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miércoles, 9 de septiembre de 2026

Itzel quedó poseída al practicar la Wicca: «La voz ordenaba que me golpearan y clamé: ‘Me pongo en tus manos, Virgencita’. Fui a Guadalupe y oré a Cristo Rey. He renacido»

 Itzel sufrió una posesión en 2021, gracias al Santuario de Guadalupe pudo sanar y encontrarse con Dios

* «Llegué a la Villa de Guadalupe y me dirigí inmediatamente a Capuchinas, pero no pude estar ahí y me salí. Anduve caminando, pero no podía permanecer en ningún lado. Decidí andar entonces por el jardín de las Bienaventuranzas, me coloqué frente a la estatua de Cristo Rey, me hinqué, me puse a llorar y le dije que me ayudara y que me perdonara…. Ahora voy a la Iglesia todos los domingos y rezo diariamente el Rosario y la Coronilla de la Divina Misericordia… Tiene ya tiempo que mi vida es como un renacer»

Camino Católico.-  Itzel era una joven mexicana que acababa de terminar sus estudios con notas excelentes, había hecho, incluso, un master. Sin embargo, cuando llamaba a las puertas de las empresas, nadie le daba trabajo. En ese ambiente de frustración decidió acudir a hacerse una limpia a un lugar donde hacían wicca (disciplina vinculada con la brujería y el esoterismo).

A partir de ahí, todo se torció. En el establecimiento le hablaron maravillas de esta práctica en la que están presentes elementos de la naturaleza, hadas… A Itzel le gustó tanto lo que ahí se hacía, que quiso quedarse a aprender. El portal mexicano Desde la Fe ha contado su impresionante testimonio.

Algo entró en ella

Poco después de que la joven empezara a conocer más de fondo la wicca, empezó a dedicarse a ella a tiempo completo. Cobraba por leer oráculos, hacia sanaciones, limpias y demás. Económicamente comenzó a irle muy bien. Había encontrado el trabajo y los ingresos que estaba buscando.

Itzel se dedicaría a esta práctica durante más de seis años. Hasta que a finales de agosto de 2021, una madrugada, mientras dormía, sintió que algo se le metía de pronto en el cuerpo. Se levantó, fue a ver a su madre, se lo contó, pero ahí quedó la cosa.

Al día siguiente, Itzel habló con su padre y le dijo que se sentía muy mal, le explicó lo que había pasado durante la madrugada. Su padre no entendía nada, pero creía a su hija, por el estado en el que esta se encontraba. La llevó a una persona que se dedicaba a cosas esotéricas, quien les dio una respuesta tajante: “La chica tiene una posesión demoniaca“.

“Prefiero la luz”

La joven no creyó a esa persona, pero por la noche, estando despierta, su situación empeoró, y empezó a escuchar una voz. Perdió el control de su cuerpo, le daban una especie de ataques epilépticos y arrojaba un vómito blanco y espumoso por la boca.

La voz le decía: “¿Quieres una casa? ¿Quieres un coche? ¿Te gustaría tener mucho dinero?”. Itzel, muy asustada, le respondió que no. La voz, entonces, le volvió a preguntar: “¿Quieres lo que te ofrezco, o prefieres la luz?”. Itzel, que era completamente ajena a las cosas de la Iglesia, le contestó que prefería la luz. La respuesta de Itzel (en maya quiere decir “lucero del atardecer”) no iba a agradar a la voz. La situación se complicó un poco más.

Itzel estando poseída escuchó una voz que le decía: “¿Quieres lo que te ofrezco o prefieres la luz?”

Aquella misma noche, Itzel iba a sentir una auténtica tortura, recibiría patadas por todo el cuerpo. “Deduzco que eran varios los que me pateaban, porque la orden que la voz dio fue: ‘¡Péguenla‘”, comenta la joven. Tras aquella paliza su cuerpo se llenó de moratones. Itzel, atemorizada, tiró todas sus cosas de la wicca: calderos, cartas y todo lo que había comprado.

En las manos de María

Pero, en las siguientes noches, las agresiones iban a ser más violentas. “Sentía que me quemaban, violaban y crucificaban. Las órdenes que daba aquella voz decían: ‘Quemen al pececito‘”, asegura la joven. Itzel cuenta que su madre llegó un día a escuchar esa misma voz.

Itzel recuerda dos noches especialmente difíciles. En una de ellas se puso a rezar, y cuando giró la cabeza vio que había una sombra con cuernos. Cerró los ojos, respiró hondo, volvió a mirar y vio que los cuernos eran como los de uno de los dioses que participaban en la wicca.

En la segunda noche, iba a sentir que la ahorcaban y, mientras eso ocurría, la voz le dijo: “Te voy a matar ahora”. “Pero, esa vez, yo misma le ordené: ‘Sí, mátame’. Me giré para ver un cuadro de la Virgen, que mi madre tenía colgado en la pared, y le dije a Ella: ‘Me pongo en tus manos, virgencita. Si voy a morir ahora, está bien; pero que sea en tus manos’. Y la agresión comenzó a remitir”, relata Itzel.

“¿Para qué le rezas?”

La joven vivía muy cerca del Santuario de la Virgen de Guadalupe, por lo que un día decidió acudir a allí. “Me dirigí inmediatamente a Capuchinas (uno de los templos del complejo), pero no pude estar y me salí. Estuve caminando, no podía permanecer en ningún lado. Decidí, entonces, ir por el Jardín de las Bienaventuranzas, y me coloqué frente a la estatua de Cristo Rey. Me arrodillé, me puse a llorar y le dije que me ayudara, que me perdonara”, comenta.


Itzel visitó el Santuario de la Virgen de Guadalupe pero la posesión no le permitía entrar en ninguno de los templos, aunque allí encontró un sacerdote que la puso en manos de otro que era exorcista

A los pies de Cristo Rey era el único lugar donde Itzel se sentía segura. Sin embargo, estando allí arrodillada, volvió a oír la voz, que le decía: “Tú ya estás del lado del infierno, ¿para qué le rezas a Él?”. Así que la joven le pidió con más fuerza: “¡Ayúdame, por favor!”.

A raíz de aquello, los días siguientes se le pusieron los ojos como si tuviera hepatitis, pero en lugar de amarillo, en rojo. Su padre, preocupado, fue de un lado a otro tratando de conseguir ayuda. Todo era inútil, hasta que le hablaron de un sacerdote que estaba allí mismo, en el complejo de Guadalupe.

“No consigo nada”

Pero, para entonces, Itzel ya no podía dormir, no comía, y la voz le seguía diciendo todo el tiempo “majaderías”. Su padre decidió citarle con el sacerdote que le habían recomendado. La joven acudió y le contó todo lo que le ocurría. “Mientras hablaba con el padre comencé a retorcerme y a vomitar blanco. Así que él me derivó a un exorcista”, explica Itzel.

Cuando la joven se encontró con el segundo sacerdote, este empezó a hacerle preguntas sobre su vida. “Mientras le hablaba de la wicca, el padre corrió hacia a mí y comenzó a rezar. De pronto, ya no supe nada de mí. Cuando reaccioné, me estaba retorciendo”, confiesa. El sacerdote siguió rezando y comenzó a calmarse.

Desde aquel momento, la joven acude regularmente a encontrarse con el sacerdote. “Recuerdo en una ocasión, que iba de camino a verlo, escuché nuevamente la voz, que decía: ‘Estoy siempre peleando con esta y no consigo nada‘”. Aunque siguieron las agresiones por algún tiempo, poco a poco comenzaron a desaparecer.

“Ahora voy a la iglesia todos los domingos, rezo diariamente el Rosario y la coronilla de la Divina misericordia… Mi vida es como un renacer“, comenta. Itzel, a día de hoy, llora de emoción muchas veces al recordar aquellos momentos en el que la imagen de la Virgen, y de su hijo, le salvaron la vida.

Mélissa Kellaou, modelo de 38 años: «Cuando Dios está en el centro, todo resplandece; vemos mejor nuestras tinieblas, pero también nuestro potencial y hay que mantener la mirada fija en Él»

Mélissa Kellaou entró en el mundo de la moda en 2014 / Foto: Sophie Bergeret - Aleteia

* «Nuestra vida tiene sentido. Está hecha para ser entregada. El Señor solo quiere nuestro ‘sí’ y luego nos da la capacidad para nuestros esfuerzos… Con la gracia de Dios, trato de avanzar en mi relación conmigo misma y de ajustar mi perspectiva, de soltar la carga, para vivir de manera auténtica y aceptarme tal como soy»

Camino Católico.-   Mélissa Kellaou, de 38 años, se gana la vida en parte como modelo en París. Profundamente creyente, en su trabajo y en sus compromisos la mueve una búsqueda inagotable de la verdad, siguiendo los pasos de Cristo. Le gusta pasar tiempo en las iglesias parisinas. Acepta con sencillez contar su historia, marcada por una carrera como modelo y una fe sólida en Dios. Se mudó a la metrópoli en 2008 para estudiar idiomas. "Fui a una agencia de modelos mientras estudiaba; no sabía mucho del tema", cuenta la joven a Anne-Sophie Retailleau en Aleteia.

"No fue sino hasta 2014, cuando me mudé a París, que realmente descubrí el ambiente: a medida que iba conociendo gente en mis trabajos como azafata o como figurante, hice contactos y poco a poco empecé a conseguir trabajos". La precariedad del oficio la lleva a multiplicar los trabajos, entre sesiones de fotos, showrooms de las semanas de la moda o incluso pruebas de ropa en una escuela de costura. "Es muy físico y también se necesita fortaleza mental. En esos momentos, cuando estás de pie todo el día frente a tu imagen en el espejo, si no te sientes bien, puede ser difícil. Por eso, cuando tienes a Dios, eso te ayuda".

Cristo siempre en el centro

Mélissa Kellaou en una sesión fotográfica en Toulouse, en 2023 / Foto: Tiphaine Deuff - Aleteia

Su camino espiritual no siguió una línea recta. De niña, no asistía a Misa todos los domingos. Lo mismo ocurrió cuando llegó a la ciudad. Pero varios encuentros, en particular con una amiga modelo y un compañero de cuarto que era seminarista, la impulsaron a profundizar en la sed de verdad que siempre había habitado en ella.

"Todo lo que sé hoy se lo debo a las personas que el Señor puso en mi camino y que se tomaron la molestia de platicar conmigo, de escucharme, de responder a mis preguntas y de amarme", asegura la joven.

Hoy en día, Mélissa no tiene miedo de mostrar lo que para ella es evidente: lo que la impulsa es su amor por Cristo. La relación con Jesús la ayuda a sanar heridas profundas, en particular una baja autoestima que la acompaña desde su más tierna infancia. En este sentido, el modelaje representa un "desafío interior", una oportunidad para "sus miedos".

"Con la gracia de Dios, trato de avanzar en mi relación conmigo misma y de ajustar mi perspectiva, de soltar la carga, para vivir de manera auténtica y aceptarme tal como soy. Cuando Dios está en el centro, todo resplandece; vemos mejor nuestras tinieblas, pero también nuestro potencial".

Para ella, no hay contradicción entre vivir su fe y trabajar en el mundo de la moda. "Desde que me acerqué al Señor, veo aún mejor cuánto se menosprecia el cuerpo en nuestra sociedad y en las relaciones… Por eso, ante cada trabajo que me ofrecen, me tomo el tiempo para discernir y preguntarme cuáles son los valores que realmente voy a defender y transmitir".

Dar testimonio en Instagram

En un entorno donde la apariencia es lo más importante, ella se abre camino y afirma con firmeza que lo esencial está en otra parte. En su cuenta de Instagram, las fotos de sesiones de moda se alternan con citas de santos o versículos bíblicos, que la joven comparte a diario. Una de sus favoritas es de santo Tomás de Aquino: "Es más hermoso iluminar que solo brillar". "Esta frase puede ilustrar el uso que hago de las redes sociales".

Además compartió cómo es la selección de modelos "Hoy en día, las agencias de modelos piden nuestra cuenta de Instagram en el formulario de información. Y es posible que te seleccionen para un trabajo según la cantidad de seguidores que tengas. Debo admitir que esta carrera por los "me gusta" me resulta complicada. Lo que me importa es llegar al corazón de las personas, brindar alegría, consuelo y luz donde falta. Solo Dios sabe quién necesita ver tal video o leer tal frase hoy… trato de sembrar, a mi modesta manera".

Cuando no está frente a la cámara, Mélissa dedica parte de su tiempo libre a servir, participando en su parroquia, en la bienvenida a los fieles y en el coro. Todas estas son cosas que antes la joven no se sentía capaz de hacer. "Nuestra vida tiene sentido. Está hecha para ser entregada. El Señor solo quiere nuestro "sí" y luego nos da la capacidad para nuestros esfuerzos". Aunque no sabe si seguirá mucho tiempo más en el mundo de la moda, su plan para el futuro se resume en una frase: "Mantener la mirada fija en Él". 

Homilía del P. Pedro Luis López y lecturas de la Misa de hoy, miércoles, santa María de la Cabeza, 9-9-2026

9 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Pedro Luis López y lecturas de la Santa Misa de hoy, miércoles de la 23ª semana del Tiempo Ordinario, santa María de la Cabeza, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, miércoles, santa María de la Cabeza, 9-9-2026

9 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, miércoles de la 23ª semana del Tiempo Ordinario, santa María de la Cabeza, presidida por el P. Pedro Luis López, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 9-9-2026

9 de septiembre de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, miércoles, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 9/9/2026: «Ay de vosotros, los ricos» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 9 de septiembre de 2026, miércoles de la 23ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Lucas 6, 20-26:

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:

«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!

¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!

¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».

Adoración Eucarística con el P. Pedro Luis López en la Basílica de la Concepción de Madrid, 9-9-2026


9 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Pedro Luis López, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.


Pidamos al Espíritu Santo el don de discernimiento con un corazón humilde y dispuesto a escuchar / Por P. Carlos García Malo

 


martes, 8 de septiembre de 2026

Papa León XIV en homilía: «Pidámosle a la Virgen María su buen consejo, que acoja la Palabra divina, la conserve en nuestro interior y la traiga a la luz mediante decisiones valientes y sabias de auténtica conversión»

* «Así, como María, también nosotros estamos ‘predestinados a ser conformados a la imagen del Hijo’: por gracia, ciertamente, pero deseando y prefiriendo su camino, sus elecciones, su senda a otros caminos… En Jesucristo, Dios ha elegido las condiciones históricas más humildes y la más humilde de las criaturas para manifestar la originalidad de su Reino, en el que la prepotencia no tiene cabida y la omnipotencia es creación, servicio y cuidado de la vida» 

  

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «Sí, queridísimos, queremos imaginar la paz —ampliar los límites de la comprensión y pintarla en nuestra alma— para reconocer que ya existe, para acogerla y servirla. Es el don de Dios, el soplo del Resucitado, la obra del Espíritu Santo. Dejemos que la paz crezca en nosotros. Brotará en el mundo. Y la Madre del Buen Consejo nos acompañará en esta misión» 

Durante su visita a la Basílica de Nuestra Señora del Buen Consejo, el Papa desveló, antes de celebrar la Eucaristía en vísperas de la Natividad de la Santísima Virgen María, el fresco que lo representa orando ante la venerada imagen mariana. La obra, creada por Marco Innocenzi, forma parte de la tradición de retratos de los Papas que han visitado el Santuario

Camino Católico.-  “Pidámosle a la Virgen María su buen consejo, que acoja la Palabra divina, la conserve en nuestro interior y la traiga a la luz mediante decisiones valientes y sabias, decisiones de auténtica conversión”, ha invitado el Papa León XIV en su homilía de la Santa Misa de la vigilia de la Natividad de la Virgen María, que ha celebrado en el Santuario de la Virgen del Buen Consejo en Genazzano, la tarde del lunes 7 de septiembre de 2026.




En la basílica de Genazzano, bajo la custodia de la orden de San Agustín, donde se conserva la imagen de la Virgen «procedente» de Shkodër, en Albania, el 25 de abril de 1467, y venerada como Madre del Buen Consejo, León XIV, en su segunda visita al santuario mariano, exhorta a pedir a la Madre Celestial que aumente la paz en cada uno y anima a todos a cultivarla.




Y de María, precisa el Pontífice, «aprendemos la inteligencia que conversa con Dios, que plantea preguntas e interpreta los acontecimientos, guardándolos y entrelazándolos en el corazón». Y si el Evangelio de Mateo de ella «menciona su presencia, pero no una sola palabra», hay una importante enseñanza que extraer. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:



SANTA MISA DE LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA


HOMILÍA DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV


Genazzano, Santuario de Nuestra Señora del Buen Consejo

Lunes, 7 de septiembre de 2026



Queridos hermanos y hermanas:


Como recordarán, ya en los primeros días de mi pontificado sentí el deber y un profundo deseo de acercarme a Genazzano, al Santuario de Nuestra Señora del Buen Consejo, quien a lo largo de mi vida me ha acompañado con su presencia maternal, su sabiduría y el ejemplo de su amor por su Hijo, que siempre es el centro de mi fe (Dedicación en el libro de visitas del Santuario, 10 de mayo de 2025). Con alegría estoy de nuevo aquí, para celebrar con vosotros la Vigilia de la Natividad de la Santísima Virgen y para encomendar a María Niña lo que aún nace en esta pobre y magnífica humanidad: frágil como un brote, pero signo de la fidelidad de Dios. Sí, María es el amanecer de un día diferente, de un mundo finalmente liberado del mal. Y aquí estamos, cerca de ella, alrededor del Altar del que nos llega la salvación y nos transforma, hijos en el Hijo. Pidámosle su buen consejo, que acoja la Palabra divina, la guarde en nuestro interior y la traiga a la luz mediante decisiones valientes y sabias, decisiones de auténtica conversión.


Queridos amigos, en este lugar de antigua presencia agustiniana, retomaré las páginas bíblicas que acabo de proclamar con la ayuda de Santo Tomás de Villanueva, fraile agustino y obispo que, dedicando su vida al servicio de los pobres, penetró profundamente en la verdad de la fe. Supo ver la paradoja de la pequeñez de María y, por así decirlo, de su marginalidad, central en la economía de la salvación. Preguntémonos: ¿cómo habrá sido el nacimiento de una niña en tiempos de Joaquín y Ana? Santo Tomás profundiza en el tema: «A menudo he reflexionado», escribe, «y me he preguntado por qué los evangelistas, que hablaron tan extensamente de San Juan Bautista y los apóstoles, nos cuentan tan sucintamente la historia de la Virgen María, que supera a todas las demás en su experiencia y su grandeza personal. ¿Por qué, pregunto, no se nos ha descrito el modo de su concepción, de su nacimiento, de su educación, de sus costumbres, de las virtudes que la adornaban, qué relación humana mantenía con su hijo, cómo se relacionaba con él, cómo vivió con los apóstoles tras su ascensión? Todas estas cosas eran importantes, y los fieles las habrían leído con singular devoción, y habrían complacido al pueblo. ¡Oh, evangelistas, a vosotros os dirijo! ¿Por qué nos habéis privado de tan gran alegría con vuestro silencio? ¿Por qué habéis omitido detalles tan gozosos, tan esperados y tan encantadores?» (Obras Completas VII, 266, 8).


En estas palabras encontramos una importante sugerencia para nuestra fe: una sugerencia importante para nuestra fe: interrogar a la Escritura y a sus autores, debatir con el texto y dialogar con los testigos de la Revelación, como si fueran amigos. En efecto, somos «conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios» (Ef 2,19), y de la misma María aprendemos la inteligencia que conversa con Dios, que hace preguntas (cf. Lc 1,34) e interpreta los acontecimientos, guardándolos y conectándolos en nuestros corazones (cf. Lc 2,19, 51). El Evangelio según Mateo, sin embargo, parece justificar a Santo Tomás de Villanueva con su silencio. Lo hemos oído: relata la presencia de María, pero ni una palabra. 

Sin embargo, el simple hecho de que María esté presente —y el Hijo en ella— mueve toda la historia: la de José y la de toda su casa. La presencia de María provoca una especie de salto en la genealogía, como una novedad inesperada, capaz de modificar no solo las expectativas, sino también los comportamientos previsibles de un hombre. Lo que José escucha, lo que decide y lo que hace, en efecto, es una respuesta a Dios y a la presencia de María, a su absoluta singularidad, que trasciende todo discurso e historia. En María, la salvación encuentra su hogar: ¡Dios está con nosotros!


Nuestro Santo Tomás escribe además: «Pues bien, respecto a estas reflexiones mías a las que me referí, sobre por qué no se ha escrito un libro sobre las obras de la Virgen, como se ha hecho sobre las de Pablo, […] lo único que me viene a la mente es que fue así porque le plació al Espíritu Santo, y que los evangelistas, por impulso, guardaron silencio sobre ella, por la sencilla razón de que la gloria de la Virgen, como leemos en el salmo, estaba toda en ella (cf. Sal 44,14 Vulg.), y podía imaginarse más que describirse, y que, como resumen de su historia, lo que se expresa en el título es suficiente: que Jesús nació de ella. ¿Qué más queréis saber? ¿Qué más buscáis en la Virgen? Os basta con saber que ella es la Madre de Dios» (ibíd.).


Queridos hermanos y hermanas, sentimos una especie de vértigo ante este Misterio: ¡es imposible acostumbrarse a él! Celebramos el nacimiento de una niña llamada a convertirse en la Madre de su Creador, la Madre de Dios que salva. Y, sin embargo, nace simplemente una niña, como las hijas y las nietas que sostenemos en brazos. Hoy tenemos para ella títulos nobles y altísimos, de Señora y Reina, pero el camino de Dios ha sido y sigue siendo más sencillo y silencioso, aunque no por ello menos poderoso y transformador. Es el camino del propio Jesús mismo, «el primogénito entre muchos hermanos» (Rom 8,29). Así, como María, también nosotros estamos «predestinados a ser conformados a la imagen del Hijo» (ibíd.): por gracia, ciertamente, pero deseando y prefiriendo su camino, sus elecciones, su senda a otros caminos. En Jesucristo, Dios ha elegido las condiciones históricas más humildes y la más humilde de las criaturas para manifestar la originalidad de su Reino, en el que la prepotencia no tiene cabida y la omnipotencia es creación, servicio y cuidado de la vida.


Santo Tomás de Villanueva añade: «Deja volar la imaginación, amplía los límites de la comprensión y dibuja en lo más profundo de tu alma a una joven purísima, prudentísima, bellísima, devotísima, humildísima, mansísima, llena de toda gracia, ricísima en santidad, adornada con todas las virtudes, embellecida por todos los carismas, absolutamente agrada a Dios; amplíala todo lo que puedas, imagínala tanto como seas capaz» (ibíd.). Santo Tomás nos invita a este maravilloso ejercicio de imaginación. Y observa: «El Espíritu Santo no la describió por escrito, sino que esperó a que la pintaras interiormente» (ibíd., VII, 266, 9). Queridos hermanos y hermanas, es precisamente así: en la oración contemplativa toma forma aquello que el mundo no nos cuenta, pero que ya existe; aquello que aún es invisible, pero que en sí mismo encierra un nuevo tipo de fuerza. No se trata de fantasía, sino de profecía. La necesitamos, en tiempos de destrucción e incertidumbre, para ver la obra de Dios y servirla.


En la pequeña Belén, el profeta Miqueas presentía el surgimiento de un Rey de paz, gracias al cual finalmente podríamos habitar la tierra en seguridad (véase Miqueas 5:1-4). Y hoy, en la Colecta, dirigiéndonos a la pequeña María, pedimos que «la celebración de su nacimiento aumente nuestra paz». Sí, queridos hermanos, queremos imaginar la paz, ampliar los límites de la comprensión y plasmarla en nuestras almas, reconocer que ya existe, acogerla y servirle. Es don de Dios, aliento del Resucitado, obra del Espíritu Santo. Permitamos que la paz crezca en nuestro interior. Germinará en el mundo. Y la Madre del Buen Consejo nos acompañará en esta misión.


PAPA LEÓN XIV



Fotos: Vatican Media, 7-9-2026

Santa Misa de la vigilia de la Natividad de la Virgen María, presidida por el Papa León XIV, en el Santuario de Genazzano

Foto: Vatican Media, 7-9-2026


Camino Católico.- El Papa León XIV ha celebrado la Santa Misa de la vigilia de la Natividad de la Virgen María, en el Santuario de la Virgen del Buen Consejo en Genazzano, bajo la custodia de la orden de San Agustín, la tarde del lunes 7 de septiembre de 2026. En su homilía el Santo Padre ha invitado: “Pidámosle a la Virgen María su buen consejo, que acoja la Palabra divina, la conserve en nuestro interior y la traiga a la luz mediante decisiones valientes y sabias, decisiones de auténtica conversión”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.


Mariela Villanueva y Harold Figueras estuvieron 5 años separados y Cristo restauró su matrimonio: «Iba buscando que Dios cambiara a mi esposo y el Señor me cambió a mí y rescató a mi marido del ocultismo»

Harold Figueras y Mariela Villanueva frente a la Catedral de Lima / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa

* «Esta familia era muy devota, y la madre me invitó a ir a la iglesia con ella. Le dije: «No, no puedo». Porque, en mi opinión, había cometido faltas graves y me era imposible volver a la iglesia. Ella me dijo: ‘No, el Señor perdona, y puedes volver a la iglesia; solo tienes que pedir perdón’»

Camino Católico.-    El 7 de abril de 2009, Mariela Villanueva aterrizó en Venezuela convencida de que iba a poner fin a su matrimonio. Habían pasado cinco años desde que su esposo, Harold Figueras, se marchó de Perú y reconstruyó su vida en otro país. Ella llevaba consigo el dolor de una separación prolongada y la decisión de firmar el divorcio. Él, una lista escrita con todos los reclamos que pensaba lanzar en cuanto la viera. Nada ocurrió como ambos habían imaginado.

Se citaron un miércoles a las 3:00 de la tarde, la Hora de la Misericordia, en el mismo lugar donde habían sido novios años atrás. Cuando Mariela apareció, Harold buscó desesperadamente la hoja con sus quejas. Ésta había desaparecido.

“Yo estaba esperando una guerra. Ella abrió los brazos para abrazarme y entendí que el único que quería pelear era yo”, recuerda Harold en una entrevista con ACI Prensa. Mariela había tenido ese gesto de acercamiento porque ya había empezado un proceso de conversión y tenía una última esperanza.

Aquel abrazo no restauró inmediatamente el matrimonio. Todavía faltaría casi un mes para que él dejara la relación que mantenía y decidiera regresar definitivamente con su familia. Pero ese día —afirman ambos— Jesús ganó la primera gran batalla.

Harold Figueras y Mariela Villanueva / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

Un matrimonio que nació con heridas

Harold y Mariela se conocieron en 1998 en el Colegio de Ingenieros de Venezuela. Él trabajaba en el área de sistemas; ella era una joven abogada que dirigía una consultoría jurídica con decenas de profesionales a su cargo.

Mientras Mariela había crecido en una familia católica y rezaba el Rosario con frecuencia, Harold era completamente indiferente a la fe.

“Me burlaba de los sacerdotes. Para mí casarme por la Iglesia fue simplemente cumplir con una formalidad social”, admite.

Contrajeron matrimonio civil y, el 2 de septiembre del 2000, recibieron el sacramento en la parroquia San Francisco de Asís, en Barranco (Perú). Sin embargo, reconocen que llegaron al altar sin comprender verdaderamente lo que significaba la vocación matrimonial.

“Empezamos nuestra vida juntos sin Dios como centro. Ese fue el primer gran error”, explica Harold.

Con el paso de los años comenzaron a aflorar heridas profundas: abandono, soledad, orgullo, incapacidad para comunicarse y expectativas irreales sobre el amor. La crisis económica de Venezuela agravó aún más la situación. Harold viajaba constantemente entre ambos países hasta que un día simplemente dejó de volver.

Mariela quedó sola en Lima con su pequeña hija.


Imagen actual de Harold Figueras y Mariela Villanueva con sus tres hijas en Lima, Perú / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

“Mamá, enséñame a rezar”

Paradójicamente, la restauración no comenzó cuando Harold cambió. Comenzó cuando Mariela cayó de rodillas.

Alejada de la Iglesia y llena de resentimiento, la joven madre había abandonado incluso la práctica de su fe después de sentirse herida por una mala experiencia en una parroquia. Todo cambió gracias a una petición inesperada de su hija de siete años. “Mamá, mi abuelita dice que tú sabes rezar. Enséñame el Rosario”.

Mariela aceptó casi por compromiso. Poco después, la niña insistió en hacer su Primera Comunión y le dijo una frase que atravesó el corazón de su madre: “Tú sabes lo que es tener a Jesús en el corazón… ¿y por qué no lo haces?”

Aquellas palabras la llevaron nuevamente al confesionario. Desde entonces comenzó una rutina que cambiaría su vida: Misa diaria antes del trabajo, adoración eucarística al mediodía y el Rosario cada noche junto a su hija.

“Yo iba buscando que Dios cambiara a mi esposo. El Señor terminó cambiándome a mí”, cuenta.

Harold Figueras y Mariela Villanueva junto a miembros del movimiento católico peruano Jesús y María Restauran Mi Familia / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

“Mírame a Mí”

Durante una adoración eucarística ocurrió la experiencia que daría nombre, años después, al retiro que hoy organizan como líderes del movimiento católico peruano Jesús y María Restauran Mi Familia.

Mariela rezaba presentándose como la víctima de la historia. “Señor, mírame a mí. Mira qué buena soy. Mira lo que él me hizo”. Entonces levantó la vista hacia la custodia. “Ya no vi la custodia. Vi a Jesús llagado y ensangrentado. Y me dijo solamente: ‘Mírame a Mí’”.

En ese instante —relata emocionada— experimentó un encuentro personal con Jesús. Comenzó a recordar sus propios pecados desde la infancia y comprendió que durante años había sido incapaz de reconocer sus propias heridas.

“Entendí que Dios no me iba a preguntar por los pecados de Harold. Me iba a preguntar cuánto amé a mi esposo dentro del sacramento”. Su oración cambió por completo y ya no pedía que Harold regresara. Pedía únicamente: “Señor, haz que vuelva a Ti”.

Mariela Villanueva / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

El infierno del ocultismo

Mientras Mariela profundizaba en la oración, Harold descendía por un camino completamente opuesto.

Buscando una mejor economía, comenzó consultando el tarot. Después llegó la santería cubana y finalmente la palería, una práctica de brujería que utiliza restos humanos y sacrificios de animales.

“Entré a un cuarto oscuro donde había osamentas humanas. Sentí un miedo indescriptible, pero seguía buscando respuestas donde no estaban”, recuerda Harold.

En medio de ese vacío comenzó a notar algo extraño. Mariela seguía llamándolo, pero ya no lo hacía para reclamarle.

Una tarde, con tono burlón, le preguntó: “¿Qué pasa? ¿Ya no te hago falta?”.

La respuesta lo desconcertó.

“No. Lo que pasa es que allá tengo quien me ama”.

Harold creyó que ella tenía otra pareja, pero hoy sabe que su esposa hablaba del mismo Cristo.

Harold Figueras / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

El regreso del hijo pródigo

Tras aquel encuentro en Venezuela, Harold regresó finalmente al Perú.

Confiesa que tenía terror de enfrentar a la familia de Mariela y, sobre todo, a su hija. Imaginaba reproches, humillaciones y rechazo. Sin embargo, encontró exactamente lo contrario. “Todos me abrazaron como si hubiera salido a comprar pan”, cuenta.

Pocos días después acompañó a Mariela a la iglesia de los Padres Oblatos, en Barranco, Lima. Ni siquiera pensaba entrar al templo. Permanecía de pie junto a la puerta cuando, según relata, sintió un impulso interior que lo condujo directamente al confesionario.

“Le dije al sacerdote: ‘Padre, llevo cinco años separado y no sé por qué he vuelto’”. Aquel sacerdote lo invitó a participar en un retiro espiritual. Fue allí donde Harold vivió su propia conversión.

Frente al Santísimo Sacramento, después de resistirse durante horas, Harold levantó la mirada y cuenta: “Ya no vi la custodia. Vi dos ojos color miel que atravesaron mi corazón. Empecé a llorar como nunca en mi vida”.

Desde ese momento abandonó definitivamente el ocultismo y comenzó un camino de fe que continúa hasta hoy.

Un milagro que continúa

Han pasado más de quince años desde aquella reconciliación.

Harold y Mariela aseguran que el verdadero milagro no fue simplemente volver a vivir juntos, sino descubrir que el matrimonio es un camino cotidiano de santidad.

“La restauración dura toda la vida. No termina cuando el esposo regresa. Empieza allí”, afirma Mariela.

Harold Figueras y Mariela Villanueva en la actualidad / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

Esa experiencia dio origen al movimiento Jesús y María Restauran Mi Familia, una obra que acompaña especialmente a esposos separados o al borde del divorcio. El camino que proponen comienza por la propia conversión y no por intentar cambiar al cónyuge.

Quienes llegan a la misión comienzan con el llamado “Taller de María”, una preparación a la consagración al Inmaculado Corazón de María enfocada en el sacramento del matrimonio. Allí, explican, buscan que cada persona reconozca sus propias heridas y reciba herramientas para discernir qué hacer con su historia familiar.

Pero Harold y Mariela también advierten que no todos los procesos terminan de la misma manera. Hay matrimonios que logran reunirse nuevamente y otros que toman caminos diferentes, incluso a través de procesos de nulidad matrimonial. Lo que permanece, sostienen, es la invitación a la conversión y a buscar la voluntad de Dios.

“El Señor nos quiere santos”, explica Mariela. Para ella, incluso cuando una persona atraviesa un proceso distinto al que esperaba, el sufrimiento puede convertirse en una oportunidad para acercarse a Cristo y ofrecer ese dolor por la santidad de la Iglesia.

Hoy, cuando miran hacia atrás, ya no se ven como las mismas personas que se separaron. Mariela describe a Harold como un hombre más comprometido con conocer el amor de Dios y capaz de donarse a su familia. Él, por su parte, reconoce que la mujer con la que se reencontró después de cinco años ya no era la misma que había dejado atrás.

La familia Figueras Villanueva / Foto: Cortesía de Harold Figueras y Mariela Villanueva - ACI Prensa 

Por eso, su testimonio no pretende presentar una fórmula para recuperar un matrimonio perdido. Es, sobre todo, la historia de dos personas que descubrieron que antes de pedirle a Dios que cambiara al otro tenían que dejarse transformar por Él.

“Muchas personas llegan diciendo: ‘Quiero que mi esposo vuelva’. Nosotros les respondemos: primero deja que Jesús vuelva a ocupar el centro de tu corazón”, explica Harold.

Su mensaje para los matrimonios en crisis nace de esa experiencia: no esconder las heridas, no dejarse vencer por la vergüenza y no confundir la restauración con el simple regreso a la vida que tenían antes.

Porque, como descubrieron aquel miércoles de abril, algunas guerras matrimoniales no se ganan venciendo al otro, sino dejándose vencer por el amor misericordioso de Dios.

Entre quienes hoy forman parte de la comunidad se encuentran Diana Donayre y Johanna Muñoz, dos mujeres que vivieron el retiro y cuyo testimonio refleja el impacto de este proceso de conversión.

“Te entiendo, y no estás solo ni sola”, expresa Diana, al recordar que llegó a la misión con “el alma cansada” y encontró personas que la sostuvieron en medio de su crisis matrimonial. Tras un año de perseverancia, aseguró que Cristo restauró su vida, su familia y su matrimonio.

Johanna, por su parte, cuenta que estuvo ocho años separada y que lleva tres años caminando en la comunidad hacia la restauración de su matrimonio. Explica que el cambio comenzó cuando decidió vivir un proceso de conversión y reconciliación consigo misma, mientras confiaba el resto a Dios. “El Señor está haciendo su obra… va dando pasitos muy lentos”, dijo al recordar la emoción de ver a su esposo arrodillarse por primera vez durante la Eucaristía, un gesto que para ella fue signo de esperanza y del actuar de Dios en su familia.