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domingo, 21 de junio de 2026

Homilía de Mons. Jesús Fernández, obispo de Córdoba, y lecturas de la Misa de hoy, XII domingo del Tiempo Ordinario, 21-6-2026

21 de junio de 2026.-  (Camino Católico) Homilía de Mons. Jesús Fernández, obispo de Córdoba, y lecturas de la Misa de hoy, XII domingo del Tiempo Ordinario, emitida por 13 TV desde la Catedral de Córdoba.

Santa Misa de hoy, XII domingo del Tiempo Ordinario, en la catedral de Córdoba, 21-6-2026

21 de junio de 2026.-  (Camino Católico) Celebración de la santa Misa de hoy, XII domingo del Tiempo Ordinario, presidida por Mons. Jesús Fernández, obispo de Córdoba, emitida por 13 TV desde la Catedral de Córdoba.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 21-6-2026

21 de junio de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 21/6/2026: «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 21 de junio de 2026, domingo de la 12ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Mateo 10, 26-33:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.

Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por uno céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; valéis más vosotros que muchos gorriones.

A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

Homilía del evangelio del domingo: Jesús nos anima a vivir desde la fe y nos dice que «no tengamos miedo» porque todo está en sus manos justas y amorosas / Por P. José María Prats

 


* «Cuando no se vive desde la fe, es fácil desanimarse y pensar que sólo es posible sobrevivir y salir adelante asumiendo las reglas de juego del mundo, las del egoísmo, la mentira y la injusticia, especialmente si nos dejamos impresionar por la prosperidad y el éxito aparente de las personas sin escrúpulos. La persona de fe, en cambio, sabe que todo está bajo el poder de Dios y que, por tanto, al final el bien, la verdad, la justicia y el amor triunfarán. Y desde esta certeza, puede vencer al miedo y a la seducción del triunfo aparente del mal para vivir en la verdad, la justicia y el amor»

Domingo XII del tiempo ordinario - A

Jeremías 20, 10-13 / Salmo 68 / Romanos 5, 12-15 / San Mateo 10, 26-33

Camino Católico.-  A veces oímos decir a la gente que tener fe ayuda a afrontar la vida, especialmente en los momentos difíciles. Pero las consecuencias de la fe van mucho más allá. Vivir o no vivir desde la fe supone dos formas radicalmente distintas de existencia. Veámoslo.

Nuestra condición humana es frágil y vulnerable. Para vivir dignamente necesitamos muchas cosas: alimentos, ropa, vivienda, educación, trabajo, amor, reconocimiento... a las que no siempre es fácil acceder. El instinto desordenado de asegurar estas necesidades lleva a una lucha por la vida que engendra un mundo violento y hostil: injusticia, corrupción, engaño, explotación...

Cuando no se vive desde la fe, es fácil desanimarse y pensar que sólo es posible sobrevivir y salir adelante asumiendo las reglas de juego del mundo, las del egoísmo, la mentira y la injusticia, especialmente si nos dejamos impresionar por la prosperidad y el éxito aparente de las personas sin escrúpulos.

La persona de fe, en cambio, sabe que todo está bajo el poder de Dios y que, por tanto, al final el bien, la verdad, la justicia y el amor triunfarán. Y desde esta certeza, puede vencer al miedo y a la seducción del triunfo aparente del mal para vivir en la verdad, la justicia y el amor.

En el evangelio, Jesús nos anima a vivir desde la fe. Nos dice que «no tengamos miedo» porque todo está en sus manos justas y amorosas: «hasta nuestros cabellos están contados» y «ni tan siquiera un gorrión cae al suelo sin que nuestro Padre lo permita». Nos pide que digamos siempre la verdad, porque al final «todo lo cubierto se descubrirá», todas las palabras y acciones serán puestas al descubierto y juzgadas por Dios. Ni siquiera hemos de tener miedo a que nos quiten la vida porque, si hemos sido fieles a Dios, heredaremos la vida eterna.

La vida sin fe, aunque pueda estar adornada por lujos y placeres, es en definitiva una vida triste, esclavizada por el miedo y rendida al poder del mal, una vida que encierra una íntima desesperación. En cambio, la vida en la fe, aunque tenga que pasar por penurias y dificultades, es una vida llena de luz, de alegría y de esperanza.

La experiencia del profeta Jeremías que nos presenta la primera lectura es un ejemplo de lo que acabamos de decir. Dios le ha confiado la proclamación de una palabra dura e incómoda que anuncia la destrucción inminente de Jerusalén si el pueblo no se convierte de sus pecados. El rechazo que suscita esta palabra le acarrea desprecio y persecución, mientras que los falsos profetas, que anuncian prosperidad, reciben el halago y el reconocimiento de la gente. Pero Jeremías persevera en la misión que se le ha confiado a pesar del sufrimiento que conlleva porque sabe que Dios está de su lado y que al final se manifestará el triunfo de la verdad: «Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará».

El salmo 36 expresa maravillosamente esta esperanza de la persona de fe:

No te exasperes por los malvados, no envidies a los que obran el mal:

se secarán pronto, como la hierba, como el césped verde se agotarán.

Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad;

sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.

Encomienda tu camino al Señor, confía en él, y él actuará:

hará tu justicia como el amanecer, y tu derecho brillará como el mediodía (...)

Los inicuos serán exterminados, la estirpe de los malvados se extinguirá;

pero los justos poseerán la tierra, la habitarán por siempre jamás.


P. José María Prats

Evangelio:


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: 

«No tengáis miedo a los hombres. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados.


Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos.


Porque todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos».

San Mateo 10, 26-33

La vida de san Luis Gonzaga nos recuerda que la verdadera grandeza no está en los honores ni en las riquezas, sino en la entrega generosa a Dios y al prójimo/ Por P. Carlos García Malo

 


Jesús repite varias veces: «No tengáis miedo» / Por P. Carlos García Malo

 


Mélanie Niemiec: «Mis padres se divorciaron, me sentí abandonada por el Señor, me aleje de Él, durante años estuve deprimida; una confesión en Lourdes cambió mi vida y me llevó a abandonarme en el Sagrado Corazón de Jesús»

A la luz de su propia historia como hija de padres divorciados, Mélanie encuentra refugio en el Sagrado Corazón de Jesús, que la sostiene cada día desde entonces./ Foto: Maria Vargas - Aleteia

* «Fui al Sagrado Corazón de Montmartre a pasar una noche de adoración, me detuve ante la capilla de santa Margarita María Alacoque. Allí encontré un pequeño folleto que presentaba las promesas del Sagrado Corazón. Una frase me llamó la atención: ‘Pondré la paz en vuestras familias’. Comprendí que me invitaba a pedir un corazón semejante al de Jesús: un corazón abandonado al amor del Padre, a su voluntad y a su misericordia»

Camino Católico.- Mélanie Niemiec, de 24 años, que quedó marcada por el divorcio de sus padres, se sintió abandonada durante mucho tiempo. En Lourdes, una confesión le cambió la vida y la puso en el camino del Sagrado Corazón. Hoy, comprometida de por vida con la Guardia de Honor, da testimonio de la fuerza de un corazón entregado a Dios

"Pídele a Dios que te dé un corazón abandonado". Mélanie recibió esta frase a los 16 años, en medio de una prueba, durante una confesión en Lourdes. En ese momento, no la entendió. El encuentro con el Sagrado Corazón, años más tarde, le aclaró las cosas. A la luz de su historia como hija de padres divorciados, Mélanie descubre en el Corazón de Jesús un refugio que, desde entonces, la sostiene cada día.

La herida del divorcio

Tras su conversión, y durante varios años después, Mélanie emprendió una búsqueda. Buscaba comprender qué significaba realmente ese "corazón abandonado" / Foto: Marie-Christine Bertin (diócesis de París) - Aleteia

Nacida en 2002, Mélanie creció en los suburbios de París, en el seno de una familia católica practicante de origen polaco. Sus padres se divorciaron cuando ella tenía nueve años. Una experiencia que la marcó profundamente. Sin embargo, ante esta situación, no puso en duda la existencia de Dios.

"Sí, me sentía abandonada por el Señor. Ante el sufrimiento familiar, me decía a mí misma que Dios no debía preocuparse mucho por mí. Así que decidí dejar de interesarme por Él a cambio. Pero creía en Él", confiesa a Hortense Leger en Aleteia.

Tras su primera comunión, dejó de asistir a Misa y se fue alejando poco a poco de la Iglesia durante varios años. "Toda mi adolescencia estuvo marcada por un profundo malestar. Estaba triste, perdida, deprimida, incapaz de encontrar mi lugar". Un periodo que la joven considera el más oscuro de su vida.

Lourdes: de la muerte a la vida

En la oscuridad, son sus amigos quienes ayudan a Mélanie a mantener la cabeza a flote. "No eran creyentes, algunos incluso eran muy críticos con la Iglesia, pero eran alegres y fieles". En segundo de bachillerato, le proponen prepararse para la confirmación. Sin mucha convicción, Mélanie acepta. Se va al Frat de Lourdes en abril de 2018, rodeada de sus compañeros.

Fue entonces cuando, de repente, en medio de la peregrinación, decidió ir a confesarse. "Sentí como una llamada para ir a ver a un sacerdote". Allí, ante aquel cuyo rostro había olvidado y del que solo recordaba "los grandes ojos azules", lo contó todo: la herida del divorcio, los conflictos incesantes en casa, el sentimiento de abandono. Antes de darle la absolución, el sacerdote pronuncia dos frases: "Reza mucho por tus padres, nadie lo hará por ti" y luego "Pídele a Dios que te dé un corazón abandonado".

Palabras que la joven no entendió en ese momento. "La primera me parecía casi injusta. En cuanto a la segunda, me dejaba perpleja: ¿acaso mi corazón no estaba lo suficientemente abandonado?". Sin embargo, estas palabras marcan el inicio de la conversión de Mélanie. "Esa confesión cambió mi vida —afirma—. Llegué a Lourdes muerta por dentro, y me fui de allí viva".

Pedir un corazón semejante al de Jesús

Tras su conversión y durante varios años, Melania se embarcó en una búsqueda. Intentó comprender qué significa realmente ese "corazón abandonado". La respuesta llegaba poco a poco. Entonces surge en ella una atracción cada vez más fuerte por el Sagrado Corazón de Montmartre.

"Una noche —cuenta—, cuando había ido allí a pasar una noche de adoración, me detuve ante la capilla de santa Margarita María Alacoque. Allí encontré un pequeño folleto que presentaba las promesas del Sagrado Corazón". Una frase le llamó la atención: "Pondré la paz en vuestras familias". Esas palabras la conmovieron profundamente.

Entonces todo se aclaró: comprendió, por primera vez, el vínculo entre el "corazón abandonado" del que le hablaba el sacerdote y el Corazón de Cristo. "Comprendí que me invitaba a pedir un corazón semejante al de Jesús: un corazón abandonado al amor del Padre, a su voluntad y a su misericordia".

Un compromiso de por vida

Consagrada solemnemente al Sagrado Corazón de Montmartre, Mélanie Niemiec, a la izquierda, también reza cada mañana una oración de consagración personal / Foto: Mélanie Niemiec - Aleteia

Una devoción a la que Mélanie se adhiere profundamente y que la lleva a comprometerse de por vida con la Guardia de Honor del Sagrado Corazón, una obra espiritual nacida en Paray-le-Monial. "El principio es sencillo —explica—: cada miembro elige una hora de su día que ofrece al Señor en unión con el Sagrado Corazón. Durante esa hora, se siguen las actividades habituales, pero se viven con espíritu de oración y de ofrenda".

Para Mélanie, la elección recayó en las 15:00. "Cada día recito la oración de la Guardia de Honor y luego ofrezco esa hora a Cristo, en comunión con los miles de miembros presentes en todo el mundo". Pero este compromiso no se queda ahí.

Consagrada solemnemente al Sagrado Corazón de Montmartre, también reza cada mañana una oración de consagración personal. "Mi día está realmente marcado por momentos de oración centrados en el Corazón de Cristo. Es un ritmo que estructura mi vida".

El Sagrado Corazón y la herida de los hijos de padres divorciados

Mélanie está convencida de que los hijos de padres divorciados pueden reconocerse a sí mismos en el Corazón de Cristo. "El corazón de un niño que se enfrenta a la separación de sus padres es un corazón desgarrado. Sea cual sea su capacidad de resiliencia, esa herida permanece profundamente grabada en él".

Además, matiza la idea preconcebida de que los niños se adaptan y acaban estando muy bien. "Es cierto que pueden aprender a vivir con ese sufrimiento, pero eso no significa que la herida desaparezca. He descubierto que solo la gracia de Dios puede llegar verdaderamente a esa profundidad". Para Mélanie, el Sagrado Corazón no es solo una devoción entre otras, sino "un hogar, un refugio y una escuela de amor".

Jesús Cabello, cantautor católico al que la Virgen sanó de una leucemia: «Tuve un encuentro con Jesucristo impresionante y supe que está vivo y que tengo una misión»

Jesús Cabello interpretando una de sus canciones / Foto: Instagram de Jesús Cabello

* «A los 4 años ocurrió el milagro. En julio me hicieron una analítica de rutina y nos fuimos de vacaciones a la playa. Dos días después, el hospital llamó a mis padres diciendo que los resultados habían salido muy mal y que debían regresar de inmediato. Mi madre cuenta que, hasta ese momento, su oración había sido de reproche. Pero en ese instante de desesperación, cambió su forma de orar y dijo: ‘Mira, Señor, acepto tu voluntad, pero si sobrevive, te lo entrego’. De camino a Córdoba, pasaron por la aldea de Almonte, donde está la Virgen del Rocío. Allí mi madre se puso de rodillas ante el sagrario y la Virgen, y repitió su promesa»

En el vídeo, el cantautor Jesús Cabello cuenta su testimonio de vida en la Catedral de Córdoba ante el obispo de la diócesis y más de mil jóvenes de los colegios religiosos de la provincia en octubre de 2018

Camino Católico.- Hay historias que permiten percibir el amor de Dios de forma casi tangible, especialmente cuando, en medio del dolor, aparece una luz que transforma todo alrededor.

Así sucedió en la vida de Jesús Cabello, un músico español que apenas con 18 meses de nacido le detectaron una leucemia linfoblástica y un linfoma leucemizado. Esta noticia marcaría un antes y un después.

En 1985, se sometió a un tratamiento en Europa que, en ese momento, era experimental y no había sido probado en niños. Él mismo relata que varios de sus compañeros sufrieron reacciones severas e incluso algunos fallecieron años después. Sin embargo, aunque recibió el mismo medicamento, no perdió el cabello ni la vitalidad.

Jesús Cabello cuando era pequeño / Foto: Cortesía de Jesús Cabello

A pesar de ello, el tratamiento no era suficiente para su condición, por lo que los médicos sugirieron un trasplante de médula. Su hermano era el único posible donante, pero tenía apenas 10 años, así que la familia decidió no asumir ese riesgo.

El milagro que cambió su historia

“A los 4 años ocurrió el milagro. En julio me hicieron una analítica de rutina y nos fuimos de vacaciones a la playa. Dos días después, el hospital llamó a mis padres diciendo que los resultados habían salido muy mal y que debían regresar de inmediato. Mi madre cuenta que, hasta ese momento, su oración había sido de reproche. Pero en ese instante de desesperación, cambió su forma de orar y dijo: ‘Mira, Señor, acepto tu voluntad, pero si sobrevive, te lo entrego’. De camino a Córdoba, pasaron por la aldea de Almonte, donde está la Virgen del Rocío. Allí mi madre se puso de rodillas ante el sagrario y la Virgen, y repitió su promesa”, explica a Aleteia.

Cuando llegaron al hospital, tres horas más tarde, le repitieron los estudios. Esta vez, el resultado fue sorprendente: la enfermedad prácticamente había desaparecido: “En los análisis aparece que la enfermedad está remitiendo. Años después, a los ocho años me quitaron un linfoma en el cuello que no habían visto hasta entonces y estuve cuatro años viviendo con ello más sano que una pera”.

Años después, cuando tenía ocho años, su madre notó una protuberancia en su cuello mientras lo peinaba. Acudieron al médico de inmediato, donde le extirparon un linfoma del tamaño de una cereza que había permanecido enquistado durante todo ese tiempo. A partir de ahí, su recuperación fue inmediata.

Jesús confiesa que, al haber vivido con esta enfermedad desde tan pequeño, nunca percibió algo fuera de lo normal. Incluso llegó a pensar que todos los niños pasaban por estudios médicos similares. No fue sino hasta que su hermana mayor le contó la verdad que comenzó a cuestionarse su propia historia:

“¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué otros compañeros del hospital han muerto? Al hacerte esas preguntas, terminas encontrándote con Dios”.

El papel de su mamá ha sido clave para hacer crecer su fe y la relación con Dios: “Recuerdo que mi madre me enseñó las oraciones más básicas. Con apenas diez años me invitaba a acudir a Misa solo. Supongo que lo hacía con el objetivo de que madurara mi relación personal con Dios. Me iba una hora antes, cuando todavía no había nadie. Me colocaba siempre en el segundo banco de una nave lateral y me sentía muy bien. Pensaba en mis cosas y hacía un repaso de todo lo que puede preocupar a un nene de esa edad. Nunca me sentí solo, al contrario. Estaba súper a gusto. Alguna vez se me acercó el párroco a preguntarme si me pasaba algo o tenía problemas en casa, pero yo le respondía que no con cara de sorpresa. Luego llegaba la Misa de la que me enteraba más bien poco, pero en la consagración siempre me latía el corazón muy fuerte. Volvía a casa con la sensación de haberme hartado de hablar con alguien. Ahora me sorprendo de todo aquello y le pongo nombre a tanto misterio que me atraía poderosamente. Esos ecos todavía resuenan hoy en mi corazón”.

Y subraya que "es curioso que, a pesar de haber tenido una experiencia de oración tan prematura, mi hermano Pedro me ayudó a encauzar todo aquello y me enseñó la Oración de la Iglesia cuando apenas empezaba la universidad.  Ya no me funcionaba ir de salvaje por la vida (ríe). Aquello me permitió hacer oración con la Palabra de Dios. Durante esos años de noviazgo con Paloma, la oración encendió luces en nuestro camino y llegamos a conclusiones preciosas que nos salvaron de caer en una vida sin sabor".

Jesús Cabello con su esposa, Paloma, en la pasada Semana Santa 2026 / Foto: Instagram de Jesús Cabello

El encuentro que le dio sentido a todo

Por esos mismos años, comenzó a tocar la guitarra mientras su hermano le enseñaba algunas canciones. Aunque reconoce que al inicio no cantaba bien, la música despertó en él una alegría profunda.

Asistía a Misa con regularidad y, a los 17 años, participó en unos ejercicios espirituales que marcarían su vida. El 18 de agosto de 2001, mientras oraba en un jardín, rompió en llanto al experimentar un abrazo, un calor y un amor que nunca antes había sentido. En ese momento comprendió el rumbo de su vida: “no quería nada que no fuera Jesucristo. Sentí un abrazo que me cambió la vida. Tuve un encuentro con Jesucristo impresionante y supe que está vivo y que tengo una misión. El cantante cristiano debe tener una historia con Dios, una relación constante de acercamiento y perseverancia. De lo contrario, podemos cantar como los ángeles pero no llegaremos al corazón de los que nos oyen. Dios sólo es el que puede cambiar las vidas, no un músico. Si quieren hacer música católica, aprendan a hacer oración”.

Durante esos mismos ejercicios, recibió el don de la inspiración y comenzó a escribir canciones que expresaban lo que llevaba dentro. Grababa estas composiciones en CDs para amigos y familiares, pero pronto notó que comenzaban a difundirse con rapidez.

Jesús Cabello en el tiempo después que tuviera su encuentro con Cristo. A la izquierda, cantando y, a la derecha, con su novio y hoy esposa, Paloma / Foto: Cortesía de Jesús Cabello

Al año siguiente, regresó planteándose la vocación sacerdotal, influido también por el camino de su hermano, que se había ido al sacerdocio. Sin embargo, fue ahí donde conoció a Paloma, quien se convertiría en su esposa. Tras siete años de noviazgo, se casaron en esa misma casa de espiritualidad en La Zubia (Granada), porque —como él mismo dice— “allí conocimos a Dios y nos conocimos nosotros”.

"Con la oración encuentro sentido a lo que estoy viviendo"

“La oración propicia un encuentro real con Jesús que nos enamora, no nos hace santos de un día para otro y conocemos la medida del Amor que nos cautiva. La oración no es un momento de relax ni de mindfulness. La oración es una relación de amor real que va ordenando el corazón sin desanimarnos, poco a poco, y a través de la cual entendemos qué sentido tiene nuestra existencia. Nunca he sentido la necesidad de orar solamente cuando la vida golpea fuerte, aunque reconozco que en estos momentos es absolutamente fundamental. Independientemente de cómo esté, necesito sentarme para hablar y escuchar. Sí es cierto que cuanto más rezo siento que no actúo yo, sino que voy en volandas. El fruto de todo lo que hacemos se multiplica”.

Y luego puntualiza cómo lo hace ante su paternidad: "A partir de ser padre y de enrolarnos en la frenética rutina, no dispongo de tanto tiempo diario para orar. Muchos sacerdotes me han dicho que una manta de retales también calienta, que aproveche los pequeños momentos que pueda; pero confieso que no es lo mismo. Cuando llega el fin de semana busco 'mi ratito' como un desesperado".

Jesús Cabello comparte cómo reza: “Me gusta orar recién levantado, sentado en la cama. Un sacerdote me explicó una vez que cuando oramos nuestro corazón es como una cebolla: hay que ir quitando capas. Al principio, siempre es complicado centrarse y los proyectos inmediatos se estrellan en la cabeza como kamikazes. También las preocupaciones que nos despistan. La Oración de la Iglesia, los Laudes en este caso, me ayudan a ir entrando en actitud de escucha. Después de la lectura breve empieza ‘el diálogo’. No dejo de sorprenderme cuando llego a esos problemas aparentemente irresolubles y soy testigo de que se van disolviendo hasta quedar en casi nada. Cuando consigo llegar más al centro de la ‘cebolla’, encuentro el sentido de lo que estoy viviendo, incluso contradiciendo lo que minutos antes defendía como una posible solución. Alguien me orienta con una paciencia tremenda. La sensación final siempre es de agradecimiento. Me quedo nuevo”.   

Y luego argumenta por qué recomienda la oración: “En 2007 comencé un grupo de oración de jóvenes en mi parroquia. Fui uniendo cabos a circunstancias que me iba encontrando y acabamos cerca de cuarenta preparando oraciones en una pequeña sala de la parroquia. No era nada extraordinario. Se adecentaba una sala, cantábamos, leíamos el Evangelio de ese domingo y compartíamos lo que nos había inspirado. Poco más, pero algunos se emocionaban y lloraban con verdadera necesidad. Durante ese curso académico fue un éxito rotundo. Yo aluciné; no me ha vuelto a pasar. Soy testigo de todo el bien que hizo en unos y otros, y todavía lo recordamos con asombro. ¡Hasta salió un cura de ahí! Quizás en la Iglesia le prestamos demasiada atención a la formación. Tenemos mogollón de horas de catequesis en las parroquias, además de los sacramentos; pero apenas hay encuentros de oración donde puedan reunirse en comunidad laicos con toda clase de circunstancias para abrir el corazón con la Palabra de Dios. Debemos acercar a la gente a Jesús. No podemos empezar la casa por el tejado”.

Y añade: “Orar con música supone acercarse al silencio donde Dios habla. La música no es un fin, sino un medio. A mí me pasa. A veces he cantado alguna canción y he sentido la necesidad de callar y escuchar después. En ocasiones, los aplausos de los conciertos no ayudan a que el mensaje de una canción cale dentro, repose y dé fruto, sino que lo espanta. No es lo mismo servirse de la música en una Adoración que en un concierto. Lo primero adquiere todo el sentido, pero insisto en que la música es solo un medio”.

Una fe sostenida por la Virgen

Jesús también compartió un momento especialmente doloroso en su vida matrimonial. En 2010, él y su esposa atravesaron un aborto. Tiempo después, su esposa comenzó a acudir con frecuencia a una iglesia con adoración al Santísimo, donde solía detenerse ante la imagen de la Virgen de Guadalupe para rezarle “de madre a madre”.

Poco tiempo después, quedó embarazada nuevamente. Su hijo nació el 12 de diciembre de 2012, justamente el día de la Virgen de Guadalupe. Desde entonces, esta advocación ocupa un lugar muy especial en su familia.

Una vocación que se vive en lo cotidiano

La música es una parte esencial de su vocación, aunque no la única. También es maestro de literatura para jóvenes y padre de familia. Aunque ha tenido la oportunidad de presentarse en países como Panamá, Estados Unidos, Italia o Polonia, compartiendo escenario con músicos de talla internacional, ha comprendido que el don recibido implica también una responsabilidad.

“En 2017 me propusieron mudarme a Estados Unidos para vivir de la música, con todas las facilidades, pero dije que no. Por mi forma de ser, no podría vivir solo de los focos, los aplausos y los viajes, desarraigándome de mi familia. Necesito tener los pies en el suelo, y la rutina del día a día con mis alumnos me aporta muchísimo”.

Jesús-Cabello en una de sus interpretaciones / Foto: Instagram de Jesús Cabello

Jesús vive tres vocaciones que se integran y dan forma a la persona que es hoy. Busca compartir aquello que ha recibido:

“Cuando canto o pongo al servicio mis talentos, siento una profunda misericordia. Siento que tengo una deuda con Dios, porque me ha regalado dos vidas (al nacer y al sanarme), algo que otros compañeros no tuvieron. La música y los conciertos son solo una forma de corresponder, aunque sea mínimamente, a lo que Dios ha hecho por mí”.

Jesús Cabello en plena actuación / Foto: Cortesía de Jesús Cabello

Así, testimonios como este muestran cómo Dios toca el corazón de quienes se abren a Él y los acompaña en sus dones. Jesús adelantó que su nuevo disco saldrá el 17 de junio, en el que busca narrar todo lo que Dios ha hecho en su vida, convirtiéndolo en alabanza. “Estamos aquí de paso y, como decía San Felipe Neri: ‘Yo prefiero el paraíso’”.

La oración que recomienda: “La letanías de la humildad”

A la hora de recomendar una oración, Jesús afirma que hay muchas que le han ayudado. «En la universidad conocí las Letanías de la humildad del cardenal Merry del Val y me hicieron mucho bien. No es fácil subirse a un escenario y tener el corazón en su sitio. Creo que a cualquier joven católico le vendría muy bien en este tiempo selfie que nos ha tocado vivir». Así ser rezan:

Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón parecido al tuyo.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Señor

del deseo de ser honrado, líbrame, Señor

del deseo de ser aplaudido, líbrame, Señor…

Concédeme, Señor, el deseo de que otros sean más amados que yo,

de que otros sean más estimados que yo,

de que otros crezcan susciten mejor opinión de la gente y yo disminuya…

De ser desconocido y pobre, Señor, me alegraré…

Dios mío, no soy más que polvo y ceniza…

Chase Kear: «Salté con la pértiga, caí, me extirparon parte del cráneo; los médicos no esperaban que sobreviviera, gente de todo el mundo rezó al padre Emil J. Kapaun y en días me recuperé; el milagro se estudia para beatificar al sacerdote»

En la fotografía, Chase Kear, con casco protector, aparece en su regreso a la competición de salto con pértiga el 3 de abril de 2010, durante el encuentro de atletismo Hutch Night Relays en el Hutchinson Community College de Kansas / Foto de OSV News - Cortesía de Chase Kear 

* «Uno de los aspectos del milagro que se está investigando es la rapidez y el alcance de la recuperación. El accidente fortaleció mi fe increíblemente. Hoy en día, sigo orando para que el padre Kapaun interceda por mi.Solo le pido que esté conmigo y me guíe.Que me ayude a tomar la decisión correcta»

Camino Católico.- Cuando Chase Kear supo por primera vez del padre Emil J. Kapaun en octavo grado, no tenía ni idea de que el capellán militar de Kansas, en camino a la santidad, cambiaría su vida para siempre.“Ha estado presente en mi vida de una forma u otra”, declara a OSV News este hombre de 37 años originario de Colwich, Kansas. “Y nunca lo supe”.

Hace casi 20 años, Kear sufrió un grave accidente de salto con pértiga que puso en peligro su vida. Sobrevivió inesperadamente gracias a las oraciones de su familia, su parroquia y personas de todo el mundo, quienes imploraron la intercesión del padre Kapaun, capellán del ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea. Estas oraciones se produjeron después de que se abriera la causa de canonización del padre Kapaun en 1993.

Hoy, la recuperación de Kear podría contribuir a la causa del padre Kapuan, declarado «Venerable» el año pasado. Para el siguiente paso —la beatificación— necesita un milagro reconocido por la Iglesia como obra de su intercesión. En general, se requiere un segundo milagro de este tipo para la canonización.

Kear compartió la historia de su increíble recuperación con OSV News casi cinco años después de que los restos del padre Kapaun fueran repatriados a Kansas . Recordó haberse lesionado la cabeza cuando era estudiante universitario practicando salto con pértiga, un deporte en el que los atletas usan una pértiga para impulsarse por encima de una barra horizontal. Los cirujanos actuaron con rapidez y le extirparon un tercio del cráneo y aproximadamente el 10 % del lóbulo frontal en un intento por salvarle la vida.

Mientras la gente acudía al padre Kapaun en su nombre, Kear superó todas las expectativas con tan solo sobrevivir. Menos de dos años después de su accidente, volvió a competir en salto con pértiga. Obtuvo una licenciatura y posteriormente un título en ensamblaje de estructuras aeronáuticas mientras trabajaba en una importante empresa fabricante de aeroestructuras. En el decimotercer aniversario de su accidente, se casó con el amor de su vida. Hoy tienen tres hijos.

Chase Kear reza ante el ataúd que contiene los restos del padre Emil Kapaun, capellán del ejército estadounidense, en la Catedral de la Inmaculada Concepción en Wichita, Kansas, el 27 de septiembre de 2021, pocos días antes de su misa fúnebre / Foto de OSV News - Cortesía de Chase Kear

El accidente

Kear recuerda el 2 de octubre de 2008: el día de su accidente. Siendo estudiante de segundo año en el Hutchinson Community College en Kansas, Kear salió disparado a más de 4 metros de altura mientras practicaba salto con pértiga.

“Salté del suelo y me balanceé boca abajo, y la pértiga se deslizó como mantequilla; se flexionó con muchísima facilidad”, dice Kear. “Recuerdo que pensé: ‘Esto puede ser muy bueno o muy malo’”.

Al girarse para caer de espaldas, su cabeza se estrelló contra el suelo. “Me golpeé la cabeza y vi ese destello blanco… como cuando ves estrellas. Así que estuve consciente al menos por un breve instante, el tiempo suficiente para sentir el golpe en la cabeza y noté que se movía”.

La lesión

Se desmayó y, cuando despertó, estaba en el hospital. “La lesión en sí no fue porque se me fracturara el cráneo. Fue mi cerebro el que se estrelló contra el interior del cráneo, provocándome un hematoma cerebral”. 

Según cuenta, a medida que su cerebro se inflamaba, los médicos trabajaron para aliviar la presión y evitar que el hematoma se extendiera. Le extirparon una parte del cráneo que iba desde el centro de la frente hasta la parte posterior de la oreja derecha. También le recortaron tejido cerebral. Según él, los médicos no esperaban que sobreviviera a la cirugía. Y, de ser así, la recuperación sería improbable. 

La recuperación

Las oraciones por Kear comenzaron inmediatamente después de su accidente, cuando su tía lo incluyó en la lista de oración de la iglesia católica del Sagrado Corazón en Colwich. La parroquia, que tenía devoción al padre Kapaun, oró pidiendo la intercesión del sacerdote.

El padre Emil Joseph Kapaun, capellán del Ejército de los Estados Unidos y sacerdote de la Diócesis de Wichita, Kansas, aparece en la fotografía celebrando misa desde el capó de un jeep el 7 de octubre de 1950 en Corea del Sur. Candidato a la santidad, falleció el 23 de mayo de 1951 en un campo de prisioneros de guerra norcoreano. (Foto de OSV News/Cortesía del médico del Ejército de los Estados Unidos Raymond Skeehan)

“La oración del Padre Kapaun en nuestra parroquia era una oración que rezábamos por los enfermos y moribundos en la línea de oración. Si estabas en esa lista de oración… estabas prácticamente al borde de la muerte”, asegura  Kear.

El padre Kapaun, un célebre capellán y capitán del Ejército de los Estados Unidos, a quien se le otorgó póstumamente la Medalla de Honor en 2013, vivió entre 1916 y 1951. Ordenado sacerdote de la Diócesis de Wichita, Kansas, en 1940, arriesgó su vida en repetidas ocasiones al servicio de los soldados. Falleció a los 35 años en un campo de prisioneros de guerra en Pyoktong, Corea del Norte.

Personas de todo el mundo oraron pidiendo la intercesión del padre Kapaun después de que los hermanos de Kear crearan un grupo de apoyo en Facebook solicitando oraciones.

“Empecé a hacer cosas en horas y días que, para la mayoría de las personas con la gravedad de esa lesión, habrían tardado semanas, meses o años en hacer, si es que alguna vez lo lograban”, dice Kear. “Uno de los aspectos del milagro que se está investigando es la rapidez y el alcance de la recuperación”. En total, Kear pasó más de una semana en coma y más de un mes en el hospital. 

El padre Emil Kapaun, capellán del ejército estadounidense y sacerdote de la diócesis de Wichita, Kansas, aparece en un retrato sin fecha / Foto de OSV News - Cortesía de la Diócesis de Wichita

Una conexión especial

Kear escuchó por primera vez la historia del padre Kapaun cuando el hermano menor del sacerdote, Eugene, y su esposa, Helen, hablaron con la clase de religión de octavo grado de Kear. 

Más tarde, Kear descubrió que tenía muchas conexiones con el padre Kapaun. Su abuelo había sido amigo de Eugene. Tras la muerte de su abuelo, la familia de Kear encontró una caja con recortes de periódico que revelaban que había estado siguiendo la historia del padre Kapaun en tiempo real.

Más de una década después de su accidente, Kear también compró una casa que, casualmente, estaba al lado de una casa que Eugene había construido y de la que era propietario.

Kear afirma que “el accidente fortaleció mi fe increíblemente. Hoy en día, sigo orando para que el padre Kapaun interceda por mi.Solo le pido que esté conmigo y me guíe.Que me ayude a tomar la decisión correcta”, dice.

En 2021, cuando los restos del padre Kapaun fueron repatriados a Kansas, Kear estuvo presente. Asistió al funeral del sacerdote, que tuvo lugar tres días antes de su propia boda. 

“Pasé de la peor situación posible a donde estoy ahora, y todavía me parece increíble”, dice Kear. “No podría haberlo hecho solo”.