drogas y violencia de pandillas: «Al conocer a mi esposa volvimos a Dios y a la Iglesia Católica y ahora estoy en un grupo de música de alabanza»
Joe Jacobs usa su talento musical para servir a Dios como miembro de la banda Praise Nation del P. Levi Hartle. | Foto: Cortesía de Juliana Lamb.
* «La alabanza es esencial y fundamental, lo que nos une en nuestra fe, reuniéndonos. Experimentamos eso al cantar durante la misa. Una vez que la misa ha terminado y somos enviados a la misión, este fuego arden en nuestro interior, tanto para estar juntos como para actuar por el amor de Dios. Fundamentalmente, estamos hechos para alabar a Dios. De ahí el nombre de la banda: Praise Nation»
Camino Católico.- En su juventud, Joe Jacobs vivió inmerso en la intensa subcultura punk de Pittsburgh, en Estados Unidos. Sin embargo, en 2011 regresó a la Iglesia Católica y, desde entonces, dedica su talento en un ministerio de música a cargo del sacerdote Levi Hartle. Una noche de 2016, mientras Jacobs enseñaba catequesis de sexto grado en la parroquia Holy Apostles en el sur de Pittsburgh, el P. Hartle, el recién nombrado vicario parroquial, apareció inesperadamente.
Era una visita de reclutamiento. Con la bendición del Obispo de Pittsburgh, Mons. David Zubik, el P. Hartle estaba organizando un “Festival de Alabanza”. ¿Estaba Jacobs interesado en participar?
Jacobs pronto descubrió que un Festival de Alabanza no era simplemente un concierto. Se trataba de un encuentro centrado en alabar a Dios a través de la exposición, adoración, bendición y confesiones, todo entrelazado con música que elevaba los corazones.
Pero para que el festival cobrara vida realmente, el P. Hartle necesitaba más músicos para su ministerio de alabanza y adoración, Praise Nation. Y resultó que Jacobs era justo la persona que estaba buscando.
“No conocía al P. Levi. Así que cuando me pidió unirme a una banda, mi primera pregunta fue: ‘¿Por qué yo?’”, recuerda Jacobs en el National Catholic Register. El sacerdote le explicó que una feligrés de la parroquia había hecho la sugerencia. “Según ella, parecía que debía estar en una banda o algo así,” recordó Jacobs, quien mide 1.90 m y tiene una espesa barba negra.
Quizás la feligresa de la parroquia fue guiada por Dios sin saberlo, porque, aunque ni ella ni el P. Hartle lo sabían, Jacobs era músico, aunque probablemente no del tipo que ellos imaginaban. Y sin que él mismo lo sospechara, estaba a punto de descubrir cuánto su música podría acercar a otros a Jesucristo, mucho más de lo que jamás habría pensado.
La verdad era que durante casi 20 años, Jacobs había estado inmerso en la subcultura de Pittsburgh como líder de una banda de punk.
“De adolescente, vi a un primo tocar la guitarra y fue realmente genial. Pero después de una lección, me dijeron que no podían ayudarme, tal vez incluso que era incorregible. Así que básicamente soy autodidacta. Supe de inmediato que, aunque no pudiera leer música, podía escribir canciones”, dice Jacobs, ahora de 44 años.
El músico se sintió atraído por el punk rock, donde dijo haber "encontrado un refugio." Mientras tanto, su hogar verdadero se estaba desmoronando.
“Casi no tuve experiencia con la religión. Fui bautizado y asistí a catequesis, pero fue horrible. Íbamos a la iglesia en Semana Santa y Navidad, pero nunca hablábamos de Dios. Después de la Confirmación, dejé la iglesia”, dice Jacobs.
La “escena” del Punk Rock
A los 16 años, con su vida familiar afectada por el divorcio, Jacobs recurrió a “la escena”, la subcultura underground de Pittsburgh.
“Alguien con una buena familia rara vez termina ahí. A los 17, me echaron de casa. Me sumergí profundamente en la escena”, cuenta.
Jacobs eventualmente formaría cuatro bandas diferentes, todas llenas, asegura, de “angustia y furia”. Eran populares localmente y tocaban en varios lugares, algunos sórdidos y otros más respetables. Una comunidad de seguidores se unió a sus bandas, y Jacobs dijo que todo comenzó sin consumo de drogas o alcohol. Pero esa línea eventualmente se desdibujó con abuso de sustancias y violencia.
“Esos tiempos estaban marcados por altercados con otras bandas, neonazis y pandillas. La mayoría de los lugares donde tocaban las bandas punk estaban en zonas peligrosas. Luego la heroína apareció en la escena. Perdimos amigos. Nuestro batería se suicidó”, relata.
Jacobs eventualmente escapó del underground cuando se mudó a Michigan para trabajar con su padre y convertirse en electricista (hoy, Jacobs es copropietario de King Electric, una empresa local). Pero su experiencia en el underground no sólo le ayudó a perfeccionar sus habilidades para escribir canciones (escribió más de 200), sino que también lo llevó a conocer a su futura esposa, Anna, otra víctima de un hogar roto que se refugió en la escena punk.
“Cuando nos conocimos, fue un momento profundo de Dios. Sabía que ella era la indicada. Cuando tuvimos a nuestro primer hijo, fue un despertar espiritual para nosotros. Cuando nació nuestro segundo hijo en 2011, volvimos a la Iglesia Católica. Nos acercamos con la misma intensidad con la que habíamos entrado en el underground”, sostiene.
La persistencia del P. Hartle
Cuando el P. Hartle le pidió unirse a la banda, Jacobs sintió que tenía buenas razones para rechazar la invitación. Él y Anna, quienes viven en Pittsburgh, no lejos de la casa de su infancia en un suburbio cercano, seguían ampliando su familia (hoy tienen seis hijos). Jacobs trabajaba a tiempo completo, y ambos eran —y siguen siendo— muy activos en la iglesia.
“Le dije al P. Levi ‘no’ al menos 10 veces. Me llamó un par de días después invitándome a una práctica el jueves. Le dije que no podía asistir. Nuestro cuarto hijo estaba por nacer en cualquier momento y yo estaba ocupado en el trabajo. Él dijo: ‘Está bien, te veo el jueves’”, narra.
Jacobs accedió a reunirse con el padre antes. La conversación duró cuatro horas, la mayor parte en oración. Después, Jacobs le dijo a Anna: “El padre Levi realmente ama a Jesús. Voy a quedarme un tiempo y ver qué sucede”.
Jacobs sabía el riesgo que estaba tomando.
“Mis amigos simplemente no podían entender”, dice. Pensaban que era ridículo y una pérdida de tiempo. Se notaba que mis compañeros de banda estaban heridos, diciendo: “Literalmente elegiste esto sobre nosotros”.
“Decirle sí al P. Levi fue lo más ‘punk’ que había hecho. Dejar todo lo que habías construido para seguir a Jesús”, subraya.
Anna admitió que, especialmente al principio, no era fanática de la música de alabanza. “Como ex rockera punk, simplemente no lo entendía. Cuando Joe dijo que se uniría a la banda del P. Levi, le dije: ‘Está bien, pero sabes que me voy a burlar de ti’”, cuenta.
Anna pronto vio un cambio en su esposo. Mientras Jacobs siempre había escrito canciones, ahora su esfuerzo se volvía más intenso.
“Las canciones simplemente le venían a él”, recuerda. “Ahora, cuando una idea venía a Joe, tenía que escribirla de inmediato”.
“Una vez en la mañana, Joe estaba en la ducha cuando una canción se le ocurrió. Continuó orando mientras terminaba de ducharse, pero cuando terminó, no podía recordar lo que había recibido. Nunca lo vi tan nervioso, tan ansioso. Finalmente entendí lo que todo esto significaba para él”.
Jacobs estaba decidido a no permitir que eso sucediera de nuevo.
“Recuerdo una vez que estábamos preparando a los niños para un viaje y a punto de subir al auto. Y Joe dijo: ‘Perdón, Anna, tengo que escribir algo ahora mismo’”, relata Anna.
Hoy, Jacobs lidera Praise Nation y ha escrito más de 100 canciones para el grupo. La banda, integrada por siete miembros voluntarios, practica semanalmente en el Monasterio de San Pablo de la Cruz, una icónica instalación de retiros en el Southside de Pittsburgh. La banda es diversa en edad y antecedentes, pero lo que sus miembros comparten es un amor inquebrantable por Jesús y el deseo de alabar a Dios a través de la música.
“Este fuego que arde en nuestro interior”
Las prácticas comienzan con oración; las sesiones son animadas y felices.
“Soy un defensor de la idea de que la fe es divertida. Dios es divertido. Él hizo la diversión en el mundo. Debería tratarse de disfrutar de Dios, de la vida y de las personas. Mucha alegría proviene de la intensidad del amor”, comenta el sacerdote.
Hoy, Praise Nation comparte su arte tanto en vivo como a través de las redes sociales, incluyendo YouTube, Instagram, Facebook, TikTok, Spotify, Amazon y iTunes. Hasta la fecha, la banda ha tenido más de 80 presentaciones en vivo ante más de 30.000 personas y ha lanzado 62 videos que han alcanzado a más de un millón de espectadores y oyentes. Sin embargo, este no es el verdadero indicador del éxito de Praise Nation.
“Nuestro público es el Señor. Mi objetivo es ver a las personas edificadas en caridad y amor. A medida que continuamos alabando a Dios, ese amor es contagioso y se extiende. No importa si alcanzamos a 10.000 personas o sólo a 10. Si fallamos en alabar a Dios, si lo perdemos de vista, si fallamos en nuestra misión, ese sería el verdadero fracaso”, comenta el P. Hartle.
Para Jacobs, Praise Nation busca construir sobre el fuego que la Misa enciende en las personas.
“La alabanza es esencial y fundamental, lo que nos une en nuestra fe, reuniéndonos. Experimentamos eso al cantar durante la misa. Una vez que la misa ha terminado y somos enviados a la misión, este fuego arden en nuestro interior, tanto para estar juntos como para actuar por el amor de Dios. Fundamentalmente, estamos hechos para alabar a Dios. De ahí el nombre Praise Nation”, concluye.









