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sábado, 26 de septiembre de 2026

Papa León XIV en meditación a los jóvenes en Francia: «Para crecer en santidad y mejorar nuestra sociedad, sean testigos luminosos de la buena noticia que es Cristo mismo, nuestro Salvador»

* «¿Cuál es, entonces, la fuente de la verdadera libertad? Jesús nos la indica claramente cuando nos dice que la verdad nos hará libres (cf. Jn 8,32); y que la Verdad es Él mismo (cf. Jn 14,6). He aquí, pues, la fuente de la verdadera libertad: la relación viva con Jesús. La compañía del Señor, de hecho, da sabiduría a nuestros proyectos y belleza a los deseos que llevamos en el corazón. Dios atraviesa nuestra alma como la luz, llamándonos a una renovación permanente, a una conversión que da pleno sentido a la existencia, porque nos convierte en protagonistas de una historia que pasa de la confusión a la búsqueda de la verdad; de la indiferencia al compromiso por la justicia. San Pablo lo expresa con tres verbos que interpelan nuestra libertad: huye, tiende, lucha»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la meditación del Papa León XIV

* «A medida que avanzamos en este camino hacia la santidad, queda claro que no basta con evitar el mal: hay que elegir el bien. No se trata de un principio abstracto, ni de una afirmación obvia: elegir el bien es la acción propia de la libertad, y al llevarla a cabo, la libertad misma se realiza, se corrige y madura. Para tomar la decisión correcta, recuerden este criterio: el bien da vida, nunca la quita; el bien cuida, no toma para sí. El bien no es un concepto bonito, sino el rostro radiante del amor: ¡es Dios mismo! Las virtudes que san Pablo nos presenta como reflejos de su bondad son estas: la justicia hacia la humanidad; la piedad y la fe hacia Dios; la caridad con todos; la paciencia hacia quienes nos hacen sufrir; la mansedumbre que distingue a quienes buscan la paz con un corazón puro» 


Camino Católico.-  “Para crecer en santidad y mejorar nuestra sociedad, sean testigos luminosos de este Evangelio, es decir, de la buena noticia que es Cristo mismo, nuestro Salvador: ‘A él honor y poder eterno. Amén’”, ha reflexionado el Papa León XIV en una meditación durante la Vigilia de Oración con 80.000 jóvenes franceses que ha celebrado en el Stade de France de Saint-Denis el sábado 25 de septiembre de 2026 por la noche y en la que ha profundizado sobre el camino de santidad que tienen que recorrer. También, previamente a esta meditación, ha sostenido un diálogo con los jóvenes. En el vídeo de Vatican News se visualizan y escuchan las palabras del Papa León XIV, cuyo texto completo es el siguiente:

VIAJE APOSTÓLICO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A FRANCIA

25-28 DE SEPTIEMBRE DE 2026

VIGILIA DE ORACIÓN CON LOS JÓVENES

MEDITACIÓN DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

“Stade de France”, Saint-Denis

Viernes, 25 de septiembre de 2026

En la noche, la luz nos parece aún más deslumbrante. Así, queridos jóvenes, hemos escuchado juntos las palabras de san Pablo. Queremos mantenerlas en alto, como una antorcha que ilumine no sólo la oración de cada uno, sino toda la historia de la Iglesia. El apóstol observa su tiempo y acoge la inspiración divina, es decir, al Espíritu Santo, que siempre abre perspectivas luminosas de futuro. Sí, Dios es el Señor de la historia y, pase lo que pase, la conduce hacia la salvación: en Cristo todo mal tiene un término, precisamente porque el final se convierte en el comienzo de una vida nueva y eterna.

Queridos amigos, para iluminar nuestra época y transformar el presente a la luz del Espíritu, recordemos ante todo que nosotros también, al igual que Timoteo, somos hombres y mujeres de Dios. Esta expresión ―de Dios― elegida por san Pablo, se refiere a una relación, no a una posesión. Quien vive de Dios es libre: libre de todo lo que obscurece la vida, haciéndola vacía y sin sentido. Jóvenes de Francia, ustedes llevan en su corazón un inmenso deseo de libertad, palabra que resuena con fuerza en su cultura. ¿Cuál es, entonces, la fuente de la verdadera libertad? Jesús nos la indica claramente cuando nos dice que la verdad nos hará libres (cf. Jn 8,32); y que la Verdad es Él mismo (cf. Jn 14,6). He aquí, pues, la fuente de la verdadera libertad: la relación viva con Jesús.

La compañía del Señor, de hecho, da sabiduría a nuestros proyectos y belleza a los deseos que llevamos en el corazón. Dios atraviesa nuestra alma como la luz, llamándonos a una renovación permanente, a una conversión que da pleno sentido a la existencia, porque nos convierte en protagonistas de una historia que pasa de la confusión a la búsqueda de la verdad; de la indiferencia al compromiso por la justicia. San Pablo lo expresa con tres verbos que interpelan nuestra libertad: huye, tiende, lucha. El apóstol escribe a Timoteo: ante todo, «huye de estas cosas», es decir, el orgullo, la vanidad, la violencia y la avidez (cf. 1 Tm 6,4.10). Son todos sentimientos que se apoderan de nosotros y nos dominan. El egoísmo que los caracteriza esconde una soledad aterradora. Para disfrutar de la cercanía de Dios y de la fraternidad humana, es necesario, por lo tanto, rechazar esa codicia que consume las relaciones sin dar nada a cambio y que nos llena de cosas sin alimentarnos. Ese estilo de vida nos empuja a tenerlo todo, pero a no ser nadie; a recibir una gran cantidad de “me gusta”, pero quedándonos solos con nosotros mismos.

Cuando decidimos no seguir ese estilo, entonces empezamos a tender hacia «la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre» (v. 11). Sí, quien vive de Dios tiende hacia lo mejor: está en entrenamiento constante. Busca la virtud, es decir, la fuerza que lo hace bueno y verdadero. Queridos amigos, la dinámica que caracteriza la existencia cristiana tiene un nombre preciso: se llama camino de santidad. Es el camino que el Señor abre ante cada uno de nosotros, acompañándonos a lo largo del trayecto. ¡Y cuántos hijos e hijas de esta amada tierra de Francia se han dejado guiar por este camino! Pensemos, por ejemplo, en el beato Marcel Callo, un joven francés, scout y obrero que, en la oscuridad del campo de concentración, nunca dejó de tender hacia el bien, conservando su libertad interior.

A medida que avanzamos en este camino hacia la santidad, queda claro que no basta con evitar el mal: hay que elegir el bien. No se trata de un principio abstracto, ni de una afirmación obvia: elegir el bien es la acción propia de la libertad, y al llevarla a cabo, la libertad misma se realiza, se corrige y madura. Para tomar la decisión correcta, recuerden este criterio: el bien da vida, nunca la quita; el bien cuida, no toma para sí. El bien no es un concepto bonito, sino el rostro radiante del amor: ¡es Dios mismo! Las virtudes que san Pablo nos presenta como reflejos de su bondad son estas: la justicia hacia la humanidad; la piedad y la fe hacia Dios; la caridad con todos; la paciencia hacia quienes nos hacen sufrir; la mansedumbre que distingue a quienes buscan la paz con un corazón puro. Los principios de igualdad y fraternidad que inspiran a su sociedad encuentran aquí su fundamento: más que simples prescripciones legales, son decisiones radicales y valientes de un corazón libre. Hacer nuestras estas cualidades, no es sólo un compromiso moral: es la decisión de convertirnos en hombres y mujeres auténticos, libres de concesiones. A este respecto, el apóstol nos entrega un tercer verbo: luchar. De hecho, huir del mal y tender al bien implica luchar. Sí, luchar como lo hizo san Pablo, representado a menudo con una espada en las manos, signo de la Palabra de Dios, «la espada del Espíritu» (Ef 6,17). Este verbo resuena con fuerza aquí en Francia, tierra de santa Juana de Arco, una joven que supo luchar con audacia. Pero cuidado: la lucha a la que estamos llamados es la de la fe, es decir, el compromiso de vivir según el Evangelio, como discípulos de Jesús, el Hijo de Dios que nos hace a todos hermanos y hermanas. Es en su nombre donde tenemos la fuerza de los justos para resistir la tentación. En su nombre tenemos la perseverancia de los mansos, para dedicarnos al bien. Nuestra lucha no es una batalla contra los demás; no recurre a las armas de la violencia, el desprecio o la opresión. Nuestra única arma es el amor que se entrega. Sabemos, lamentablemente, que existen fuerzas contrarias a nuestro vínculo con Dios, potencias que buscan dividir a las personas y a los pueblos, enfrentándolos entre sí. Estos males no sólo tienen un rostro violento, sino que a veces asumen también una apariencia insidiosa, porque prometen precisamente lo que nos quitan: la felicidad. Pero cuando nos sentimos envueltos en su oscuridad, la luz del Espíritu Santo nos ilumina y fortalece: esta noche, por lo tanto, elijamos juntos las virtudes que debemos cultivar para seguir al Señor.

No estamos solos en este camino hacia la santidad, porque lo recorremos unidos a todos nuestros hermanos y hermanas que nos rodean. De hecho, lo experimentan esta noche y durante los grandes encuentros como las Jornadas Mundiales de la Juventud. Además, contamos con los santos como aliados: son amigos que nos sostienen en las pruebas. Queridos amigos, cuando las decisiones de la vida exijan valentía, recurran a su intercesión e imiten su ejemplo: como hemos cantado en las letanías, el aliento de los santos nos asegura que nunca estamos solos en la oración, nunca estamos solos en la Iglesia. Especialmente en este tiempo, pidamos su ayuda para ser artífices de paz: ¡el eterno deseo de Dios y el constante compromiso de la humanidad! Esta noche he mencionado a algunos de ellos. Pidámosle también a santa Teresa del Niño Jesús que nos enseñe su “caminito” del amor cotidiano, fundamento sólido de toda paz duradera.

El Señor hace realidad esta paz mediante la Alianza que establece con todos nosotros por medio de Jesucristo. Por eso, al señalar el fundamento de nuestra experiencia de fe, san Pablo habla no sólo de lo que podemos hacer al responder a Dios, sino también de lo que Dios hace por nosotros. El apóstol lo resume en un episodio: Jesús ante Pilato, la verdad del amor frente a la hipocresía del poder. La «buena batalla» coincide, pues, con el “hermoso testimonio” (cf. 1 Tm 6,12-13). Así lo demuestra el uso de un mismo adjetivo: kalos, que aquí quiere decir bien hecho. La obra bien hecha, la que es buena, es la redención que Jesús realiza por nosotros. En su lucha contra el pecado y la muerte, la victoria de Cristo nos libera a todos: nos salva de todo mal, nos invita a todo bien.

Bajo esta luz, contemplemos las dos reliquias que tenemos ante nuestros ojos: la túnica y la cruz. Una fue quitada a Cristo; la otra, le fue dada a Cristo. En este sentido, ambas son signos de su pasión: Jesús es despojado de su túnica para cubrirnos con la vestimenta blanca, lavada «en la sangre del Cordero» (Ap 7,14). Así es como la cruz, de instrumento de muerte, se convierte en signo de esperanza: juntos, por eso, la túnica y la cruz nos representan a nosotros, a nosotros la Iglesia que nace de la vida de Dios entregada al mundo. Queridos jóvenes, para crecer en santidad y mejorar nuestra sociedad, sean testigos luminosos de este Evangelio, es decir, de la buena noticia que es Cristo mismo, nuestro Salvador: «A él honor y poder eterno. Amén» (1 Tm 6,16).

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 25-9-2026

Vigilia de Oración con los Jóvenes, presidida por el Papa León XIV en el estadio de Saint-Denis, Francia

Foto: Vatican Media, 25-9-2026

Camino Católico.- En la vigilia de oración con 80.000 jóvenes el sábado 25 de septiembre de 2026 por la noche, en el Stade de France de Saint-Denis, León XIV dialoga con la juventud francesa. Su ideal histórico de libertad surge auténticamente de la elección revolucionaria del bien, que «da vida, nunca la quita». Los exhorta a «luchar» contra los poderes opositores que dividen al pueblo y les arrebatan la felicidad que prometen. Luego los invita a reconocer los conflictos externos e internos, a perdonarse a sí mismos y a perdonarse por sus ansiedades e incertidumbres. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la Vigilia de oración.

Además de responder a preguntas de los jóvenes, el Santo Padre a realizado una meditación en la que ha asegurado que “para crecer en santidad y mejorar nuestra sociedad, sean testigos luminosos de este Evangelio, es decir, de la buena noticia que es Cristo mismo, nuestro Salvador: ‘A él honor y poder eterno. Amén’”.


Que nuestro "sí" a Dios no se quede en palabras, sino que se haga vida en el servicio, el perdón y la caridad hacia los demás / Por P. Carlos García Malo

 


Lizzetta Escalante: «Me alejé de Dios, pero ante una operación en la que podía morir oré: ‘Señor, todavía no te conozco lo suficiente como para vivir una eternidad contigo, no me lleves aún, déjame conocerte’»


Lizzetta Escalante evangelizando en Youtube 

* «El médico nos dijo tras la operación: ‘¿Ven esa herida aquí, que está como quemada? Eso lo debía hacer yo. Cuando el ovario salió, ya estaba cerrado, por eso no te moriste. Yo no creo en Dios, pero debo admitir que este no fui yo» 

Camino Católico.-   Solo tenemos una cosa asegurada en la vida: la muerte. Es un tema del que muchas personas temen hablar, incluso entre católicos. Pero es importante conversar sobre ello para tener una buena preparación hasta el fin de nuestras vidas. "Le dijo Jesús: 'Yo soy la resurrección (y la vida). El que cree en mí, aunque muera, vivirá'" (Jn 11, 25).

Lizzetta Escalante, laica consagrada de votos privados, evangelizadora y dirigente del apostolado Ruah, cuenta la historia de su conversión a Yohana Rodríguez en Aleteia; un momento en el que estuvo cerca la muerte.

Lizzetta Escalante / Foto: Cortesía de Lizzeta Escalante

Conociendo a Cristo

A pesar de que le presentaron a Jesús desde la infancia, ella no sentía la cercanía de un Dios amoroso, por lo que su acercamiento a las enseñanzas de la Iglesia no fue más allá de la preparación a los sacramentos. Así que ella, al no encontrar ejemplo en las personas o pensar que la Iglesia era un negocio (porque le cobraron una Misa de difunto), decidió alejarse y atacar la religión.

Lizzetta Escalante / Foto: Cortesía de Lizzeta Escalante

Un día, su madre le insistió asistir a una adoración:

“Me obligó a ponerme de rodillas delante del Santísimo, con una frase que me mató; '¿cómo es posible que yo tenga una hija de carne, con un corazón de piedra?'” 

Ese comentario le afectó porque, aunque ella era muy altruista, se dio cuenta de que nada de lo que hacía era por Dios. Estaba en una etapa de “encontronazos con Dios; no entendía cuál era el sentido de creer en Él”.

Al poco tiempo se fue a Estados Unidos, en lo que discernía cuál iba a ser su profesión. Al estar allá, se dio cuenta de que sentía una soledad y vacío tremendo que la llevó a una crisis existencial. 

Cuando regresó a su hogar, se dio cuenta de que sus amigas habían cambiado porque meses antes habían vivido un retiro espiritual. Se sentía tan fuera de lugar que, cuando le ofrecieron irse de misiones, aceptó.

Fue a esas misiones solo por seguirles la corriente, pero esta experiencia marcó el inicio de su nueva vida. Se encontró con un Dios tan grande que le enseñó la pobreza espiritual en la que estaba viviendo. Fue un encuentro muy profundo. Quien la conocía antes no podía creer lo que presenciaba. Comenzó a asistir a Misa, a dirección espiritual y formación. “Fue una radicalidad que no vino de mí, definitivamente, pero yo no entendía nada, fue una gracia”, comenta.

Lizzetta Escalante orando en Youtube 

Un paso cerca de la muerte

Una noche del 2012, mientras estudiaba para sus exámenes de la universidad, sintió un fuerte dolor en la pared abdominal.

“Me doblaba del dolor y me dieron muchas ganas de ir al baño. Y escuché en mi conciencia, un mandato muy fuerte, que yo creo que fue mi ángel de la guarda; ahora que vayas al baño, despierta tu mamá y que te acompañe. 

La desperté y cuando entramos al baño, me desmayé. Ella me agarró, y si mi mamá no hubiera estado, nadie en mi casa se entera y me hubiera desangrado”.

Lizzetta tuvo una rotura de quiste ovárico que causó un fuerte sangrado. Al llegar al hospital, el doctor la revisó y le dijo que tenía una peritonitis y que debían operar de urgencia. Y aunque todo se veía alarmante, ella sintió una paz y fortaleza, proveniente del Espíritu Santo.

El doctor le aseguró que este era un procedimiento que había realizado en muchas ocasiones y Liz preguntó: “¿cuántas han salido vivas”. Él respondió “varias”. Fue ahí cuando a Liz le cayó el peso de la situación; podía fallecer. Mientras hacía efecto la anestesia, hizo esta oración:

“Señor, yo todavía no te conozco lo suficiente como para vivir una eternidad contigo, no me lleves aún, déjame conocerte. Te prometo que si me das otra oportunidad, te voy a conocer”.

Ella era consciente de que vería a Dios, y le daba alegría; pero al mismo tiempo, le daba vergüenza porque ella sabía que desperdició su vida al no conocerlo. 

Lizzetta Escalante / Foto Cortesía de Lizzeta Escalante

Dios le permitió salir con éxito de la cirugía, pero lo que más le sorprendió fue cuando el doctor les enseñó un bote que contenía el ovario, y les dijo:

“¿Ven esa herida aquí, que está como quemada? Eso lo debía hacer yo. Cuando el ovario salió, ya estaba cerrado, por eso no te moriste (...) Yo no creo en Dios, pero debo admitir que este no fui yo”.

Fue una gran impresión para Lizzetta. Una curación que no tenía explicación. Los meses siguientes estuvo en recuperación y, en cuanto sintió mejoría, se dedicó al apostolado. Trabajó con niños diagnosticados con cáncer que le enseñaron una gran sensibilidad y un nuevo pensamiento:

“Yo no sé cuándo me voy a morir y no vivo con miedo a la muerte. Señor, te quiero conocer a tal grado, que cuando estemos juntos, no haya necesidad ni siquiera de que me cuentes de ti”.

Su vida se convirtió en una constante oración. Si antes se esforzaba en su vida de fe, ahora era mucho más dedicada. Sentía un llamado de Dios, de conocerlo más, de fortalecer la relación. Experimentó cómo Dios hablaba a su corazón. 

Ver la muerte de forma cristiana

Ella vive con una visión de la muerte cristiana, en donde hay paz, confianza y abandono en Dios. Convence a su mamá y amigas de que hay que dejarlo todo en manos de Dios, pues Él decidirá en qué momento está planeado el encuentro; y, al mismo tiempo, les recuerda que es bueno que desde este momento se preparen, conscientemente, de lo que mostrará al Señor cuando llegue el juicio.

Lizzetta Escalante con un grupo ejerciendo su ministerio / Foto Cortesía de Lizzeta Escalante

“La muerte le da sentido a la vida cristiana. Un cristiano que no espera la muerte como algo anhelado, ¿a qué se está preparando? Esta vida es para disfrutar y prepararse, para morir”.

Liz mencionó que es importante hablar con Jesús, tener una comunicación directa a través de la oración. No podemos esperar escuchar a Dios si no somos capaces de tener un encuentro con Él en nuestra vida diaria. 

Pero también es necesario recibir formación sobre nuestra fe; esta debe ser una de nuestras prioridades, porque quien no se interesa en su religión, “se está perdiendo de su mapa de cómo ser fiel”. Y la fidelidad es la puerta a la plenitud; aunque no siempre es fácil seguir el camino de Cristo, es lo único que nos llenará. El cielo ya está aquí si te lo propones.

"Esa experiencia de estar delante de Él, y no llegar con las manos vacías, es lo que más me tiene ilusionada, y por eso, me he consagrado".

Weng Yirui, pianista atea china, llegó a la fe preguntándose por ese «Dios que muere» interpretando el ‘Gloria’ de Vivaldi: «El encuentro con Dios y la oración cambió mi vida, porque ahora ya no tengo miedo»


Weng Yirui, pianista atea china, que inició su camino de conversión interpretando el ‘Gloria’ de Vivaldi, pero fijándose en la letra y preguntando: “¿Qué historia es ésta? ¿Cómo puede Dios morir?”

* «Me encontré con muchas dificultades y sufría mucho estrés antes de los conciertos. Me aterrorizaba la idea de cometer errores y llegó un momento en que no pude soportarlo más. Un día, antes de un concierto, probé a rezar, recité un Ave María y dije: 'Tocaré este concierto por ti, protégeme'. Para mi asombro, toqué mejor y no me equivoqué en nada. A partir de ese día, empecé a rezar más a menudo. El padre Francesco me empujó a dejarme guiar por Dios y a seguir el camino trazado para mí. También me explicó que no todo es sencillo y que cada uno debe llevar su propia cruz a cuestas y seguir a Jesús»

Camino Católico.- "¿Cómo puede Dios morir?". Ésta es la historia de una pianista atea que empezó a hacerse preguntas por el Gloria de Vivaldi. Y de cómo, gracias a su amistad con un sacerdote, se convirtió y aprendió a perdonar. "Rezo para que los jóvenes de China puedan ver y seguir la verdad, y no a la sociedad", dice.

Leone Grotti ha hablado con Weng Yirui en el número de enero de 2025 de Tempi y lo traduce Verbum Caro en  Religión en Libertad:

La partitura y la cruz

"¿Qué historia es ésta?". La pregunta que Weng Yirui hizo a su profesor de música sacra en 2018, interrumpiendo de repente la interpretación al piano del Gloria de Antonio Vivaldi, no es exactamente el tipo de pregunta que se suele escuchar en el Conservatorio de Milán. Los alumnos suelen omitir el texto y centrarse en la partitura o en la técnica. Pero Yirui no sabía lo que era una misa y mucho menos un "cordero de Dios" y, cuanto más intentaba el profesor, asombrado, resumir con pocas palabras la historia de Jesús, la más conocida del mundo, que hoy en Occidente casi damos por sentada, más insistía la joven china con sus preguntas.

El 'Gloria' de Vivaldi, con su mención al 'Agnus Dei, Filius Patri [Cordero de Dios, Hijo del Padre]', despertó la inquietud de Yirui.

"¿Cómo puede Dios morir?", preguntaba sorprendida sin prestar atención a la incredulidad de su interlocutor. "¿Y por qué deberíamos celebrar su muerte?". Yirui se había trasladado a Italia, patria de la ópera, desde la lejana Hangzhou, a más de 9.000 kilómetros hacia el este, en China, por amor a la música. Y no podía imaginar que el origen de aquellas melodías que tanto la habían fascinado era mucho más profundo que la mera creatividad del artista.

"Antes de llegar a Italia en 2016, con 22 años, nunca había visto una iglesia", cuenta Yirui a Tempi, recibiéndonos en el estudio de su casa de Milán, mientras desde la habitación contigua un majestuoso gato de suave pelaje gris produce una sinfonía de fondo paseando perezosamente sobre el teclado del piano.

Weng Yirui, al piano: descubrió la fe haciéndose preguntas sobre la música sacra que tocaba / Foto: Tempi

Bautizarse en Milán

Todo en casa de Yirui habla de música: los libros de texto del Conservatorio ordenados en las estanterías de la librería, las partituras sobre las mesas y las sillas, los carteles de La Traviata de Giuseppe Verdi o Las bodas de Fígaro de Wolfgang Amadeus Mozart colgados de las paredes.

Y entre ellos, destacan una copia del icono ortodoxo más famoso del mundo, la Theotokos de Vladimir, una de la Virgen de Sheshan, la más conocida de toda China y una del Crucifijo de San Damián, el que según la tradición, en 1205 habló así al poverello de Asís: "Francisco, ve y repara mi casa, que, como ves, está toda en ruinas".

La Virgen de Vladimir, la Virgen de Sheshan y el Crucifijo de San Damiano

Hay una iglesia en su ciudad natal, pero Yirui, nacida el 8 de agosto de 1994 en Hangzhou y "renacida" con el nombre de Eleonora el día de su bautismo en Milán, el 8 de abril de 2023, nunca había reparado en ella. Sus padres, ateos, siempre le habían enseñado a creer sólo en sí misma y en el trabajo duro. La madre es profesora de Física en un instituto, su padre de Psicología; la única filosofía permitida en casa siempre ha sido la utilitarista. "Ellos nunca han creído en nada. Mi padre, además, es miembro del Partido Comunista chino": por tanto, seguía el ateísmo también por contrato. Sólo en Nochevieja la familia Weng iba al templo budista a "quemar unas velas de incienso", más por tradición que por otra cosa.

"No hagas preguntas inútiles"

En realidad, Yirui tenía muchas preguntas, pero su madre siempre las cortaba de raíz. "Un día llegué de la escuela y le pregunté de dónde venimos y adónde vamos después de la muerte", cuenta la pianista. "Mi madre se sentó a la mesa, abrió su libro de física y me explicó el origen científico-material del mundo. Luego lo cerró y me dijo: 'No hagas más preguntas inútiles'".

No pudiendo expresarse con palabras ("en China no hay mucha libertad entre padres e hijos"), Yirui aprendió a hablar a través de la música. La chispa de la pasión prendió en ella a una edad muy temprana. "En Hangzhou, vivíamos en el campus de la escuela donde mis padres enseñaban. Después de las clases, a menudo me dejaban tocar en las aulas. Un día vi un piano y empecé a tocar las teclas por diversión. Me gustaba el sonido. Mi padre me vio y me preguntó si quería aprender. Le dije que sí y desde entonces no he parado".

A través de la música, Yirui pudo expresar esas emociones que siempre había tenido que reprimir en casa. Sentada frente al piano, le resultaba fácil hacer lo que parecía imposible en su escritorio: concentrarse. "Cuando toco, el tiempo parece detenerse y es cuando me siento realmente cómoda. Para mí la música es muy importante, es el instrumento para hablar de mí misma. Por eso también me he acostumbrado a captar todos sus matices".

Como la belleza de la armonía en Johann Sebastian Bach, algo "increíble que nunca había percibido en otras composiciones". Su profesor en China "se centraba sólo en la técnica, para él era suficiente que yo supiera interpretarlo perfectamente de principio a fin. Pero parecía haber algo más en aquella música, aunque yo no entendiera el qué. Hoy sé que sin Dios esos motivos nunca habrían existido, pero en China ni siquiera se mencionaba el tema".

El 'Gloria' de la 'Misa en Si menor' de Juan Sebastián Bach

A veces alegre, a veces triste

Yirui conoció el cristianismo en 2016, cuando decidió trasladarse a Italia. Graduada por la Universidad Normal de Hangzhou, se especializó en didáctica, piano y canto. "No me gusta ser solista, me gusta colaborar con los demás", continúa, ajustándose un mechón de su larga melena castaña. "Por eso decidí ejercer de acompañante de coro, para ayudar a los cantantes". La patria de Giuseppe Verdi era el lugar ideal para cultivar su pasión y convertirla en profesión y justo buscando información en internet sobre el Belpaese, Yirou se topó por primera vez con un término desconocido: "Italia es un país 'católico'".

Tras trasladarse a Milán para estudiar el idioma, pronto se dio cuenta de lo que significaba el término. "Uno de los primeros lugares que nuestro profesor de italiano nos llevó a visitar fue el Duomo y me quedé boquiabierta: nunca había visto nada tan bonito e inmediatamente me pregunté por qué se había construido un edificio tan magnífico". Luego, paseando por el centro, se dio cuenta de que "había una iglesia casi en cada esquina" y una vez entró en una: "Me sorprendió el silencio. Vi a esa gente, sentada en los bancos, o de pie, sin hablar. Me pregunté qué estarían haciendo. Luego me di cuenta de que todos miraban el crucifijo y no comprendía por qué".

Esas preguntas latían en su interior como brasas humeantes bajo las cenizas y se despertaron en 2018, en su segundo año en el Conservatorio de Música de Milán, cuando empezó un curso de música sacra. El profesor, ateo, no podía responder a sus preguntas y ella se dio cuenta de que si quería entender esa música "espléndida, a veces alegre y a veces triste", tenía que comprender la cultura italiana y "profundizar en la religión católica". La oportunidad llegó en 2020. "Después de graduarme, empecé a trabajar en el Conservatorio de Novara. Un compañero me llevaba a la ciudad piamontesa. Era católico e iba a misa todas las mañanas. Yo le esperaba en la puerta de la iglesia y después me subía al coche con él".

La desventaja de ser bueno

Durante el trayecto, Yirui encontró respuestas a muchas de las preguntas que se planteaba, pero no a todas, principalmente por la barrera del idioma. Así que su compañero buscó un sacerdote chino que pudiera ayudarla a entender y la confió al padre Francesco Zhao, responsable de la comunidad católica china de Milán. "Me preguntó si creía en algo y le dije que sí, aunque no sabía en qué. Don Francesco nunca intentó convertirme y al principio no tenía intención de hacerlo. Sin embargo, empecé a ir a verle una vez a la semana: el primer año estudié con él el Antiguo Testamento y el segundo, el Evangelio".

Yendo a ver al padre Francesco, Yirui también conoció a la comunidad católica china de Milán y quedó profundamente impresionada. "Aquellas personas ni siquiera me conocían, y sin embargo me querían como si fueran mi familia. Les miraba y no dejaba de preguntarme por qué". Durante un viaje a Asís en 2021 con el padre Francesco, intrigada, pidió al sacerdote por primera vez que le enseñara a rezar. "Quería comprender lo que la gente hacía en la iglesia. Me habían dicho que se podía hablar con Dios y tenía muchas preguntas que hacerle. La oración cambió literalmente mi vida".

Empezando por el trabajo. "Empecé a trabajar muy pronto como profesora de canto y acompañante de piano", explica Yirui. "Me encontré con muchas dificultades y sufría mucho estrés antes de los conciertos. Me aterrorizaba la idea de cometer errores y llegó un momento en que no pude soportarlo más. Un día, antes de un concierto, probé a rezar, recité un Ave María y dije: 'Tocaré este concierto por ti, protégeme'. Para mi asombro, toqué mejor y no me equivoqué en nada. A partir de ese día, empecé a rezar más a menudo".

A finales de 2022, Yirui se dio cuenta de que quería ser parte de la Iglesia católica y empezó el catecismo con el padre Francesco. Fue un viaje apasionante y a la vez agotador: "No fue fácil entender por qué Jesús enseña a perdonar, no es lo que aprendí en China. Si alguien me hace daño, pensaba, ¿por qué debería perdonarle? Si hago el mal, ¿cómo puedo perdonarme a mí mismo? Mis padres me educaron a protegerme, defenderme y a no ser demasiado buena porque la gente se aprovecha de los buenos. En cambio, la Iglesia considera que el que perdona es fuerte y valiente. Mi madre siempre me decía que no podía permitirme cometer errores, que tenía que ser perfecta y siempre tenía miedo a fracasar. El encuentro con Dios cambió realmente mi vida, porque ahora ya no tengo miedo".

La misa en Hangzhou

Es como si Yirui hubiese tenido que empezar de cero: "En China, a los niños se les enseña a tomar las riendas de sus propias vidas y a controlar su propio futuro. El padre Francesco, en cambio, me empujó a dejarme guiar por Dios y a seguir el camino trazado para mí. También me explicó que no todo es sencillo y que cada uno debe llevar su propia cruz a cuestas y seguir a Jesús".

Yirui pensó que era una metáfora, que el bautismo borraría el mal de su vida, que Dios la protegería y que todo sería de color de rosa a partir de entonces. Evidentemente, no fue así. De hecho, después del bautismo, el compañero que había desempeñado un papel tan importante en su descubrimiento de la fe y que se había convertido en su jefe "empezó a comportarse de forma extraña, utilizaba su influencia sobre mí de forma equivocada, me controlaba". Yirui, para quien en aquel momento el trabajo lo representaba "todo", se vio obligada a renunciar a su empleo para escapar de su influencia, a pesar de que acababa de obtener un contrato indefinido.

A partir de febrero, durante tres meses, estuvo en casa sin trabajo, y atravesó una época de crisis, "no quería ver a nadie". No entendía cómo el hombre que le había ayudado a descubrir a Dios podía comportarse así. Entonces un periodista del Opus Dei le pidió una entrevista para contar su historia "y me vi obligada a mirar atrás y reconsiderar todo lo que me había pasado desde el principio. Me sentí conmovida por todo el bien que había recibido y fui capaz de perdonar". "Me di cuenta", continúa la pianista, "de que Dios no borra el mal, sino que te da la fuerza para afrontarlo".

La catedral de la Inmaculada Concepción de Hangzhou, la única iglesia católica abierta en una ciudad de once millones de habitantes situada al suroeste de Shanghai, donde el número de católicos puede estar en torno a 65.000 / Foto: Wikipedia

Ahora, cuando vuelve a casa, Yirui visita la iglesia de Hangzhou, que, sin embargo, "siempre está cerrada, excepto para la misa de las 6 de la mañana entre semana y algunos servicios los domingos". También habla con los jóvenes que acuden a la parroquia. El edificio está bien conservado, pero la frase pronunciada por el Crucifijo de San Damián a San Francisco bien podría referirse a la Iglesia de China. "Los chicos me preguntaron qué hacen los católicos en Italia, se ve que les gustaría tener una relación, pero no es posible", reflexiona la pianista. También necesitarían un padre Francesco Zhao, pero no lo tienen, están solos. Cambiar las cosas sin un guía es difícil: "En China impera el materialismo, pero hay un gran deseo espiritual. Los jóvenes se dan cuenta de que los valores que propone la sociedad no son los reales, pero no saben dónde encontrar el coraje para cambiar las cosas. Realmente rezo para que puedan ver y seguir la verdad, no a la sociedad. Pero para transmitir algo a los demás, primero hay que vivirlo".

Hablar de religión en China

Se aplica en China, como en Italia. "Hablé de la fe a mis padres y ellos, al verme feliz, me apoyaron, como hicieron con la música", concluye Yirui, reclamada ahora por los alumnos chinos a los que enseña canto y que la esperan a la puerta del estudio. "Después de mi bautismo, vinieron a visitarme a Italia y quedaron muy impresionados por la comunidad católica. Mi padre incluso empezó a santiguarse". Cada cosa, sin embargo, a su tiempo. "Mis padres aún trabajan en la escuela pública, en China, así que no es prudente hablar demasiado de religión en WeChat, los teléfonos podrían estar pinchados", reconoce. "El año que viene, sin embargo, se jubilarán y les invitaré a volver a Italia".

Quién sabe, quizá también surja una pregunta en sus corazones, como una melodía irresistible.

Traducido por Verbum Caro