* «Doy gracias al Señor por el camino que la Iglesia católica y la Iglesia Apostólica Armenia han recorrido a través de un diálogo sincero y fraterno, con el fin de llegar a compartir plenamente la mesa eucarística. Que el Espíritu Santo nos ayude a realizar esa unidad por la cual pidió Nuestro Señor, para que sus discípulos sean uno y el mundo crea»



“El Señor golpea con la cruz la deformidad de nuestra soberbia y de nuestro egoísmo esculpiendo en nosotros la belleza incomparable del rostro de Cristo, humilde, manso y entregado por todos… El creyente, negándose a sí mismo, deja que la cruz perfore la dura coraza de su orgullo y su autoafirmación para que emerjan los «ríos de agua viva», el Espíritu Santo que regará la aridez de su alma con la unción del conocimiento profundo del Señor, llenándolo todo del «suave olor de Cristo»”

