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jueves, 8 de enero de 2026

Papa León XIV en homilía a los cardenales del consistorio, 8-1-2026: «Discernir juntos lo que el Señor nos pide por el bien de su Pueblo: orar, escuchar y reflexionar»

* «Por eso es importante que ahora, en la Eucaristía, pongamos todos nuestros deseos y pensamientos sobre el altar, junto con el don de nuestra vida, ofreciéndolos al Padre en unión con el sacrificio de Cristo, para recobrarlos purificados, iluminados, fundidos y transformados, por la gracia, en un único pan. Solo así, de hecho, sabremos realmente escuchar su voz, acogiéndola en el don que somos los unos para los otros, que es el motivo por el cual nos hemos reunido»

     

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «Nuestro Colegio, aunque rico en muchas capacidades y dones notables, no está llamado a ser, en primer lugar, un equipo de expertos, sino una comunidad de fe, en la que los dones que cada uno aporta, ofrecidos al Señor y devueltos por Él, produzcan el máximo fruto, según su Providencia» 

8 de enero de 2026.- (Camino Católico) En la homilía de la Misa con los cardenales reunidos en Consistorio extraordinario, el Papa subraya el amor fraterno, la escucha y la corresponsabilidad como claves del caminar eclesial: “Discernir juntos lo que el Señor nos pide por el bien de su Pueblo: orar, escuchar y reflexionar”.



A las 7:25 de la mañana de este jueves 8 de enero, el Papa León XIV ha presidido la Santa Misa por la Iglesia con los cardenales en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro. De este modo, ha comenzado el segundo y último día del encuentro. 



En la homilía ha centrado su reflexión en el  Evangelio según san Marcos, que se ha proclamado, en el que se narra la multiplicación de los panes y de los peces. El Santo Padre reconoce que la Iglesia puede sentirse insuficiente ante “una humanidad hambrienta de bien y de paz”. Sin embargo, retomando las palabras de Jesús, recuerda que siempre es posible, juntos, encontrar los dones necesarios: “La Providencia nunca hace faltar los ‘cinco panes y los dos peces’ cuando sus hijos piden ayuda”.



El Papa recuerda que el Colegio Cardenalicio, aun siendo rico en capacidades y dones, “no está llamado a ser, en primer lugar, un equipo de expertos, sino una comunidad de fe”. En ella, los dones ofrecidos al Señor y devueltos por Él están llamados a dar fruto según su Providencia, en una lógica de comunión y servicio.



El Pontífice fue claro al indicar el sentido del encuentro: “No estamos aquí para promover agendas -personales o grupales-, sino para confiar nuestros proyectos e inspiraciones al escrutinio de un discernimiento que nos supera”. Un discernimiento, añade, que solo puede venir del Señor y que orienta la vida y la misión de la Iglesia. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:



CONSISTORIO EXTRAORDINARIO

SANTA MISA

HOMÍLIA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV


Basílica de San Pedro

Jueves, 8 de enero de 2026



«Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios» (1 Gv 4,7). La liturgia nos propone esta exhortación mientras celebramos el consistorio extraordinario, un momento de gracia en el que expresamos nuestra unión al servicio de la Iglesia.

Como sabemos, la palabra Consistorio, Consistorium, “asamblea”, puede ser leída a la luz de la raíz del verbo consistere, es decir, “detenerse”. En efecto, todos nosotros nos hemos “detenido” para estar aquí; hemos suspendido durante un tiempo nuestras actividades y renunciado a compromisos incluso importantes, para reunirnos y discernir juntos lo que el Señor nos pide por el bien de su Pueblo. Esto es en sí mismo un gesto muy significativo, profético, especialmente en el contexto de la sociedad frenética en la que vivimos. De hecho, recuerda la importancia, en cada trayecto de la vida, de detenerse para orar, escuchar, reflexionar y así volver a enfocar cada vez mejor la mirada en la meta, dirigiendo hacia ella todos los esfuerzos y recursos, para no correr el riesgo de correr a ciegas o dar golpes en el aire, como advierte el apóstol Pablo (cf. 1 Co 9,26). De hecho, no estamos aquí para promover “agendas” —personales o grupales—, sino para confiar nuestros proyectos e inspiraciones al escrutinio de un discernimiento que nos supera «como el cielo se alza por encima de la tierra» (Is 55,9) y que solo puede venir del Señor.

Por eso es importante que ahora, en la Eucaristía, pongamos todos nuestros deseos y pensamientos sobre el altar, junto con el don de nuestra vida, ofreciéndolos al Padre en unión con el sacrificio de Cristo, para recobrarlos purificados, iluminados, fundidos y transformados, por la gracia, en un único pan. Solo así, de hecho, sabremos realmente escuchar su voz, acogiéndola en el don que somos los unos para los otros, que es el motivo por el cual nos hemos reunido.

Nuestro Colegio, aunque rico en muchas capacidades y dones notables, no está llamado a ser, en primer lugar, un equipo de expertos, sino una comunidad de fe, en la que los dones que cada uno aporta, ofrecidos al Señor y devueltos por Él, produzcan el máximo fruto, según su Providencia.

Después de todo, el amor de Dios, del que somos discípulos y apóstoles, es amor “trinitario”, “relacional”, fuente de aquella espiritualidad de comunión de la que la Esposa de Cristo vive y quiere ser casa y escuela (cf. Carta ap. Novo millennio ineunte, 43). San Juan Pablo II, deseando su crecimiento al comienzo del tercer milenio, la definió como una «una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado» (ibíd.).

Nuestro “detenernos”, entonces, es, ante todo, un gran acto de amor —a Dios, a la Iglesia y a los hombres y mujeres de todo el mundo— con el cual dejarnos moldear por el Espíritu, primero en la oración y en el silencio, pero también mirándonos a los ojos, escuchándonos unos a otros y haciéndonos voz, a través del compartir, de todos aquellos que el Señor ha confiado a nuestro cuidado como pastores, en las más diversas partes del mundo. Un acto que hay que vivir con corazón humilde y generoso, conscientes de que es por gracia que estamos aquí y no hay nada de lo que tenemos, que no hayamos recibido como don y talento que no se debe desperdiciar, sino emplear con prudencia y valentía (cf. Mt 25,14-30).

San León Magno enseñaba que «Es algo grande y muy valioso ante los ojos del Señor cuando todo el pueblo de Cristo se dedica conjuntamente a los mismos deberes, y todos los grados y todos los órdenes, […] colaboran con un mismo espíritu […]. Entonces ― decía― se alimenta a los hambrientos, se viste a los desnudos, se visita a los enfermos, y nadie busca sus propios intereses, sino los de los demás» (Sermón 88,4). Este es el espíritu con el que queremos trabajar juntos: el de quienes desean que, en el Cuerpo místico de Cristo, cada miembro coopere ordenadamente al bien de todos (cf. Ef 4,11-13), desempeñando con dignidad y en plenitud su ministerio bajo la guía del Espíritu, feliz de ofrecer y ver madurar los frutos de su trabajo, así como de recibir y ver crecer los de la actividad de los demás (cf. S. León Magno, Sermón, 88,5).

Desde hace dos mil años, la Iglesia encarna este misterio en su multifacética belleza (cf. Francisco, Carta enc. Fratelli tutti, 280). Esta misma asamblea es testimonio de ello, en la variedad de procedencias y edades y en la unidad de gracia y fe que nos reúne y nos hermana.

Por supuesto, también nosotros, ante la “gran multitud” de una humanidad hambrienta de bien y de paz, en un mundo en el que la saciedad y el hambre, la abundancia y la miseria, la lucha por la supervivencia y el desesperado vacío existencial siguen dividiendo e hiriendo a las personas, a las naciones y a las comunidades, ante las palabras del Maestro: «Denles de comer ustedes mismos» (Mc 6,37), podemos sentirnos como los discípulos: inadecuados y sin medios. Sin embargo, Jesús vuelve a repetirnos: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver» (Mc 6,38), y esto lo podemos hacer juntos. De hecho, no siempre conseguiremos encontrar soluciones inmediatas a los problemas que debemos afrontar. Sin embargo, siempre, en cualquier lugar y circunstancia, podremos ayudarnos mutuamente —y en particular ayudar al Papa— a encontrar los “cinco panes y los dos peces” que la Providencia nunca hace faltar cuando sus hijos piden ayuda; y acogerlos, entregarlos, recibirlos y distribuirlos, enriquecidos con la bendición de Dios, la fe y el amor de todos, para que a nadie le falte lo necesario (cf. Mc 6,42).

Queridos hermanos, lo que ustedes ofrecen a la Iglesia con su servicio, a todos los niveles, es algo grande y extremadamente personal y profundo, único para cada uno y valioso para todos; y la responsabilidad que comparten con el Sucesor de Pedro es grave y onerosa.

Por ello les doy las gracias de todo corazón. Quisiera concluir encomendando nuestro trabajo y nuestra misión al Señor con las palabras de san Agustín: «Muchas cosas nos concedes cuando oramos; mas cuanto de bueno hemos recibido antes de que orásemos, de ti lo recibimos, y el que después lo hayamos conocido, de ti lo recibimos también […]. Pero acuérdate, Señor, de que somos polvo y que de polvo hiciste al hombre» (Confesiones, 10, 31, 45). Por eso te decimos: «da lo que mandas y manda lo que quieras» (ibíd.).

PAPA LEÓN XIV








Fotos: Vatican Media, 8-1-2026

Santa Misa de hoy, jueves, Feria de Navidad, presidida por el Papa León XIV, con los cardenales del consistorio extraordinario, 8-1-2026


8 de enero de 2026.- (Camino Católico) En la mañana de este jueves 8 de enero de 2026 a las 7:25, el Papa León XIV ha presidido la Santa Misa por la Iglesia con los cardenales reunidos en Consistorio extraordinario en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro. De este modo, ha comenzado el segundo y último día del encuentro. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.



En su homilía, tras la proclamación del Evangelio según san Marcos en el que se narra la multiplicación de los panes y de los peces, el Pontífice ha situado la celebración en el horizonte del amor, del discernimiento y del servicio común a la Iglesia y a la humanidad.

La Navidad / Película de Dibujos animados


Camino Católico
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 La Navidad es una película de Dibujos animados basada en los textos bíblicos que tienen relación con el nacimiento de Jesucristo.




Pero Miličević, con 7 años, vivió como musulmanes bosnios asesinaron a su padre y otros familiares y Dios lo llamó al sacerdocio: «Nunca habríamos resistido sin la fe, la oración y la necesidad de paz; los conocía y los he perdonado»

El sacerdote bosnio Pero Miličević contó su testimonio en la presentación, el pasado 18 de diciembre, del Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz 2026, que se celebrará el próximo 1 de enero

* «Cuando empecé a confesar a los fieles comprendí que no puede haber paz interior sin perdón, y que es necesario enfrentarse a lo vivido. Como Dios perdona nosotros también debemos perdonar, sé quién mató a mi padre pero no puedo vivir en la venganza. Si sintiera resentimiento no sería un hombre de Dios, somos humanos cometemos errores, nacemos en el mismo lugar, no somos demasiado diferentes»

Camino Católico.- El sacerdote bosnio Pero Miličević conoció el rostro más cruel de la guerra siendo un niño de siete años. El 28 de julio de 1993, un grupo de milicianos musulmanes del Ejército de Bosnia y Herzegovina irrumpió en su aldea natal, Dlkani, en el municipio de Jablanica. En apenas una mañana fueron asesinadas 39 personas, entre ellas su padre y varios miembros de su familia.

“Fue la experiencia de la oscuridad y del mal de la guerra”, resumE ante los periodistas en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, durante la presentación, el pasado 18 de diciembre, del Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz 2026, que se celebrará el próximo 1 de enero.

Treinta y dos años después de aquella jornada de terror, aquel niño, que perdió de golpe la inocencia, habla hoy con la serenidad de un sacerdote. El P. Miličević estaba jugando con su hermano gemelo y otro de sus hermanos mayores cuando comenzaron las ráfagas de los disparos. “Los proyectiles pasaron por encima de nuestras cabezas”, recuerda.

Su madre y su hermana los arrastraron al interior de la casa para ponerlos a salvo. Su padre, Andrija, no estaba allí. Había salido al campo para ayudar a una tía pero también lo asesinaron. Tenía 45 años. Su madre, Ruža, quedó viuda con nueve hijos, siete de ellos menores de edad.

Ese mismo día fueron asesinadas también dos hermanas de su madre y varios primos. “Cuando muere uno ya es terrible; cuando mueren tres hijos, como le pasó a mi tía, no sé cómo el corazón de una madre no se rompe”, confiesa el sacerdote, con la voz contenida.

La devastación de aquel 28 de julio no terminó con la matanza. Su madre y sus hermanos fueron deportados a un campo de prisioneros conocido como el “Museo”, en Jablanica, junto a unos 300 católicos croatas. Permanecieron allí siete meses.

Las condiciones eran extremas. “No teníamos comida suficiente, no había higiene y dormíamos sobre frías losas de granito”, relata. La muerte formaba parte del día a día, pero —explica— el dolor físico y el hambre no eran comparables a la angustia de no saber qué iba a ser de ellos.

Lo que los sostuvo fue una fe sencilla, heredada de su madre: el rezo diario del Rosario. “Nunca habríamos resistido sin la fe, la oración y la necesidad de paz”, afirma.

En aquel encierro, la tentación de la venganza era constante. Sin embargo, el P. Miličević asegura que salió del campo con una convicción firme: “Había que mantener la paz en el corazón y no pensar en la venganza”.

Cuando finalmente fueron liberados, llegó otro golpe devastador. El cuerpo de su padre había permanecido siete meses a la intemperie, sin sepultura. Sólo entonces pudieron enterrarlo. “Su cuerpo había quedado sin enterrar; lo que sepultamos fueron sus huesos”, explica.

A menudo le preguntan cómo fue capaz de soportar tanto sufrimiento. Su respuesta no ha cambiado con los años: la fe. “Esa educación en Dios nos alimentó y nos ayudó a atravesar horrores que ningún niño debería ver”, asegura.

El perdón, sin embargo, fue un proceso. No llegó de inmediato hasta su corazón. El P Miličević reconoce sin rodeos que al principio le dominó la rabia. Durante años, el dolor permaneció abierto. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó cuando decidió hacerse sacerdote. Fue ordenado en 2012.

“Cuando empecé a confesar a los fieles comprendí que no puede haber paz interior sin perdón, y que es necesario enfrentarse a lo vivido”, explica. Sólo entonces la herida comenzó a cerrarse.

En 2013, veinte años después de su cautiverio, regresó al antiguo campo de prisioneros. “Volví entre lágrimas”, relata. No fue un ajuste de cuentas, sino un paso decisivo hacia la liberación interior.

El sacerdote bosnio volvió a visitar el campo de prisioneros donde estuvo recluido / Foto: Radio Medjugorje

A lo largo de todos estos años, la luz del Evangelio ilumina el corazón del joven sacerdote, el encuentro con el amor más grande realiza en él la revolución que se abre al perdón. “Como Dios perdona nosotros también debemos perdonar, sé quién mató a mi padre – dice el padre Pero – pero no puedo vivir en la venganza. Si sintiera resentimiento no sería un hombre de Dios, somos humanos cometemos errores, nacemos en el mismo lugar, no somos demasiado diferentes”.

Hoy, su historia encarna el mensaje que León XIV propone para la próxima Jornada Mundial de la Paz. “La paz debe ser vivida, cultivada y custodiada”, subraya el sacerdote. Y añadió: “El mal se vence con el bien, no con la venganza ni con las armas”.

Citando al Pontífice, recuerda que “la bondad es desarmante”. No son los arsenales de armas los que garantizan la paz, sino “corazones dispuestos a acogerla”. Y concluyó con una certeza forjada en la tragedia: “Cuando el hombre busca la justicia, la paz se convierte al mismo tiempo en su obra concreta”.

Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Misa de hoy, jueves de la segunda semana de Navidad, 8-1-2026

8 de enero de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Santa Misa de hoy, jueves de la segunda semana de Navidad, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, jueves de la segunda semana de Navidad, 8-1-2026

8 de enero de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, jueves de la segunda semana de Navidad, presidida por el P. Heliodoro Mira, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Luminosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 8-1-2026

8 de enero de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Luminosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, jueves, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 8/1/2026: «Comieron todos y se saciaron» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 8 de enero de 2026, jueves de la segunda semana de Navidad, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Marcos 6, 34-44:

En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle:

«Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer».

Él les replicó:

«Dadles vosotros de comer».

Ellos le preguntaron:

«¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?».

Él les dijo:

«¿Cuántos panes tenéis? Id a ver».

Cuando lo averiguaron le dijeron:

«Cinco, y dos peces».

Él les mandó que la gente se recostará sobre la hierba verde en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.

Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.

Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces.

Los que comieron eran cinco mil hombres.

Adoración Eucarística con el P. Jesús Luis Sacristán en la Basílica de la Concepción de Madrid, 8-1-2026

8 de enero de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Jesús Luis Sacristán, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Que la luz revelada a los Magos no se apague, sino que nos guíe a vivir con humildad, adoración y caridad todos los días del año / Por P. Carlos García Malo