«A veces, los propios excluidos dicen que la Iglesia les ha atendido muy bien, que les ha ayudado a vivir mejor, pero que les habría gustado que les hubieran hablado más de Dios y de Cristo…. Lo que distingue a la caridad cristiana es vivirla desde una espiritualidad, desde un seguimiento de Cristo. Y eso es lo que da radicalidad, generosidad, gratuidad, esfuerzo sin límites, amor sin juzgar… Por más que haya mucha acción, sin contemplación ni oración, no haríamos nada. En la Eucaristía nace la fuerza para hacer la caridad»





irreconciliables… ¿Podrá auxiliarnos el dinero en el momento de la muerte?... hemos sido creados para establecer con Dios un diálogo de amor en el que Dios se nos da por completo y nosotros respondemos acogiendo y promoviendo su designio para la creación. Cuando asumimos plenamente esta verdad, cesan los «agobios», pues entendemos que Dios vela por nosotros con mayor solicitud que la madre que amamanta al hijo de sus entrañas, y nos llenamos de confianza y de paz”

