Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

jueves, 8 de enero de 2026

Pero Miličević, con 7 años, vivió como musulmanes bosnios asesinaron a su padre y otros familiares y Dios lo llamó al sacerdocio: «Nunca habríamos resistido sin la fe, la oración y la necesidad de paz; los conocía y los he perdonado»

El sacerdote bosnio Pero Miličević contó su testimonio en la presentación, el pasado 18 de diciembre, del Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz 2026, que se celebrará el próximo 1 de enero

* «Cuando empecé a confesar a los fieles comprendí que no puede haber paz interior sin perdón, y que es necesario enfrentarse a lo vivido. Como Dios perdona nosotros también debemos perdonar, sé quién mató a mi padre pero no puedo vivir en la venganza. Si sintiera resentimiento no sería un hombre de Dios, somos humanos cometemos errores, nacemos en el mismo lugar, no somos demasiado diferentes»

Camino Católico.- El sacerdote bosnio Pero Miličević conoció el rostro más cruel de la guerra siendo un niño de siete años. El 28 de julio de 1993, un grupo de milicianos musulmanes del Ejército de Bosnia y Herzegovina irrumpió en su aldea natal, Dlkani, en el municipio de Jablanica. En apenas una mañana fueron asesinadas 39 personas, entre ellas su padre y varios miembros de su familia.

“Fue la experiencia de la oscuridad y del mal de la guerra”, resumE ante los periodistas en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, durante la presentación, el pasado 18 de diciembre, del Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz 2026, que se celebrará el próximo 1 de enero.

Treinta y dos años después de aquella jornada de terror, aquel niño, que perdió de golpe la inocencia, habla hoy con la serenidad de un sacerdote. El P. Miličević estaba jugando con su hermano gemelo y otro de sus hermanos mayores cuando comenzaron las ráfagas de los disparos. “Los proyectiles pasaron por encima de nuestras cabezas”, recuerda.

Su madre y su hermana los arrastraron al interior de la casa para ponerlos a salvo. Su padre, Andrija, no estaba allí. Había salido al campo para ayudar a una tía pero también lo asesinaron. Tenía 45 años. Su madre, Ruža, quedó viuda con nueve hijos, siete de ellos menores de edad.

Ese mismo día fueron asesinadas también dos hermanas de su madre y varios primos. “Cuando muere uno ya es terrible; cuando mueren tres hijos, como le pasó a mi tía, no sé cómo el corazón de una madre no se rompe”, confiesa el sacerdote, con la voz contenida.

La devastación de aquel 28 de julio no terminó con la matanza. Su madre y sus hermanos fueron deportados a un campo de prisioneros conocido como el “Museo”, en Jablanica, junto a unos 300 católicos croatas. Permanecieron allí siete meses.

Las condiciones eran extremas. “No teníamos comida suficiente, no había higiene y dormíamos sobre frías losas de granito”, relata. La muerte formaba parte del día a día, pero —explica— el dolor físico y el hambre no eran comparables a la angustia de no saber qué iba a ser de ellos.

Lo que los sostuvo fue una fe sencilla, heredada de su madre: el rezo diario del Rosario. “Nunca habríamos resistido sin la fe, la oración y la necesidad de paz”, afirma.

En aquel encierro, la tentación de la venganza era constante. Sin embargo, el P. Miličević asegura que salió del campo con una convicción firme: “Había que mantener la paz en el corazón y no pensar en la venganza”.

Cuando finalmente fueron liberados, llegó otro golpe devastador. El cuerpo de su padre había permanecido siete meses a la intemperie, sin sepultura. Sólo entonces pudieron enterrarlo. “Su cuerpo había quedado sin enterrar; lo que sepultamos fueron sus huesos”, explica.

A menudo le preguntan cómo fue capaz de soportar tanto sufrimiento. Su respuesta no ha cambiado con los años: la fe. “Esa educación en Dios nos alimentó y nos ayudó a atravesar horrores que ningún niño debería ver”, asegura.

El perdón, sin embargo, fue un proceso. No llegó de inmediato hasta su corazón. El P Miličević reconoce sin rodeos que al principio le dominó la rabia. Durante años, el dolor permaneció abierto. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó cuando decidió hacerse sacerdote. Fue ordenado en 2012.

“Cuando empecé a confesar a los fieles comprendí que no puede haber paz interior sin perdón, y que es necesario enfrentarse a lo vivido”, explica. Sólo entonces la herida comenzó a cerrarse.

En 2013, veinte años después de su cautiverio, regresó al antiguo campo de prisioneros. “Volví entre lágrimas”, relata. No fue un ajuste de cuentas, sino un paso decisivo hacia la liberación interior.

El sacerdote bosnio volvió a visitar el campo de prisioneros donde estuvo recluido / Foto: Radio Medjugorje

A lo largo de todos estos años, la luz del Evangelio ilumina el corazón del joven sacerdote, el encuentro con el amor más grande realiza en él la revolución que se abre al perdón. “Como Dios perdona nosotros también debemos perdonar, sé quién mató a mi padre – dice el padre Pero – pero no puedo vivir en la venganza. Si sintiera resentimiento no sería un hombre de Dios, somos humanos cometemos errores, nacemos en el mismo lugar, no somos demasiado diferentes”.

Hoy, su historia encarna el mensaje que León XIV propone para la próxima Jornada Mundial de la Paz. “La paz debe ser vivida, cultivada y custodiada”, subraya el sacerdote. Y añadió: “El mal se vence con el bien, no con la venganza ni con las armas”.

Citando al Pontífice, recuerda que “la bondad es desarmante”. No son los arsenales de armas los que garantizan la paz, sino “corazones dispuestos a acogerla”. Y concluyó con una certeza forjada en la tragedia: “Cuando el hombre busca la justicia, la paz se convierte al mismo tiempo en su obra concreta”.

Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Misa de hoy, jueves de la segunda semana de Navidad, 8-1-2026

8 de enero de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Santa Misa de hoy, jueves de la segunda semana de Navidad, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, jueves de la segunda semana de Navidad, 8-1-2026

8 de enero de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, jueves de la segunda semana de Navidad, presidida por el P. Heliodoro Mira, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Luminosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 8-1-2026

8 de enero de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Luminosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, jueves, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 8/1/2026: «Comieron todos y se saciaron» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 8 de enero de 2026, jueves de la segunda semana de Navidad, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Marcos 6, 34-44:

En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle:

«Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer».

Él les replicó:

«Dadles vosotros de comer».

Ellos le preguntaron:

«¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?».

Él les dijo:

«¿Cuántos panes tenéis? Id a ver».

Cuando lo averiguaron le dijeron:

«Cinco, y dos peces».

Él les mandó que la gente se recostará sobre la hierba verde en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta.

Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.

Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces.

Los que comieron eran cinco mil hombres.

Adoración Eucarística con el P. Jesús Luis Sacristán en la Basílica de la Concepción de Madrid, 8-1-2026

8 de enero de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Jesús Luis Sacristán, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Que la luz revelada a los Magos no se apague, sino que nos guíe a vivir con humildad, adoración y caridad todos los días del año / Por P. Carlos García Malo

 


miércoles, 7 de enero de 2026

Papa León XIV en la Audiencia General, 7-1-2026: «Estamos llamados a seguir siendo atentos intérpretes de los signos de los tiempos, alegres anunciadores del Evangelio, valientes testigos de justicia y de paz»

* «Empezamos un nuevo ciclo de catequesis que se dedicará al Concilio Vaticano II y a la relectura de sus Documentos. Se trata de una ocasión valiosa para redescubrir la belleza y la importancia de este evento eclesial. San Juan Pablo II, al final del Jubileo del 2000, afirmaba así: ‘Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX’ (Cart. ap. Novo millennio ineunte, 57) Mientras sentimos la llamada a no apagar la profecía y seguir buscando caminos y formas para implementar las intuiciones, será importante conocerlo nuevamente de cerca, y hacerlo no a través “de oídas” o de interpretaciones que se han dado, sino releyendo sus Documentos y reflexionando sobre su contenido»

 

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución Papa León XIV ha hecho en nuestro idioma

* «Como enseñaba Benedicto XVI: ‘los documentos conciliares no han perdido su actualidad con el paso de los años; al contrario, sus enseñanzas se revelan particularmente pertinentes ante las nuevas instancias de la Iglesia y de la actual sociedad globalizada’ (Primer mensaje después de la misa con los cardenales electores, 20 abril de 2005)»

7 de enero de 2026.- (Camino Católico).- “Estamos llamados a seguir siendo atentos intérpretes de los signos de los tiempos, alegres anunciadores del Evangelio, valientes testigos de justicia y de paz”, ha dicho el Papa León XIV, en el Aula Pablo VI del Vaticano, ante miles de fieles y otros miles que no han podido entrar y que Santo Padre ha salido a saludar al patio del Petriano.

 

Tras el Año Jubilar dedicado a los misterios de la vida de Jesús, el Pontífice ha anunciado esta mañana en su audiencia general,  que las catequesis de este nuevo período estarán centradas en el Concilio Vaticano II y en la relectura de sus textos fundamentales. Se trata, ha explicado, de una oportunidad privilegiada para redescubrir «la belleza y la importancia» de un acontecimiento que san Juan Pablo II definió como «la gran gracia de la que la Iglesia ha beneficiado en el siglo XX».

Al concluir, el Papa León ha retomado las palabras de san Pablo VI al cierre del Concilio en 1965, cuando habló de la hora de partir y salir al encuentro del mundo para anunciar el Evangelio. «También hoy —afirma— la Iglesia está llamada a acoger la herencia del Vaticano II y a renovar la alegría de llevar al mundo el Reino de Dios: un Reino de amor, de justicia y de paz». En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:


LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Aula Pablo VI

Miércoles, 7 de enero de 2026


Catequesis: El Concilio Vaticano II a través de sus documentos. Catequesis introductoria

Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Después del Año jubilar, durante el cual nos hemos detenido sobre los misterios de la vida de Jesús, empezamos un nuevo ciclo de catequesis que se dedicará al Concilio Vaticano II y a la relectura de sus Documentos. Se trata de una ocasión valiosa para redescubrir la belleza y la importancia de este evento eclesial. San Juan Pablo II, al final del Jubileo del 2000, afirmaba así: «Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX» (Cart. ap. Novo millennio ineunte, 57).

Junto al aniversario del Concilio de Nicea, en el 2025 hemos recordado los sesenta años del Concilio Vaticano II. Aunque el tiempo que nos separa de este evento no es mucho, también es verdad que la generación de Obispos, teólogos y creyentes del Vaticano II hoy ya no están. Por tanto, mientras sentimos la llamada a no apagar la profecía y seguir buscando caminos y formas para implementar las intuiciones, será importante conocerlo nuevamente de cerca, y hacerlo no a través “de oídas” o de interpretaciones que se han dado, sino releyendo sus Documentos y reflexionando sobre su contenido. De hecho, se trata del Magisterio que constituye todavía hoy la estrella polar del camino de la Iglesia. Como enseñaba Benedicto XVI «los documentos conciliares no han perdido su actualidad con el paso de los años; al contrario, sus enseñanzas se revelan particularmente pertinentes ante las nuevas instancias de la Iglesia y de la actual sociedad globalizada» (Primer mensaje después de la misa con los cardenales electores, 20 abril de 2005).

Cuando el Papa san Juan XXIII abrió la asamblea conciliar, el 11 de octubre de 1962, habló de ello como de la aurora de un día de luz para toda la Iglesia. El trabajo de los numerosos Padres convocados, procedentes de las Iglesias de todos los continentes, en efecto allanó el camino para una nueva época eclesial. Después de una rica reflexión bíblica, teológica y litúrgica que había atravesado el siglo XX, el Concilio Vaticano II ha redescubierto el rostro de Dios como Padre que, en Cristo, nos llama a ser sus hijos; ha mirado a la Iglesia a la luz del Cristo, luz de las gentes, como misterio de comunión y sacramento de unidad entre Dios y su pueblo; ha iniciado una importante reforma litúrgica poniendo en el centro el misterio de la salvación y la participación activa y consciente de todo el Pueblo de Dios. Al mismo tiempo, nos ha ayudado a abrirnos al mundo y a acoger los cambios y los desafíos de la época moderna en el diálogo y en la corresponsabilidad, como una Iglesia que desea abrir los brazos hacia la humanidad, hacerse eco de las esperanzas y de las angustias de los pueblos y colaborar en la construcción de una sociedad más justa y más fraterna.

Gracias al Concilio Vaticano II, «la Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio» (S. Pablo VI, Cart. enc. Ecclesiam suam, 34), comprometiéndose a buscar la verdad a través del camino del ecumenismo, del diálogo interreligioso y del diálogo con las personas de buena voluntad.

Este espíritu, esta actitud interior, debe caracterizar nuestra vida espiritual y la acción pastoral de la Iglesia, porque todavía debemos realizar más plenamente la reforma eclesial en clave ministerial y, delante de los desafíos actuales, estamos llamados a seguir siendo atentos intérpretes de los signos de los tiempos, alegres anunciadores del Evangelio, valientes testigos de justicia y de paz. Mons. Albino Luciani, futuro Papa Juan Pablo I, como Obispo de Vittorio Veneto, al principio del Concilio escribió proféticamente: «Existe como siempre la necesidad de realizar no tanto organismos o métodos o estructuras, sino santidad más profunda y extensa. […] Puede ser que los frutos excelentes y abundantes de un Concilio se vean después de siglos y maduren superando laboriosamente contrastes y situaciones adversas». [1] Redescubrir el Concilio, por tanto, como ha afirmado el Papa Francisco, nos ayuda a «volver a dar la primacía a Dios, a lo esencial, a una Iglesia que esté loca de amor por su Señor y por todos los hombres que Él ama» ( Homilía en el 60° aniversario de inicio del Concilio Vaticano II, 11 de octubre 2022).

Hermanos y hermanas, lo que dijo san Pablo VI a los Padres conciliares al final de los trabajos, permanece también para nosotros, hoy, un criterio de orientación; él afirmó que había llegado la hora de la salida, de dejar la asamblea conciliar para ir al encuentro de la humanidad y llevarle la buena noticia del Evangelio, en la conciencia de haber vivido un tiempo de gracia en el que se condensaba pasado, presente y futuro: «El pasado, porque está aquí reunida la Iglesia de Cristo, con su tradición, su historia, sus concilios, sus doctores, sus santos. El presente, porque nos separamos para ir al mundo de hoy, con sus miserias, sus dolores, sus pecados, pero también con sus prodigiosos éxitos, sus valores, sus virtudes... El porvenir está allí, en fin, en el llamamiento imperioso de los pueblos para una mayor justicia, en su voluntad de paz, en su sed, consciente o inconsciente, de una vida más elevada: la que precisamente la Iglesia de Cristo puede y quiere darles» (S. Pablo VI, Mensaje a los Padres conciliares, 8 de diciembre de 1965).

También es así para nosotros. Acercándonos a los Documentos del Concilio Vaticano II y redescubriendo la profecía y la actualidad, acogemos la rica tradición de la vida de la Iglesia y, al mismo tiempo, nos interrogamos sobre el presente y renovamos la alegría de correr al encuentro del mundo para llevar el Evangelio del reino de Dios, reino de amor, de justicia y de paz.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Después del Año jubilar, iniciamos un nuevo ciclo de catequesis dedicado al Concilio Vaticano II, considerado por mis predecesores san Pablo VI, san Juan Pablo II y Benedicto XVI, como el Magisterio que constituye la estrella polar del camino de la Iglesia.

En el 2025, junto con el aniversario del Concilio de Nicea, hemos recordado también los sesenta años del Concilio Vaticano II, que san Juan XXIII estimó como el amanecer de un día luminoso para toda la Iglesia.  

Por eso también aún hoy, nosotros acogemos la invitación a seguir buscando formas para poner en práctica las intuiciones del Concilio, conociéndolo de cerca, releyendo sus documentos y reflexionando su contenido.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los invito a redescubrir juntos el Magisterio del Concilio Vaticano II para valorar su profecía y actualidad; para acoger la rica tradición de la vida de la Iglesia; para interrogarnos sobre el presente y para renovar la alegría de llevar al mundo el Evangelio del Reino de Dios, que es un Reino de amor, de justicia y de paz. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.

El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:

Saludo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que Jesús, a quien contemplamos en el misterio de la Navidad, sea una guía segura para todos en el nuevo año que acaba de comenzar.

¡Mi bendición a todos!

Papa León XIV

_______________ 

[1] A. Luciani – Giovanni Paolo I, Notas sobre el Concilio, en Opera omnia, vol. II, Vittorio Veneto 1959-1962. Discursos, escritos, artículos, Padua 1988, 451-453.













Fotos: Vatican Media, 22-12-2025