«Quedé impactado cuando aquella mujer quiso aventarse del puente. A mis 18 años, lo único que pensé fue en correr, tomarla de la mano y decirle: “Hay alguien que la está esperando”… Me contó sus problemas; la escuché atentamente, me despedí y la invité a poner sus problemas en manos de Dios. Después de tres meses, me dijo: “Tenía mucha razón cuando me dijo que Dios sí me escuchaba”. Me preguntó qué estudiaba, le respondí que el último año de prepa, encaminado a estudiar Medicina. Ella me preguntó: “¿No le gustaría estudiar psicología o ser Cura?”»







* «Pedimos a la gente que rezara. Y también nos rodeamos de personas que tiraran de nosotros para arriba. La respuesta de la Iglesia fue impresionante. Pasamos de tener miedo y angustia a ilusionarnos muchísimo por la vida que venía. ¡A disfrutar del embarazo! Y no era porque los amigos que nos acompañaban nos pusieran una venda en los ojos. Al revés, nos centraron frente a la verdad. Nos ayudaron a vivir con ilusión la posibilidad de que nuestro hijo se fuera al cielo, que al final es la misión para la que un padre está creado. Nos ayudaron a vivir orgullosísimos e ilusionados el minuto presente»

