* «En la mesa, en familia, cuántas veces se come y se mira la televisión o se escriben mensajes con el teléfono. Cada uno es indiferente a ese encuentro. Tampoco en el núcleo de la sociedad, como es la familia, hay encuentro. Que esto nos ayude a trabajar por esta cultura del encuentro, como hizo simplemente Jesús. No sólo ver: mirar. No sólo oír: escuchar. No sólo cruzarse: detenerse. No sólo decir ‘qué pena, pobre gente’, sino dejarse llevar por la compasión. Y acercarse, tocar y decir en la lengua en que cada uno sienta en ese momento - la lengua del corazón - ‘no llores’ y dar al menos una gota de vida»



* «Pedimos a la gente que rezara. Y también nos rodeamos de personas que tiraran de nosotros para arriba. La respuesta de la Iglesia fue impresionante. Pasamos de tener miedo y angustia a ilusionarnos muchísimo por la vida que venía. ¡A disfrutar del embarazo! Y no era porque los amigos que nos acompañaban nos pusieran una venda en los ojos. Al revés, nos centraron frente a la verdad. Nos ayudaron a vivir con ilusión la posibilidad de que nuestro hijo se fuera al cielo, que al final es la misión para la que un padre está creado. Nos ayudaron a vivir orgullosísimos e ilusionados el minuto presente»







