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jueves, 24 de enero de 2008

Iniciador del Octaviario centró obra en Reconciliación

¿Y quiénes son los pobres? / Autor: Carlos Padilla LC

“Sería mejor darlo a los pobres”, “hay que trabajar por los pobres” “pensemos primero en los pobres”, “hay que hacerse pobre…”. Todas son frases muy usadas, escuchadas a menudo pero desprovistas de un verdadero rostro. Todas usan ese término: “pobres”, en abstracto. Pero… ¿quiénes son los pobres?

¿Es la pobreza un estado o una virtud? ¿Es alcanzable o se debería huir de ella? Y suponiendo que quisiese conseguirla ¿la esposa estará de acuerdo en vivir con menos cosas? ¿Hay diversos modos de vivir la pobreza? ¿O es la misma pobreza la de san Francisco de Asís, la Madre Teresa, los ciudadanos del tercer mundo, los desempleados, los virtuosos, o los mendigos de los puentes?

Con un planteamiento así la pobreza se nos presenta con un rostro completamente diverso al trazado por nuestra traicionera imaginación. Curiosamente al escuchar “pobreza” vienen a la mente telas roídas, caras pálidas y desnutridas, llagas abiertas, costillas esqueléticas... La pobreza en cambio, también puede ser virtud, de lo contrario estaría reservada a unos cuantos.

Es virtud cuando se convierte en una disposición constante del alma que orienta rectamente los deseos y el apego a las riquezas y cosas de este mundo (Catecismo de la Iglesia Católica 2545). Forja un gran hábito el que se ejercita en el desprendimiento y la renuncia de lo que no es fundamental. Siguiendo este sendero la pobreza le fue posible al arquitecto más grande del siglo XX, al artífice de la futura catedral de Barcelona, “La Sagrada Familia”.

Su nombre: Antonio Gaudí, su siglo: ¡El nuestro! Era el artista más renombrado de la ciudad, su originalidad y talento le situaron en la cúspide de la fama. Le llovían trabajos con remuneraciones magníficas, estaba a cargo de obras de envergadura, materialmente no le faltaría nada, podría resolver su vida y la de las cuatro generaciones subsiguientes. ¡Todo resuelto, a disfrutar se ha dicho!

El arquitecto de Dios, el viejo de la barba blanca y los ojos de un color azul encendido, eligió otro camino. Una senda estrecha pero libre, exigente pero feliz, congruente y generosa. Optó por una pobreza digna y elocuente. Vivió sus últimos años en un pequeño cuarto debajo de la catedral, tal como lo atestiguan las hermanas religiosas que lo conocieron. “Cuando fuimos no encontramos nada, ni un bote, ni una cuchara, ni un trozo de papel, nada. Apenas tenía nada ni para encender el fuego”.

Gaudí es ejemplo de una pobreza callada y desprendida de todo lo superfluo. Pobre es aquél que teniendo bienes, sólo los usa en la medida en que estrictamente los necesita. Al pobre por virtud le basta lo indispensable y cuando incluso eso le falta le sobra amor para suplir aquel hueco material.

Hay muchos casos así, hombres de nuestro tiempo, emprendedores, luchadores, empresarios o profesionistas de éxito que arrancan de su corazón y su vida lo inútil, lo superfluo, lo cómodo. Saben dar a los demás con generosidad y a la vez administrar con responsabilidad y competencia. Buscan fortalecer sus empresas para así dar más trabajo a la gente. No dan el pescado: enseñan a pescar, alimentan el capital, no lo destruyen. El objetivo es socorrer convenientemente a los necesitados y acortar (no solo por unas semanas) las distancias entre unos y otros.

Constituirse pobre con el pobre significa promover su bienestar, el de su persona como el de su familia y entorno, establecer bases equitativas en las relaciones entre patronos y obreros, vivificar y robustecer en los unos y en los otros la conciencia de los propios deberes y la observancia de los preceptos evangélicos. El hombre, sea pobre o rico, que se hace sordo al clamor de sus hermanos limita la visión de sí mismo y de los demás. Es un ciego engañado en la sombra efímera que le presentan los bienes del dinero, el poder y los placeres.

La pobreza en esa perspectiva es activa. No se duerme bajo las llagas de la miseria ni se acomoda en un egoísta “tengo lo necesario apenas para mí, los demás que se las arreglen”.

Por ello para cultivar con integridad esta virtud y evitar todo individualismo, la pobreza viaja acompañada de la caridad, de la generosidad. Hay pobres en lo material que son también ejemplares en la aceptación de su estado. Agradecen todos los dones, aprecian las ayudas, se esfuerzan por superarse y, lo que es más importante, acompañan sus carencias materiales con una ancha pobreza de espíritu. Por eso no caben en sus pechos los celos, la envidia, el odio hacia el rico, el burgués, el jefe, el sistema, el gobierno y un largo etcétera de posibles culpables. El pobre que desea con rabia lo es sólo en los bolsillos, el pobre que desea vaciarse para enriquecer su corazón lo es en plenitud ¡Ese es pobre virtuosamente!

Entonces, las cosas materiales, ¿estorban? ¿Son el cáncer de este mundo, la enfermedad del espíritu? San Ignacio de Loyola, con sus ejercicios espirituales, nos contestaría: “Tanto en cuanto, hermano mío, tanto en cuanto”. Lo material es bueno o malo en tanto en cuanto me lleve a mi Creador o me aleje de Él. En acercarme a mi Creador se encierra mi ideal, mi prójimo, mi felicidad. “Soy más feliz mientras más doy. Dar lo que tengo, lo que soy, lo que puede servirte, lo que puede llevarnos, a los dos, a nuestra máxima plenitud”.

El hombre vale más que sus bolsillos, sea que estos estén llenos o agujereados, porque el peso del hombre está en su corazón.

Señor, Tú que te hiciste pobre para enriquecernos a todos, ¡enséñame a seguir Tu ejemplo y vivir tu bienaventuranza!

“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mt 5,3).

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Fuente: GAMA - Virtudes y valores

El Papa recibe al grupo de trabajo conjunto Iglesia católica-Consejo mundial de las Iglesias

El ecumenismo visto por sus líderes

Evangelizar con el teléfono móvil

600 jóvenes evangelizarán diócesis española

Día: 25 / Tienes un mensaje: Evangelio y reflexión de hoy

Día 25: Buenos días, Señor: Oración: se que me has llamado

La Palabra de Dios te realiza en tu humanidad / Autora: Madre Elvira, fundadora de la Comunidad Cenáculo

Cada vez estoy más convencida que la única fuente de vida es Dios. Nosotros hemos nacido de esa fuente de Luz. Aún inconcientemente el abrazo del amor de Dios envuelve nuestra historia; cada respiro nuestro es el aliento de Dios que sopla dentro de nosotros.

El encuentro que hoy vivimos con este Dios que se ha revelado espontáneamente en la plenitud de los tiempos, a través de la Palabra del Padre y que se llama Jesús de Nazareth, nos revela que nuestra historia es amada por Dios. Hoy tenemos la posibilidad de rescatar toda la verdad de nuestro Credo porque la fe se hace Amor que camina, que se entrega. No basta solamente creer, conocer a Dios con la mente: la experiencia de Dios no es sólo intelectual, científica, sino que Él es el Amor, así lo definió San Juan. Dios se reveló como don de amor, y con gestos concretos de amor.

En estos días me resuena en la mente esta Palabra: “El que cree en mí no cree en mí, sino en El que me ha mandado…Yo he venido al mundo como Luz y el que cree en mí no permanece en las tinieblas”¨ Tenemos la certeza de que si creemos en El no permanecemos en las tinieblas: la oscuridad no está solo en la noche sino también cuando estamos insatisfechos, también es la oscuridad de nuestras confusiones mentales, de nuestros miedos, de nuestras huidas. Cuando vivimos esto quiere decir que decaemos en nuestra fe, que no creemos en El, porque “Él como Luz ha venido al mundo”, principalmente Luz del mundo interior. Tenemos una luz dentro nuestro: la Palabra de Dios. Jesús no se burla de nosotros, Él es la verdad. Si hay algo que es verdaderamente concreto humano, profundamente humano, que te realiza en tu humanidad como mujer, como hombre, es la Palabra de Dios. Porque no es simplemente una Palabra, sino que es la Vida de nuestra vida, Carne de nuestra carne, la sustancia de nuestro ser, el camino de la verdadera libertad. A menudo me pregunto: “¿Por qué tenemos entonces tanto miedo?¿En que punto está nuestra Fe?”

El Amor y la Luz de Dios alejan el miedo, “en el amor no hay temor”. El Amor genera la Confianza, la Confianza genera la Paz, al principio de este año renovamos con alegría nuestra confianza en el Amor de Dios, que nos ha ofrecido María. Repitamos día y noche en nuestra mente en nuestro corazón y en cada situación que vivamos:”Jesús en vos confío”, con la certeza de que cada momento de nuestro vivir será iluminado por Su Luz.
¡Feliz Año nuevo a todos!

Quiero ver a Jesús / Autor: P. Jesús Higueras

Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. Vivía en ella un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma. Quería conocer a Jesús, pero no conseguía verle, porque había mucha gente y Zaqueo era de baja estatura. Así que, echando a correr, se adelantó, y para alcanzar a verle se subió a un árbolb junto al cual tenía que pasar Jesús. Al llegar allí, Jesús miró hacia arriba y le dijo:
–Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa.
Zaqueo bajó aprisa, y con alegría recibió a Jesús. Al ver esto comenzaron todos a criticar a Jesús, diciendo que había ido a quedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo, levantándose entonces, dijo al Señor:
–Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más.
Jesús le dijo:
–Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque este hombre también es descendiente de Abraham. Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.
Lc 19, 1-10

Siempre me ha costado levantarme por las mañanas, siempre, excepto en algunas ocasiones especiales, en las que hay un plan interesantísimo para ese día. Entonces no me cuesta nada, y me pongo en pie casi sin despertador. Esto creo que nos pasa a todos: cuando algo nos importa mucho, no escatimamos los medios y los esfuerzos para llevarlo a cabo.

Así le sucedió a Zaqueo, el protagonista del Evangelio: tenía tanto interés en ver a Jesús, que intentaba distinguirlo ante el gentío, e incluso, sin miedo al ridículo, como un niño pequeño, se subió a un árbol, recordando tal vez su infancia y olvidando los achaques de su edad. Y este gesto conmovió a Jesús y provocó una intervención especial de Dios en su vida.

Ya me gustaría que el mismo deseo que tuvo Zaqueo por ver al Señor, lo tuviera yo y lo tuvieran tantos cristianos que tal vez hemos dejado que se nos meta la rutina y el “acostumbramiento” en las cosas de Dios. “Quiero ver a Jesús”, debería ser la exclamación interior de cada cristiano cuando se dirige a la Santa Misa, o cuando va a orar en su interior, o cuando va a socorrer a un necesitado. Porque ver a Jesús en el cada día, en cada persona, en cada acontecimiento, es una meta que puede ilusionarnos y volver a llenar de sentido nuestras jornadas grises y monótonas. Y Jesús claro que se deja ver, claro que se conmueve con los atrevimientos y los esfuerzos que la gente de buena voluntad hace por encontrarle. Pero hay que insistir. Zaqueo no se rindió a la primera, no le importó la opinión de los demás ni el sentido del ridículo. Cuántas voces nos dicen: ¡no luches más! ¡Dios no te oye! ¡No va a actuar en tu vida! ¡Es inútil que te esfuerces! Y hay que decirles a todas esas voces agoreras que no es verdad. Que Dios se sigue conmoviendo contigo y con tu ilusión por verle. Que Dios tiene sed de que tengas sed de Él. Lo hemos oído muchas veces: “El santo no es el que nunca cae, sino el que siempre se levanta de sus caídas”. Y yo tengo que levantarme cada día de mis cansancios, de mis desilusiones; y el único que puede hacerlo es el Espíritu Santo, que puede poner en mi alma el deseo de ver a Jesús.

El enemigo del alma siempre intentará provocar en ti la desesperanza, y como consecuencia de ésta, la indiferencia, de tal modo que tu vida parezca que está como tierra abrasada. Pero esta tierra tuya vuelve a germinar con la presencia del Espíritu de Dios, el gran Renovador de todo.

Si no tuviéramos cada día una renovación interior de nuestros sueños y deseos, caeríamos en ese pecado de la indiferencia ante la vida y sobre todo ante Dios. Por eso necesitamos al “Renovador” del interior, y hay que pedirle con insistencia: ¡Que nunca me canse de soñar, de esperar!.

Llegará el día en que Jesús, como a Zaqueo, te diga: “Baja, porque hoy quiero hospedarme en tu casa”. Y a Jesús no le importa que seas pecador o que tu vida sea de pecado. Se conmueve ante tu situación y quiere sanarla y salvarte. Basta con que tengas un poco de interés por Él. Pídeselo.

Homosexualidad y Esperanza / Autor: Asociación Médica católica EEUU

Los trabajos citados en este informe contradicen el mito de que la atracción homosexual sea genéticamente predeterminada y que no se pueda cambiar, y ofrece esperanzas para la prevención y el tratamiento

La Asociación Médica Católica (EEUU) se dedica a mantener los principios de la Fe Católica en todo lo que se relaciona con la práctica de la medicina y a promover los principios éticos Católicos en la profesión médica, incluyendo profesionales de salud mental, el clero y el público en general.

Ningún tema ha causado más revuelo en la década pasada que el de la homosexualidad, y por ello la Asociación Medica Católica Americana (AMCA) presenta el siguiente resumen y examen de la cuestión en el momento actual. Este resumen se basa en gran medida en las conclusiones de varios estudios, y pone énfasis a la consistencia de las enseñanzas de la Iglesia y de estos estudios. Es de esperar que esta revisión servirá también como instrumento de educación y de referencia para el clero Católico, los médicos, el personal de salud mental, educadores, padres, y para el público en general.

AMCA apoya las enseñanzas de la Iglesia Católica, como ha sido expuesta en la versión revisada del Catecismo de la Iglesia Católica, especialmente las enseñanzas en materia de sexualidad. "Todos los bautizados están llamados a vivir la castidad" (CIC, n.2348) "Los casados están llamados a vivir la castidad matrimonial; los demás viven la castidad en forma de continencia" (CIC 2349) "...la tradición ha afirmado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados... No pueden ser aprobados bajo ninguna circunstancia." (CIC 2333)

Es posible, con la ayuda de la Gracia de Dios, para todas la personas el vivir la castidad, incluyendo aquellos que sienten atracción homosexual, como el Cardenal George, Arzobispo de Chicago, ha expresado en lenguaje muy fuerte, en su discurso a la Asociación Nacional Diocesana Católica para el ministerio a Lesbianas y Homosexuales. "Negar que el poder de la Gracia hace que aquellos que experimentan atracción homosexual, puedan vivir la castidad, es negar, en efecto, que Jesús ha resucitado de entre los muertos" (George, 1999).

Ciertamente hay circunstancias tales como desórdenes psicológicos y experiencias traumáticas, que pueden, a veces, hacer tal castidad más difícil, y aún hay condiciones que pueden disminuir significativamente la responsabilidad individual, en casos de faltas contra la castidad. Sin embargo, tales circunstancias y condiciones, no niegan la libertad de conciencia, ni eliminan el poder de la gracia. Aunque muchos hombres y mujeres que se sienten atraídos homosexualmente, dicen que esos deseos sexuales fueron experimentados como un "hecho dado" (Chapman, 19871) esto no puede implicar una predeterminación genética o una condición inmutable. Algunos se rindieron a la atracción por personas del mismo sexo porque se les dijo que habían nacido con esa inclinación, y que era imposible cambiar el tipo de atracción sexual. Tales personas pueden creer que es fútil y sin esperanza el resistir tal atracción, de modo que abrazan la identidad gay.* Estas personas, entonces, pueden sentirse oprimidas por el hecho que la sociedad y la religión, en especial la Iglesia Católica, no acepta que tales deseos se expresen a través del acto sexual. (Schreier 19982)

Los trabajos citados en este informe contradicen el mito de que la atracción homosexual sea genéticamente predeterminada y que no se pueda cambiar, y ofrece esperanzas para la prevención y el tratamiento.

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Fuente:

Gracias por no quejarte / Enviado por Vivy

En un viaje que hice recientemente estaba sentado detrás de dos niños pequeños que no estaban nada contentos de estar en aquel avión. Sus llantos de queja llenaban la cabina.

Justo antes de despegar, una azafata se detuvo junto a ellos y les dijo con una gran sonrisa: "¿De qué se trata todo este quejido?" Luego de hacerle gracia al irritable niño de 3 años y a su hermanita por unos minutos, la azafata se inclinó y les susurró muy seriamente: "Debo recordarles que en este vuelo no se permiten las quejas."

Los pequeños se quedaron increíblemente callados. Eso hizo sentir mejor a todo el mundo. El viaje se hace muy largo cuando uno se tiene que sentar en la sección de quejas.

Estoy seguro de que Dios quisiera recordarme cada mañana que Él desea que el día de hoy sea un vuelo donde no se permiten las quejas, aunque mi tendencia natural es quejarme.

Meditación para el octavo y último día de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos




Publicamos el comentario a los textos bíblicos escogidos para el octavo y último día de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, el 19 de enero.

El texto forma parte de los materiales distribuidos por la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Consejo Pontificio para la promoción de la Unidad de los Cristianos.


DÍA OCTAVO. Orad siempre para que sean uno

Que la paz reine entre vosotros (1 Tes 5,13b)

Is 11,6-13. El lobo habitará con el cordero

Sal 122. Haya paz dentro de tus muros

1 Tes 5,13b-18. Que la paz reine entre vosotros

Jn 17,6-24. Que sean uno

Comentario

Dios desea que los seres humanos vivan entre ellos en paz. Esta paz no es simplemente una ausencia de guerra o de conflictos; el shalom querido por Dios nace de una humanidad reconciliada, de una familia humana que comparte y refleja en sí misma la paz que solo Dios puede dar. La imagen del lobo viviendo con el cordero, del león dormido cerca del cabrito, intenta ofrecernos una visión simbólica del futuro que Dios desea para nosotros. Puesto que no podemos establecer este shalom por nuestra sola voluntad, estamos llamados a ser instrumentos de la paz del Señor, artesanos de la obra divina de la reconciliació n. La paz, como la unidad, es un don y una llamada.

La oración de Jesús por la unidad de sus discípulos no era ni una orden ni una petición, sino una invocación dirigida al Padre en la víspera de su muerte. Es una oración que surge de lo más profundo de su corazón y de su misión, en el momento en el que prepara a sus discípulos para el tiempo futuro: Padre, que sean uno.

Mientras celebramos el centenario de la Semana de Oración por la unidad y recordamos todas las aspiraciones, oraciones e iniciativas en la búsqueda de la unidad de los cristianos suscitadas durante siglos, es conveniente hacer balance de los pasos que hemos realizado hasta ahora, guiados por el Espíritu Santo. Para nosotros es ocasión de dar gracias por los numerosos frutos que nos ha dado la oración por la unidad. En muchos lugares, la animosidad y los malentendidos han cedido su lugar al respeto y la amistad entre los cristianos y sus distintas comunidades. Sucede a menudo que cristianos que se reúnen para rezar juntos por la unidad dan a continuación un testimonio común del Evangelio a través de acciones concretas y trabajando codo a codo al servicio de los más necesitados. El diálogo permitió construir puentes de comprensión recíproca y solucionar desacuerdos doctrinales que nos dividían.

No obstante, el momento presente deberá ser también para nosotros un tiempo de arrepentimiento, ya que nuestras divisiones están en contradicción con la oración de Cristo por la unidad y con el mandato de Pablo de vivir en paz entre nosotros. Actualmente, los cristianos están abiertamente en desacuerdo sobre distintos temas: más allá de las diferencias doctrinales que nos separan aún, tenemos a menudo posiciones divergentes sobre cuestiones de moral y ética, sobre la guerra y la paz, sobre problemas de actualidad que necesitan un testimonio común. Debido a nuestras divisiones internas y a los conflictos entre nosotros, no estamos en condiciones de responder a la noble vocación de ser signos e instrumentos de la unidad y de la paz queridos por Dios.

¿Qué decir entonces? Tenemos razones para alegrarnos pero también para estar tristes. Damos gracias, en este centenario, por las últimas generaciones que se consagraron generosamente al servicio de la reconciliació n; renovemos hoy nuestro compromiso de ser artífices de la unidad y de la paz queridas por Cristo. Finalmente, este momento particular nos ofrece la ocasión de reflexionar de nuevo sobre lo que significa orar sin cesar, a través de nuestras palabras y nuestras acciones, a través de la vida de nuestras Iglesias.

Oración

Señor, haz que seamos uno: uno en nuestras palabras para que te dirijamos una oración humilde y común; uno en nuestro deseo y en nuestra búsqueda de la justicia; uno en el amor, para servirte en el más pequeño de nuestros hermanos y hermanas; uno en la espera de ver tu rostro. Señor, haz que seamos uno en ti. Amén.

«Los medios: en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la Verdad para compartirla» / Autor: Benedicto XVI

Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2008

Publicamos el mensaje que ha escrito Benedicto XVI con motivo de la XLII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebrará el 4 de mayo de 2008 en torno al tema: «Los medios: en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la Verdad para compartirla».

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Queridos hermanos y hermanas


1. El tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, «Los medios: en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la Verdad para compartirla», señala la importancia del papel que estos instrumentos tienen en la vida de las personas y de la sociedad. En efecto, no existe ámbito de la experiencia humana -más aún si consideramos el amplio fenómeno de la globalización- en el que los medios no se hayan convertido en parte constitutiva de las relaciones interpersonales y de los procesos sociales, económicos, políticos y religiosos. A ese respecto escribía en mi Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del pasado 1 de enero: «los medios de comunicación social, por las potencialidades educativas de que disponen, tienen una responsabilidad especial en la promoción del respeto por la familia, en ilustrar sus esperanzas y derechos, en resaltar su belleza» (n.5).

2. Gracias a una vertiginosa evolución tecnológica, estos medios han logrado potencialidades extraordinarias, lo cual plantea al mismo tiempo nuevos e inéditos interrogantes. Es innegable la aportación que pueden dar al flujo de noticias, al conocimiento de los hechos y a la difusión del saber. Han contribuido de manera decisiva, por ejemplo, a la alfabetización y la socialización, como también al desarrollo de la democracia y al diálogo entre los pueblos. Sin su aportación sería realmente difícil favorecer y mejorar la comprensión entre las naciones, dar alcance universal a los diálogos de paz, garantizar al hombre el bien primario de la información, asegurando a la vez la libre circulación del pensamiento, en orden sobre todo a los ideales de solidaridad y justicia social. Ciertamente, los medios en su conjunto no solamente son medios para la difusión de las ideas, sino que pueden y deben ser también instrumentos al servicio de un mundo más justo y solidario. No obstante, existe el riesgo de que en vez de ello se transformen en sistemas dedicados a someter al hombre a lógicas dictadas por los intereses dominantes del momento. Éste es el caso de una comunicación usada para fines ideológicos o para la venta de bienes de consumo mediante una publicidad obsesiva. Con el pretexto de representar la realidad, se tiende de hecho a legitimar e imponer modelos distorsionados de vida personal, familiar o social. Además, para ampliar la audiencia, la llamada audience, a veces no se duda en recurrir a la trasgresión, la vulgaridad y la violencia. Puede suceder también que a través de los medios se propongan y sostengan modelos de desarrollo que, en vez de disminuir el abismo tecnológico entre los países pobres y los ricos, lo aumentan.

3. La humanidad se encuentra hoy ante una encrucijada. También para los medios es válido lo que escribí en la Encíclica Spe salvi sobre la ambigüedad del progreso, que ofrece posibilidades inéditas para el bien, pero abre al mismo tiempo enormes posibilidades de mal que antes no existían (cf. n.22). Por lo tanto, es necesario preguntarse si es sensato dejar que los medios de comunicación se subordinen a un protagonismo indiscriminado o que acaben en manos de quien se vale de ellos para manipular las conciencias. ¿No se debería más bien hacer esfuerzos para que permanezcan al servicio de la persona y del bien común, y favorezcan «la formación ética del hombre, el crecimiento del hombre interior»? (cf. ibíd.). Su extraordinaria incidencia en la vida de las personas y de la sociedad es un dato ampliamente reconocido, pero hay que tomar conciencia del viraje, diría incluso del cambio de rol que los medios están afrontando. Hoy, de manera cada vez más marcada, la comunicación parece tener en ocasiones la pretensión no sólo de representar la realidad, sino de determinarla gracias al poder y la fuerza de sugestión que posee. Se constata, por ejemplo, que sobre algunos acontecimientos los medios no se utilizan para una adecuada función de informadores, sino para «crear» los eventos mismos. Este arriesgado cambio en su papel es percibido con preocupación por muchos Pastores. Justamente porque se trata de realidades que inciden profundamente en todas las dimensiones de la vida humana (moral, intelectual, religiosa, relacional, afectiva, cultural), poniendo en juego el bien de la persona, es necesario reafirmar que no todo lo que es técnicamente posible es también éticamente realizable. El impacto de los medios de comunicación en la vida de las personas contemporáneas plantea, por lo tanto, interrogantes ineludibles y espera decisiones y respuestas inaplazables.

4. El papel que los medios de comunicación han adquirido en la sociedad debe ser considerado como parte integrante de la cuestión antropológica, que se plantea como un desafío crucial del tercer milenio. De manera similar a lo que sucede en el campo de la vida humana, del matrimonio y la familia, y en el ámbito de los grandes temas contemporáneos sobre la paz, la justicia y la tutela de la creación, también en el sector de la comunicación social están en juego dimensiones constitutivas del ser humano y su verdad. Cuando la comunicación pierde las raíces éticas y elude el control social, termina por olvidar la centralidad y la dignidad inviolable del ser humano, y corre el riesgo de incidir negativamente sobre su conciencia y sus opciones, condicionando así la libertad y la vida misma de las personas. Precisamente por eso es indispensable que los medios defiendan celosamente a la persona y respeten plenamente su dignidad. Más de uno piensa que es necesaria en este ámbito una «info-ética», así como existe la bio-ética en el campo de la medicina y de la investigación científica sobre la vida.

5. Se ha de evitar que los medios se conviertan en megáfono del materialismo económico y del relativismo ético, verdaderas plagas de nuestro tiempo. Por el contrario, pueden y deben contribuir a dar a conocer la verdad sobre el hombre defendiéndola ante los que tienden a negarla o destruirla. Se puede decir incluso que la búsqueda y la presentación de la verdad sobre el hombre son la más alta vocación de la comunicación social. Utilizar para este fin todos los lenguajes, cada vez más bellos y refinados, de los que los medios disponen, es una tarea entusiasmante confiada, en primer lugar, a los responsables y operadores del sector. Es una tarea que, sin embargo, nos corresponde en cierto modo a todos, porque en esta época de globalización todos somos usuarios y a la vez operadores de la comunicación social. Los nuevos medios, en particular la telefonía e Internet, están modificando el rostro mismo de la comunicación y tal vez ésta es una maravillosa ocasión para rediseñarlo y hacer más visibles, como decía mi venerado predecesor Juan Pablo II, las líneas esenciales e irrenunciables de la verdad sobre la persona humana (cf. Carta ap. El rápido desarrollo, 10).

6. El hombre tiene sed de verdad, busca la verdad; así lo demuestran también la atención y el éxito que tienen tantos productos editoriales y programas de ficción de calidad en los que se reconocen y son adecuadamente representadas la verdad, la belleza y la grandeza de la persona, incluyendo su dimensión religiosa. Jesús dijo: «Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8,32). La verdad que nos hace libres es Cristo, porque sólo Él puede responder plenamente a la sed de vida y de amor que existe en el corazón humano. Quien lo ha encontrado y se apasiona por su mensaje, experimenta el deseo incontenible de compartir y comunicar esta verdad: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos -escribe San Juan-, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de Vida [...], os lo anunciamos para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestra alegría sea completa» (1 Jn 1, 1-3).

Invoquemos al Espíritu Santo para que no falten comunicadores valerosos y testigos auténticos de la verdad que, fieles al mandato de Cristo y apasionados por el mensaje de la fe, «se hagan intérpretes de las actuales exigencias culturales, comprometiéndose a vivir esta época de la comunicación no como tiempo de alienación y extravío, sino como un tiempo oportuno para la búsqueda de la verdad y el desarrollo de la comunión entre las personas y los pueblos» (Juan Pablo II, Discurso al Congreso Parábolas mediáticas, 9 noviembre 2002, 2).

Con estos deseos os imparto con afecto mi bendición.

Vaticano, 24 de enero 2008, Fiesta de San Francisco de Sales.



BENEDICTUS PP. XVI

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[Traducción distribuida por la Santa Sede

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]

Iglesia en Alemania lanza nueva campaña pro-familia

Congreso Apostólico Mundial de la Divina Misericordia

El Papa Juan Pablo II y la Divina Misericordia

Juan Pablo II - mi vida

La risa de Juan Pablo II

Juan Pablo II El Pescador

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El Alfarero

Dios esta aqui

Las puertas del cielo y del infierno / Envidado por Carmen Rubio










Cierto día un hombre santo estaba teniendo una conversación con el Señor
y dijo: "Señor, me gustaría saber como son el Cielo y el Infierno.'

El Señor llevó al hombre santo hacia dos puertas.

Él abrió una de las puertas y el hombre santo miró dentro y en medio del cuarto había una gran mesa redonda. En medio de la mesa había una gran olla de guisado que olía tan delicioso que hizo agua la boca del hombre santo. La gente sentada alrededor de la mesa estaba delgada y enferma y parecían hambrientos. Ellos estaban sosteniendo cucharas con mangos muy largos que estaban atados a sus brazos, así que cada uno fue capaz de meter la mano en el pote de guisado y tomar una cucharada, pero por causa de que el mango era más largo que sus brazos, no podían poner las cucharas dentro de sus bocas.

El hombre santo se estremeció ante semejante cuadro de miseria y sufrimiento.

El Señor le dijo: "Has visto el Infierno".

Luego fueron y abrieron la siguiente puerta. Era exactamente igual como el primer cuarto. Había gran mesa redonda con el gran pote de guisado que hizo agua la boca del hombre santo. La gente estaba equipada con las mismas cucharas de mangos largos, pero aquí la gente estaba bien alimentada y llena de salud, riéndose y hablando.

El hombre santo dijo: ¡No entiendo........!
-"Es simple' dijo el Señor:
"Esto requiere de una habilidad.......'
".....Mira: Ellos han aprendido a alimentarse el uno al otro, mientras
que los avaros piensan solamente en ellos mismos'.

El verdadero sentido del amor es dar.

Jesús murió para darte todo.... por amor.

Reflexión: Antes de pensar: "Señor... ¿que tienes para mi vida el día de hoy?' pregúntale: "Padre... ¿que puedo dar a otros de lo mucho que ya me has dado?

Cuándo Jesús murió en la cruz él estaba pensando en todos nosotros.

Totalitarismo democrático / Autor: Pablo Y. González Cuéllar

El problema de fondo de la democracia actual es que está patinando sobre una capa de hielo de poco espesor

No es raro ver a profesores que tienen delante de sí una masa enardecida de niños inquietos y dispuestos a no obedecer. Cuando cargado de valor, el educador se atreve a insinuar una indicación, rápidamente se hace sentir el desconcierto general. Las protestas se levantan y el espacio aéreo se llena al instante de misiles de papel. Una salida fácil para estos casos sería una “votación democrática” sobre lo que se ha de hacer.

Uno de los orgullos más grandes del mundo occidental es la conquista de la democracia. ¡Es verdad! Gracias a ella, la convivencia ha sido más pacífica, el diálogo más franco y las soluciones diplomáticas se buscan antes que la guerra. No cabe duda, es un gran avance.

El problema de fondo de la democracia actual es que está patinando sobre una capa de hielo de poco espesor. Tarde o temprano esta capa se estrellará y se romperá. El resultado será la congelación y muerte de las sociedades que sobre ella patinaban tan seguras.

En nuestros días, la democracia ha penetrado esferas insospechadas. Lo que surgió como una forma de gobierno se ha convertido en una forma de vida social. El problema no es la democracia, sino los valores que la sostienen y sobre los cuales se debe construir la sociedad. Si esa base que la sostiene es débil, se romperá. Si no hay principios morales y antropológicos firmes, la resquebrajadura es sólo cuestión de tiempo.

Hemos llegado a vivir en una especie de totalitarismo democrático donde todo se lleva a votación. Esto no puede ser. Hay cosas que no pueden ser llevadas a referéndum, valores que no pueden ser subyugados por este totalitarismo. Principios cuya vida no puede depender de las mayorías. ¿Es una cuestión de urnas decidir la vida o la muerte de un niño o de un anciano? ¿En qué se basa la democracia? ¿En un puro “tirar para delante” todos juntos, sin importar lo que sea, con tal de estar de acuerdo?

Lo ideal de la democracia sería que el gobierno del pueblo se dirigiera sobre la base de unos principios firmes. No sobre sistemas utilitarios y pragmáticos. En el hombre hay recintos sagrados donde la democracia no puede y no debe tocar la puerta: la vida, la dignidad, la religión…

Muchas veces la democracia se ha convertido en esa salida fácil de emergencia para no afrontar problemas. Si se descuida este punto la sociedad caerá en aguas congeladas. Si no queremos que se convierta en un totalitarismo subyugante, al centro de la democracia debe estar el hombre y, como fin, su realización integral. De hecho, si el educador del que hablamos al inicio hubiera dicho: “Bueno, escojan entre irse de fiesta o estudiar…”, no sería digno del título que le hemos dado. La salida fácil no siempre es la mejor. La democracia no tiene derecho a violar la integridad del hombre. La democracia no debe ser un dictador, sino un educador.

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Fuente: arcol.org