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lunes, 29 de junio de 2026

Mélanie Niemiec: «Mis padres se divorciaron, me sentí abandonada por el Señor, me aleje de Él, durante años estuve deprimida; una confesión en Lourdes cambió mi vida y me llevó a abandonarme en el Sagrado Corazón de Jesús»

A la luz de su propia historia como hija de padres divorciados, Mélanie encuentra refugio en el Sagrado Corazón de Jesús, que la sostiene cada día desde entonces./ Foto: Maria Vargas - Aleteia

* «Fui al Sagrado Corazón de Montmartre a pasar una noche de adoración, me detuve ante la capilla de santa Margarita María Alacoque. Allí encontré un pequeño folleto que presentaba las promesas del Sagrado Corazón. Una frase me llamó la atención: ‘Pondré la paz en vuestras familias’. Comprendí que me invitaba a pedir un corazón semejante al de Jesús: un corazón abandonado al amor del Padre, a su voluntad y a su misericordia»

Camino Católico.- Mélanie Niemiec, de 24 años, que quedó marcada por el divorcio de sus padres, se sintió abandonada durante mucho tiempo. En Lourdes, una confesión le cambió la vida y la puso en el camino del Sagrado Corazón. Hoy, comprometida de por vida con la Guardia de Honor, da testimonio de la fuerza de un corazón entregado a Dios

"Pídele a Dios que te dé un corazón abandonado". Mélanie recibió esta frase a los 16 años, en medio de una prueba, durante una confesión en Lourdes. En ese momento, no la entendió. El encuentro con el Sagrado Corazón, años más tarde, le aclaró las cosas. A la luz de su historia como hija de padres divorciados, Mélanie descubre en el Corazón de Jesús un refugio que, desde entonces, la sostiene cada día.

La herida del divorcio

Tras su conversión, y durante varios años después, Mélanie emprendió una búsqueda. Buscaba comprender qué significaba realmente ese "corazón abandonado" / Foto: Marie-Christine Bertin (diócesis de París) - Aleteia

Nacida en 2002, Mélanie creció en los suburbios de París, en el seno de una familia católica practicante de origen polaco. Sus padres se divorciaron cuando ella tenía nueve años. Una experiencia que la marcó profundamente. Sin embargo, ante esta situación, no puso en duda la existencia de Dios.

"Sí, me sentía abandonada por el Señor. Ante el sufrimiento familiar, me decía a mí misma que Dios no debía preocuparse mucho por mí. Así que decidí dejar de interesarme por Él a cambio. Pero creía en Él", confiesa a Hortense Leger en Aleteia.

Tras su primera comunión, dejó de asistir a Misa y se fue alejando poco a poco de la Iglesia durante varios años. "Toda mi adolescencia estuvo marcada por un profundo malestar. Estaba triste, perdida, deprimida, incapaz de encontrar mi lugar". Un periodo que la joven considera el más oscuro de su vida.

Lourdes: de la muerte a la vida

En la oscuridad, son sus amigos quienes ayudan a Mélanie a mantener la cabeza a flote. "No eran creyentes, algunos incluso eran muy críticos con la Iglesia, pero eran alegres y fieles". En segundo de bachillerato, le proponen prepararse para la confirmación. Sin mucha convicción, Mélanie acepta. Se va al Frat de Lourdes en abril de 2018, rodeada de sus compañeros.

Fue entonces cuando, de repente, en medio de la peregrinación, decidió ir a confesarse. "Sentí como una llamada para ir a ver a un sacerdote". Allí, ante aquel cuyo rostro había olvidado y del que solo recordaba "los grandes ojos azules", lo contó todo: la herida del divorcio, los conflictos incesantes en casa, el sentimiento de abandono. Antes de darle la absolución, el sacerdote pronuncia dos frases: "Reza mucho por tus padres, nadie lo hará por ti" y luego "Pídele a Dios que te dé un corazón abandonado".

Palabras que la joven no entendió en ese momento. "La primera me parecía casi injusta. En cuanto a la segunda, me dejaba perpleja: ¿acaso mi corazón no estaba lo suficientemente abandonado?". Sin embargo, estas palabras marcan el inicio de la conversión de Mélanie. "Esa confesión cambió mi vida —afirma—. Llegué a Lourdes muerta por dentro, y me fui de allí viva".

Pedir un corazón semejante al de Jesús

Tras su conversión y durante varios años, Melania se embarcó en una búsqueda. Intentó comprender qué significa realmente ese "corazón abandonado". La respuesta llegaba poco a poco. Entonces surge en ella una atracción cada vez más fuerte por el Sagrado Corazón de Montmartre.

"Una noche —cuenta—, cuando había ido allí a pasar una noche de adoración, me detuve ante la capilla de santa Margarita María Alacoque. Allí encontré un pequeño folleto que presentaba las promesas del Sagrado Corazón". Una frase le llamó la atención: "Pondré la paz en vuestras familias". Esas palabras la conmovieron profundamente.

Entonces todo se aclaró: comprendió, por primera vez, el vínculo entre el "corazón abandonado" del que le hablaba el sacerdote y el Corazón de Cristo. "Comprendí que me invitaba a pedir un corazón semejante al de Jesús: un corazón abandonado al amor del Padre, a su voluntad y a su misericordia".

Un compromiso de por vida

Consagrada solemnemente al Sagrado Corazón de Montmartre, Mélanie Niemiec, a la izquierda, también reza cada mañana una oración de consagración personal / Foto: Mélanie Niemiec - Aleteia

Una devoción a la que Mélanie se adhiere profundamente y que la lleva a comprometerse de por vida con la Guardia de Honor del Sagrado Corazón, una obra espiritual nacida en Paray-le-Monial. "El principio es sencillo —explica—: cada miembro elige una hora de su día que ofrece al Señor en unión con el Sagrado Corazón. Durante esa hora, se siguen las actividades habituales, pero se viven con espíritu de oración y de ofrenda".

Para Mélanie, la elección recayó en las 15:00. "Cada día recito la oración de la Guardia de Honor y luego ofrezco esa hora a Cristo, en comunión con los miles de miembros presentes en todo el mundo". Pero este compromiso no se queda ahí.

Consagrada solemnemente al Sagrado Corazón de Montmartre, también reza cada mañana una oración de consagración personal. "Mi día está realmente marcado por momentos de oración centrados en el Corazón de Cristo. Es un ritmo que estructura mi vida".

El Sagrado Corazón y la herida de los hijos de padres divorciados

Mélanie está convencida de que los hijos de padres divorciados pueden reconocerse a sí mismos en el Corazón de Cristo. "El corazón de un niño que se enfrenta a la separación de sus padres es un corazón desgarrado. Sea cual sea su capacidad de resiliencia, esa herida permanece profundamente grabada en él".

Además, matiza la idea preconcebida de que los niños se adaptan y acaban estando muy bien. "Es cierto que pueden aprender a vivir con ese sufrimiento, pero eso no significa que la herida desaparezca. He descubierto que solo la gracia de Dios puede llegar verdaderamente a esa profundidad". Para Mélanie, el Sagrado Corazón no es solo una devoción entre otras, sino "un hogar, un refugio y una escuela de amor".

Jesús Cabello, cantautor católico al que la Virgen sanó de una leucemia: «Tuve un encuentro con Jesucristo impresionante y supe que está vivo y que tengo una misión»

Jesús Cabello interpretando una de sus canciones / Foto: Instagram de Jesús Cabello

* «A los 4 años ocurrió el milagro. En julio me hicieron una analítica de rutina y nos fuimos de vacaciones a la playa. Dos días después, el hospital llamó a mis padres diciendo que los resultados habían salido muy mal y que debían regresar de inmediato. Mi madre cuenta que, hasta ese momento, su oración había sido de reproche. Pero en ese instante de desesperación, cambió su forma de orar y dijo: ‘Mira, Señor, acepto tu voluntad, pero si sobrevive, te lo entrego’. De camino a Córdoba, pasaron por la aldea de Almonte, donde está la Virgen del Rocío. Allí mi madre se puso de rodillas ante el sagrario y la Virgen, y repitió su promesa»

En el vídeo, el cantautor Jesús Cabello cuenta su testimonio de vida en la Catedral de Córdoba ante el obispo de la diócesis y más de mil jóvenes de los colegios religiosos de la provincia en octubre de 2018

Camino Católico.- Hay historias que permiten percibir el amor de Dios de forma casi tangible, especialmente cuando, en medio del dolor, aparece una luz que transforma todo alrededor.

Así sucedió en la vida de Jesús Cabello, un músico español que apenas con 18 meses de nacido le detectaron una leucemia linfoblástica y un linfoma leucemizado. Esta noticia marcaría un antes y un después.

En 1985, se sometió a un tratamiento en Europa que, en ese momento, era experimental y no había sido probado en niños. Él mismo relata que varios de sus compañeros sufrieron reacciones severas e incluso algunos fallecieron años después. Sin embargo, aunque recibió el mismo medicamento, no perdió el cabello ni la vitalidad.

Jesús Cabello cuando era pequeño / Foto: Cortesía de Jesús Cabello

A pesar de ello, el tratamiento no era suficiente para su condición, por lo que los médicos sugirieron un trasplante de médula. Su hermano era el único posible donante, pero tenía apenas 10 años, así que la familia decidió no asumir ese riesgo.

El milagro que cambió su historia

“A los 4 años ocurrió el milagro. En julio me hicieron una analítica de rutina y nos fuimos de vacaciones a la playa. Dos días después, el hospital llamó a mis padres diciendo que los resultados habían salido muy mal y que debían regresar de inmediato. Mi madre cuenta que, hasta ese momento, su oración había sido de reproche. Pero en ese instante de desesperación, cambió su forma de orar y dijo: ‘Mira, Señor, acepto tu voluntad, pero si sobrevive, te lo entrego’. De camino a Córdoba, pasaron por la aldea de Almonte, donde está la Virgen del Rocío. Allí mi madre se puso de rodillas ante el sagrario y la Virgen, y repitió su promesa”, explica a Aleteia.

Cuando llegaron al hospital, tres horas más tarde, le repitieron los estudios. Esta vez, el resultado fue sorprendente: la enfermedad prácticamente había desaparecido: “En los análisis aparece que la enfermedad está remitiendo. Años después, a los ocho años me quitaron un linfoma en el cuello que no habían visto hasta entonces y estuve cuatro años viviendo con ello más sano que una pera”.

Años después, cuando tenía ocho años, su madre notó una protuberancia en su cuello mientras lo peinaba. Acudieron al médico de inmediato, donde le extirparon un linfoma del tamaño de una cereza que había permanecido enquistado durante todo ese tiempo. A partir de ahí, su recuperación fue inmediata.

Jesús confiesa que, al haber vivido con esta enfermedad desde tan pequeño, nunca percibió algo fuera de lo normal. Incluso llegó a pensar que todos los niños pasaban por estudios médicos similares. No fue sino hasta que su hermana mayor le contó la verdad que comenzó a cuestionarse su propia historia:

“¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué otros compañeros del hospital han muerto? Al hacerte esas preguntas, terminas encontrándote con Dios”.

El papel de su mamá ha sido clave para hacer crecer su fe y la relación con Dios: “Recuerdo que mi madre me enseñó las oraciones más básicas. Con apenas diez años me invitaba a acudir a Misa solo. Supongo que lo hacía con el objetivo de que madurara mi relación personal con Dios. Me iba una hora antes, cuando todavía no había nadie. Me colocaba siempre en el segundo banco de una nave lateral y me sentía muy bien. Pensaba en mis cosas y hacía un repaso de todo lo que puede preocupar a un nene de esa edad. Nunca me sentí solo, al contrario. Estaba súper a gusto. Alguna vez se me acercó el párroco a preguntarme si me pasaba algo o tenía problemas en casa, pero yo le respondía que no con cara de sorpresa. Luego llegaba la Misa de la que me enteraba más bien poco, pero en la consagración siempre me latía el corazón muy fuerte. Volvía a casa con la sensación de haberme hartado de hablar con alguien. Ahora me sorprendo de todo aquello y le pongo nombre a tanto misterio que me atraía poderosamente. Esos ecos todavía resuenan hoy en mi corazón”.

Y subraya que "es curioso que, a pesar de haber tenido una experiencia de oración tan prematura, mi hermano Pedro me ayudó a encauzar todo aquello y me enseñó la Oración de la Iglesia cuando apenas empezaba la universidad.  Ya no me funcionaba ir de salvaje por la vida (ríe). Aquello me permitió hacer oración con la Palabra de Dios. Durante esos años de noviazgo con Paloma, la oración encendió luces en nuestro camino y llegamos a conclusiones preciosas que nos salvaron de caer en una vida sin sabor".

Jesús Cabello con su esposa, Paloma, en la pasada Semana Santa 2026 / Foto: Instagram de Jesús Cabello

El encuentro que le dio sentido a todo

Por esos mismos años, comenzó a tocar la guitarra mientras su hermano le enseñaba algunas canciones. Aunque reconoce que al inicio no cantaba bien, la música despertó en él una alegría profunda.

Asistía a Misa con regularidad y, a los 17 años, participó en unos ejercicios espirituales que marcarían su vida. El 18 de agosto de 2001, mientras oraba en un jardín, rompió en llanto al experimentar un abrazo, un calor y un amor que nunca antes había sentido. En ese momento comprendió el rumbo de su vida: “no quería nada que no fuera Jesucristo. Sentí un abrazo que me cambió la vida. Tuve un encuentro con Jesucristo impresionante y supe que está vivo y que tengo una misión. El cantante cristiano debe tener una historia con Dios, una relación constante de acercamiento y perseverancia. De lo contrario, podemos cantar como los ángeles pero no llegaremos al corazón de los que nos oyen. Dios sólo es el que puede cambiar las vidas, no un músico. Si quieren hacer música católica, aprendan a hacer oración”.

Durante esos mismos ejercicios, recibió el don de la inspiración y comenzó a escribir canciones que expresaban lo que llevaba dentro. Grababa estas composiciones en CDs para amigos y familiares, pero pronto notó que comenzaban a difundirse con rapidez.

Jesús Cabello en el tiempo después que tuviera su encuentro con Cristo. A la izquierda, cantando y, a la derecha, con su novio y hoy esposa, Paloma / Foto: Cortesía de Jesús Cabello

Al año siguiente, regresó planteándose la vocación sacerdotal, influido también por el camino de su hermano, que se había ido al sacerdocio. Sin embargo, fue ahí donde conoció a Paloma, quien se convertiría en su esposa. Tras siete años de noviazgo, se casaron en esa misma casa de espiritualidad en La Zubia (Granada), porque —como él mismo dice— “allí conocimos a Dios y nos conocimos nosotros”.

"Con la oración encuentro sentido a lo que estoy viviendo"

“La oración propicia un encuentro real con Jesús que nos enamora, no nos hace santos de un día para otro y conocemos la medida del Amor que nos cautiva. La oración no es un momento de relax ni de mindfulness. La oración es una relación de amor real que va ordenando el corazón sin desanimarnos, poco a poco, y a través de la cual entendemos qué sentido tiene nuestra existencia. Nunca he sentido la necesidad de orar solamente cuando la vida golpea fuerte, aunque reconozco que en estos momentos es absolutamente fundamental. Independientemente de cómo esté, necesito sentarme para hablar y escuchar. Sí es cierto que cuanto más rezo siento que no actúo yo, sino que voy en volandas. El fruto de todo lo que hacemos se multiplica”.

Y luego puntualiza cómo lo hace ante su paternidad: "A partir de ser padre y de enrolarnos en la frenética rutina, no dispongo de tanto tiempo diario para orar. Muchos sacerdotes me han dicho que una manta de retales también calienta, que aproveche los pequeños momentos que pueda; pero confieso que no es lo mismo. Cuando llega el fin de semana busco 'mi ratito' como un desesperado".

Jesús Cabello comparte cómo reza: “Me gusta orar recién levantado, sentado en la cama. Un sacerdote me explicó una vez que cuando oramos nuestro corazón es como una cebolla: hay que ir quitando capas. Al principio, siempre es complicado centrarse y los proyectos inmediatos se estrellan en la cabeza como kamikazes. También las preocupaciones que nos despistan. La Oración de la Iglesia, los Laudes en este caso, me ayudan a ir entrando en actitud de escucha. Después de la lectura breve empieza ‘el diálogo’. No dejo de sorprenderme cuando llego a esos problemas aparentemente irresolubles y soy testigo de que se van disolviendo hasta quedar en casi nada. Cuando consigo llegar más al centro de la ‘cebolla’, encuentro el sentido de lo que estoy viviendo, incluso contradiciendo lo que minutos antes defendía como una posible solución. Alguien me orienta con una paciencia tremenda. La sensación final siempre es de agradecimiento. Me quedo nuevo”.   

Y luego argumenta por qué recomienda la oración: “En 2007 comencé un grupo de oración de jóvenes en mi parroquia. Fui uniendo cabos a circunstancias que me iba encontrando y acabamos cerca de cuarenta preparando oraciones en una pequeña sala de la parroquia. No era nada extraordinario. Se adecentaba una sala, cantábamos, leíamos el Evangelio de ese domingo y compartíamos lo que nos había inspirado. Poco más, pero algunos se emocionaban y lloraban con verdadera necesidad. Durante ese curso académico fue un éxito rotundo. Yo aluciné; no me ha vuelto a pasar. Soy testigo de todo el bien que hizo en unos y otros, y todavía lo recordamos con asombro. ¡Hasta salió un cura de ahí! Quizás en la Iglesia le prestamos demasiada atención a la formación. Tenemos mogollón de horas de catequesis en las parroquias, además de los sacramentos; pero apenas hay encuentros de oración donde puedan reunirse en comunidad laicos con toda clase de circunstancias para abrir el corazón con la Palabra de Dios. Debemos acercar a la gente a Jesús. No podemos empezar la casa por el tejado”.

Y añade: “Orar con música supone acercarse al silencio donde Dios habla. La música no es un fin, sino un medio. A mí me pasa. A veces he cantado alguna canción y he sentido la necesidad de callar y escuchar después. En ocasiones, los aplausos de los conciertos no ayudan a que el mensaje de una canción cale dentro, repose y dé fruto, sino que lo espanta. No es lo mismo servirse de la música en una Adoración que en un concierto. Lo primero adquiere todo el sentido, pero insisto en que la música es solo un medio”.

Una fe sostenida por la Virgen

Jesús también compartió un momento especialmente doloroso en su vida matrimonial. En 2010, él y su esposa atravesaron un aborto. Tiempo después, su esposa comenzó a acudir con frecuencia a una iglesia con adoración al Santísimo, donde solía detenerse ante la imagen de la Virgen de Guadalupe para rezarle “de madre a madre”.

Poco tiempo después, quedó embarazada nuevamente. Su hijo nació el 12 de diciembre de 2012, justamente el día de la Virgen de Guadalupe. Desde entonces, esta advocación ocupa un lugar muy especial en su familia.

Una vocación que se vive en lo cotidiano

La música es una parte esencial de su vocación, aunque no la única. También es maestro de literatura para jóvenes y padre de familia. Aunque ha tenido la oportunidad de presentarse en países como Panamá, Estados Unidos, Italia o Polonia, compartiendo escenario con músicos de talla internacional, ha comprendido que el don recibido implica también una responsabilidad.

“En 2017 me propusieron mudarme a Estados Unidos para vivir de la música, con todas las facilidades, pero dije que no. Por mi forma de ser, no podría vivir solo de los focos, los aplausos y los viajes, desarraigándome de mi familia. Necesito tener los pies en el suelo, y la rutina del día a día con mis alumnos me aporta muchísimo”.

Jesús-Cabello en una de sus interpretaciones / Foto: Instagram de Jesús Cabello

Jesús vive tres vocaciones que se integran y dan forma a la persona que es hoy. Busca compartir aquello que ha recibido:

“Cuando canto o pongo al servicio mis talentos, siento una profunda misericordia. Siento que tengo una deuda con Dios, porque me ha regalado dos vidas (al nacer y al sanarme), algo que otros compañeros no tuvieron. La música y los conciertos son solo una forma de corresponder, aunque sea mínimamente, a lo que Dios ha hecho por mí”.

Jesús Cabello en plena actuación / Foto: Cortesía de Jesús Cabello

Así, testimonios como este muestran cómo Dios toca el corazón de quienes se abren a Él y los acompaña en sus dones. Jesús adelantó que su nuevo disco saldrá el 17 de junio, en el que busca narrar todo lo que Dios ha hecho en su vida, convirtiéndolo en alabanza. “Estamos aquí de paso y, como decía San Felipe Neri: ‘Yo prefiero el paraíso’”.

La oración que recomienda: “La letanías de la humildad”

A la hora de recomendar una oración, Jesús afirma que hay muchas que le han ayudado. «En la universidad conocí las Letanías de la humildad del cardenal Merry del Val y me hicieron mucho bien. No es fácil subirse a un escenario y tener el corazón en su sitio. Creo que a cualquier joven católico le vendría muy bien en este tiempo selfie que nos ha tocado vivir». Así ser rezan:

Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón parecido al tuyo.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Señor

del deseo de ser honrado, líbrame, Señor

del deseo de ser aplaudido, líbrame, Señor…

Concédeme, Señor, el deseo de que otros sean más amados que yo,

de que otros sean más estimados que yo,

de que otros crezcan susciten mejor opinión de la gente y yo disminuya…

De ser desconocido y pobre, Señor, me alegraré…

Dios mío, no soy más que polvo y ceniza…

Homilía del P. Pedro Luis López y lecturas de la Misa de hoy, lunes, solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, 29-6-2026

29 de junio de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Pedro Luis López y lecturas de la Santa Misa de hoy, lunes, solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, lunes, solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, 29-6-2026

29 de junio de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, lunes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario, solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, presidida por el P. Pedro Luis López, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Palabra de Vida 29/6/2026: «Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 29 de junio de 2026, lunes de la 13ª semana del Tiempo Ordinario, solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Mateo 16, 13-19:

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron:

«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús le respondió:

«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 29-6-2026

29 de junio de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Ante el dolor causado por el terremoto en Venezuela, nos unimos en oración por las víctimas, sus familias y todos los que trabajan en las labores de rescate / Por P. Carlos García Malo

 


domingo, 28 de junio de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 28-6-2026: «En un mundo en el que se vive obsesionado por poseer, el amor da fruto en la entrega: cuando estamos dispuestos a perder un poco de nuestro yo y hacer espacio al otro»

* «Jesús dice: ‘El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí’. En el momento en que comienza a enviar en misión a sus apóstoles, el Señor los quiere libres de cualquier atadura. Pero vale para todos el hecho de que también los afectos más importantes encuentran su plenitud gracias al amor que Cristo nos da. Pensemos, por ejemplo, en la vida matrimonial: sólo se la puede vivir plenamente “dejando” la casa de los padres (cf. Mt 19,6) para comprometerse en la relación conyugal. Pensemos también en el crecimiento de los hijos: se les ayuda a realizarse y a ser felices educándolos para valerse por sí mismos y tomar sus decisiones… Jesús nos invita a abrazar la Cruz: Él se ofreció, se perdió a sí mismo y, precisamente así, nosotros hemos podido recibir su vida en abundancia. Del mismo modo, si vivimos en la lógica del don, también nosotros seremos capaces de engendrar vida nueva en nuestras relaciones» 

   

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Deseo expresar mi cercanía a las hermanas y hermanos venezolanos afectados por los recientes terremotos que provocaron numerosas víctimas y heridos, así como ingentes daños materiales. Mientras ruego al Señor por el eterno descanso de los fallecidos, renuevo mi cercanía espiritual a sus familiares, a los lesionados y a quienes han sido golpeados por esta tragedia. Así mismo, manifiesto mi gratitud y aliento a cuantos trabajan con generosidad en las labores de búsqueda y de asistencia» 

 


28 de junio de 2026.- (Camino Católico)  “En un mundo en el que perder parece ser una debilidad y se vive obsesionado por tener y poseer. Sin embargo, el amor da fruto sólo en la entrega: cuando estamos dispuestos a perder un poco de nuestro yo para hacer espacio al otro”, ha dicho el Papa León XIV en su alocución previa a la oración del Ángelus de hoy, 28 de junio, III domingo del tiempo ordinario.

Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico, ante unos 20 mil fieles romanos y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, no obstante la tórrida jornada, el Pontífice reflexiona sobre el Evangelio que propone la liturgia del día que refiere algunas exhortaciones de Jesús para seguirlo y ser testigos de su Reino. “No se trata de actos exteriores, sino de comprometer todo nuestro ser en una relación de amor con Él”, puntualizó León. Y indica tres actitudes necesarias para que el amor dé fruto: desprendimiento, pérdida y hospitalidad.

“Quien retiene la vida sólo para sí mismo en realidad la pierde, porque esta no se abre a la alegría del amor y se vuelve estéril” afirma. Y es por ello que “Jesús nos invita a abrazar la Cruz. Él se ofreció, se perdió a sí mismo y, precisamente así, nosotros hemos podido recibir su vida en abundancia”. Del mismo modo, si vivimos en la lógica del don, también nosotros seremos capaces de engendrar vida nueva en nuestras relaciones.

Una vez más el Papa León XIV ha manifestado su cercanía y solidaridad a Venezuela, duramente golpeado por el doble terremoto del pasado 24 de junio que afectó sobre todo al estado costero de La Guaira. Al término del Ángelus, el Papa elevó al cielo su oración por la población. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:  



PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

XIII domingo del Tiempo Ordinario, 28 de junio de 2026

Hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

También en el Evangelio de hoy (Mt 10,37-42), escuchamos algunas exhortaciones de Jesús para seguirlo y ser testigos de su Reino. No se trata de actos exteriores, sino de comprometer todo nuestro ser en una relación de amor con Él. Y para dar fruto, el amor requiere al menos tres cosas: el desprendimiento, la pérdida y la hospitalidad.

Ante todo, el desprendimiento. Jesús dice: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí» (v. 37). En el momento en que comienza a enviar en misión a sus apóstoles, el Señor los quiere libres de cualquier atadura. Pero vale para todos el hecho de que también los afectos más importantes encuentran su plenitud gracias al amor que Cristo nos da. Pensemos, por ejemplo, en la vida matrimonial: sólo se la puede vivir plenamente “dejando” la casa de los padres (cf. Mt 19,6) para comprometerse en la relación conyugal. Pensemos también en el crecimiento de los hijos: se les ayuda a realizarse y a ser felices educándolos para valerse por sí mismos y tomar sus decisiones. Dice san Agustín: «Es cosa triste perder lo que amas; pero a veces también el agricultor pierde lo que siembra» (Sermón 330, 2). Sólo “perdiendo” esa semilla, arrojada en la tierra, podrá verla florecer.

En este sentido, el amor es también pérdida. Nos cuesta comprenderlo, especialmente en un mundo en el que perder parece ser una debilidad y se vive obsesionado por tener y poseer. Sin embargo, el amor da fruto sólo en la entrega: cuando estamos dispuestos a perder un poco de nuestro yo para hacer espacio al otro, a perder un poco de tiempo para escuchar a un amigo, a perder un poco de comodidad para compartir una situación de dificultad. Quien retiene la vida sólo para sí mismo —dice el Evangelio— en realidad la pierde (cf. v. 39), porque esta no se abre a la alegría del amor y se vuelve estéril. Por eso Jesús nos invita a abrazar la Cruz: Él se ofreció, se perdió a sí mismo y, precisamente así, nosotros hemos podido recibir su vida en abundancia. Del mismo modo, si vivimos en la lógica del don, también nosotros seremos capaces de engendrar vida nueva en nuestras relaciones.

Y finalmente, la hospitalidad. El amor, en efecto, se expresa en elecciones y acciones concretas, en un compromiso hecho de pequeños gestos cotidianos, como el de ofrecer un vaso de agua a quien tiene sed (cf. v. 42). Jesús, al enviar a sus discípulos delante de Él, les pide que vayan sin provisiones, es decir, necesitados, porque de este modo podrán suscitar hospitalidad en aquellos que encuentren a su paso. Y así, recibiendo a quien viene en nombre de Jesús, lo recibe a Él y al Padre celestial que lo ha enviado. El amor al Señor pasa siempre por la manera fraterna en que acogemos a los demás.

Queridos amigos, recemos a la Virgen María, que amó a su Hijo sabiendo también perderlo; que ella nos ayude a ser testigos humildes y alegres del amor de Cristo.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Deseo expresar mi cercanía a las hermanas y hermanos venezolanos afectados por los recientes terremotos que provocaron numerosas víctimas y heridos, así como ingentes daños materiales. Mientras ruego al Señor por el eterno descanso de los fallecidos, renuevo mi cercanía espiritual a sus familiares, a los lesionados y a quienes han sido golpeados por esta tragedia. Así mismo, manifiesto mi gratitud y aliento a cuantos trabajan con generosidad en las labores de búsqueda y de asistencia.


Doy ahora la bienvenida a todos ustedes, romanos y peregrinos, agradeciéndoles por haber venido incluso con este calor.


Saludo a los fieles de la diócesis de Kumba, en Camerún y a todos aquellos de otros países.


Saludo a los jóvenes religiosos Camilianos; a los grupos parroquiales de Priolo Gargallo, Avola, Regalbuto y Bari; a los scouts de Rovereto y a los chicos de Mestrino, de la diócesis de Padua, que recibieron la Primera Comunión y la Confirmación.


¡Les deseo a todos un feliz domingo! Y nos vemos de nuevo mañana con motivo de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo.


Papa León XIV



Fotos: Vatican Media, 28-6-2026