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domingo, 2 de agosto de 2026

Olivier-Pierre Dionga, futbolista: «Había hecho un ídolo del fútbol, pero en la JMJ de Panamá puse a Dios en el centro de mi vida, y dije: 'Aquí estoy Señor, te encomiendo mi vida, ¡te toca a Ti!'»


Olivier-Pierre Dionga ha cumplido su sueño de ser futbolista profesional pero ha optado por dejarse guiar por Dios / Foto: Instagram/@op.dionga

* «Lo que más me impactó fue una catequesis dada por un obispo francés. Él comentó durante veinte minutos el 'aquí estoy' de la Virgen en la Anunciación. Cada una de sus palabras me habló directamente: el estar disponible para el Señor y escucharlo, confiar en Él para todo, dejar que nos guíe, en lugar de querer controlarlo todo»

Camino Católico.- Olivier-Pierre Dionga deseaba ardientemente ser futbolista e hizo todo lo posible para conseguirlo, dejando a Dios y su fe de lado. Sin embargo, su hermana lo invitó a la JMJ de Panamá, lo que podía poner en peligro su carrera deportiva, pero por un impulso del Espíritu Santo decidió ir: “Había hecho un ídolo del fútbol, al que lo había sacrificado todo, una religión con sus ritos, su culto al rendimiento y al dinero. En la JMJ de Panamá decidí volver a poner a Dios en el centro de mi vida, y dije: 'Aquí estoy Señor, te encomiendo mi vida, ¡te toca a Ti!'”, afirma el jugador francés Olivier-Pierre Dionga a La Vie, contando su testimonio en primera persona. Esta es su historia:


Olivier-Pierre Dionga tuvo su encuentro con Cristo en la JMJ de Panamá / Foto: Instagram/@op.dionga

 «Cuanto más me abandonaba al Señor, más me acompañaba»

Pateé mi primera pelota a los 6 años, en los bajos de mi casa, en el edificio en Limeil-Brévannes (Val-de-Marne). En los barrios el fútbol es el deporte popular por excelencia. Pasábamos las tardes jugando hasta el anochecer. Estar con mis amigos me producía una intensa alegría. 

Comía, dormía, vivía en el fútbol. Mi madre todavía recuerda cuando le dije un día: 'Te quiero, pero prefiero el fútbol'. Como la mayoría de los jóvenes de los suburbios, me propuse ser futbolista profesional. Soñaba con tener una carrera como Zidane, Ronaldinho o Messi.

Con nueve años, empecé a formar parte del club de fútbol Créteil. Aunque hubiera sido bueno, mis padres se habrían negado a dejarme firmar un contrato profesional a los los 16 o 17 años, como sí hicieron algunos de mis amigos. Mis padres solo querían que estudiara.

En retrospectiva, comprendo mejor su posición. Mis padres habían hecho mil sacrificios al dejar la República del Congo y establecerse en Francia. Habían trabajado muy duro para ofrecer a sus hijos lo que ellos no tenían: la oportunidad de estudiar y, por tanto, de encontrar un buen trabajo, adquirir cierta estabilidad y triunfar socialmente. Esperaban algún tipo de retorno de la inversión y, como buen chico, yo obedecí. Pero, cuando me diplomé, con 23 años, aproveché la oportunidad que se me presentó y fiché por el US Ivry, un club de la Nacional 3.

Negocié un trabajo a tiempo parcial e incluso dejé de ir a la Iglesia. Siempre había estado involucrado en la Iglesia. Tuve la gracia de nacer en una familia católica practicante; mi madre tiene una fe fuerte y viva. Un cristiano es cristiano si está en peligro, especialmente en los suburbios obreros como el mío, donde el Islam está muy activo. Aquí, si no estás cerca de Jesús, te conviertes al Islam rápidamente.

Yo era uno de los únicos católicos del vecindario, el único en un grupo de amigos en el que eran todos musulmanes practicantes. Mi religión era tema de conversación, me preguntaban que cómo se puede creer que un hombre que puede ser Dios, que Dios pueda tener un Hijo... Sus preguntas me inquietaban, pero también me empujaron a aprender más sobre mi propia fe, para comprenderla y explicarla mejor. Quería 'dar razón de la esperanza que hay en nosotros', como aconseja San Pedro comenta el futbolista.

En la secundaria, poco a poco descubrí el tesoro de la fe cristiana. Nada me salió como quería en el fútbol, pero tuve perseverancia, seriedad y rigor, mientras permanecía en el banquillo de los suplentes. En mi oración vespertina, como Job, clamé a Dios: ¿Por qué mis esfuerzos no son recompensados? Pero, en el fondo, no estaba rezando para que se hiciera la voluntad de Dios. Sólo me importaban mis proyectos.

Un sábado, durante un partido, mi entrenador me pidió que calentara en el minuto 90. ¡Era una buena señal! Cuando me sacó al campo, el árbitro pitó el final del partido. Estaba devastado, desesperado.


 Olivier-Pierre Dionga asegura que "cuanto más me abandonaba al Señor, más me acompañaba, incluso en el campo" / Foto: Instagram/@op.dionga

Cuando estaba en lo más bajo de lo más bajo, Dios vino a mí y me llamó. Primero fue mi hermana la que tuvo la divertida idea de invitarme a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Panamá. No le vi ningún sentido a ir, si iba, corría el riesgo de perder mi puesto en el equipo. 

Poco después, durante una alabanza, escuché el himno oficial de la JMJ: 'Hágase en mí según tu palabra'. Este estribillo, tomado del Evangelio, me conmovió como nunca antes. Me sentí movido por el Espíritu Santo a decir que sí. Todas las puertas, hasta las más cerradas, se abrieron para poder ir a Panamá. Durante la JMJ tuve una fuerte experiencia espiritual, diría incluso una conversión.

Me impresionó encontrarme entre 700.000 cristianos jóvenes, alegres y entusiastas de todo el mundo. Lo que más me impactó fue una catequesis dada por un obispo francés. Él comentó durante veinte minutos el 'aquí estoy' de la Virgen en la Anunciación. Cada una de sus palabras me habló directamente: el estar disponible para el Señor y escucharlo, confiar en Él para todo, dejar que nos guíe, en lugar de querer controlarlo todo.

Me di cuenta de que había hecho un ídolo del fútbol, al que lo había sacrificado todo, una religión con sus ritos, su culto al rendimiento y al dinero. En Panamá decidí volver a poner a Dios en el centro de mi vida, y dije: 'Aquí estoy Señor, te encomiendo mi vida, ¡te toca a Ti!'. Al regresar a Francia, mi entrenador me echó del primer equipo. Ver seis meses de intenso entrenamiento esfumarse así fue desgarrador, pero me mantuve firme en la fe.

Una semana después, despidieron a mi entrenador y su sustituto me reincorporó al equipo y hasta comencé a jugar. Al año siguiente, volví a ser catequista responsable de unos sesenta estudiantes de secundaria. Como era año fraternal en Lourdes, iba a tener que reducir el tiempo dedicado al fútbol. Sabía que el que confía en el Señor, y le da el primer lugar, todo lo puede. Era la vigilia de adoración, que reuniría a más de 300 jóvenes, y, al día siguiente, tenía entrenamiento para el partido. Le dije a mi entrenador que no podría ir. Su reacción todavía me conmueve: 'Cuida tu fe, confío en ti'.

El fútbol es una buena escuela para aprender la unidad en la diversidad, la fraternidad, la solidaridad, la preocupación por los demás... Ganamos juntos, perdemos juntos. Desde el portero hasta el atacante, todos tienen un papel que desempeñar en esta sinfonía. Lo mismo ocurre en la Iglesia, donde todos son miembros del cuerpo de Cristo.

Cuanto más me abandonaba al Señor, más me acompañaba, incluso en el campo. Ese año terminé entre los cinco mejores goleadores de Île-de-France. Pude unirme a otro club, el US Créteil-Lusitanos, con un sueldo mayor. Incluso tuve la oportunidad de jugar unos minutos en la tercera división nacional, algo que antes hubiera sido imposible.  

Olivier Giroud, el máximo goleador de la selección de Francia, es para mí un modelo de futbolista cristiano. Criticado, abucheado, perseguido, nunca dijo una palabra más fuerte que la otra ni alimentó la controversia. Se mantuvo sencillo, a pesar de la presión, los medios y los millones. Lleva su cruz, humildemente. Permanece arraigado en Cristo, cuya gracia experimenta en la victoria y, especialmente, en las dificultades.

Olivier-Pierre Dionga

miércoles, 15 de julio de 2026

David Jasso fue expulsado del seminario y durante 7 años fue directivo de fútbol, sentía que el Señor lo llamaba y es sacerdote: «Dios me ha sostenido y no me ha pedido perfección, pero sí disponibilidad, confianza y fidelidad cotidiana»

David Jasso Ramírez es actualmente Vicario episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey (México) y ha cumplido ocho años de sacerdocio a principios de este año 2026 

* «Ahí empezó el discernimiento en serio, cuando dejé Rayados. La espinita estuvo todo el tiempo, pero había momentos en que se iba. Tuve novias, viajé, me divertí, del Cielo a la tierra, del seminario a la cancha de fútbol, en un ambiente de lujos, de trato VIP en muchas partes, de estar cerca de los famosos, de estar ahí en el mejor momento del equipo… Después de 8 años de sacerdocio, no sé cómo serán los años que vienen. Tampoco lo sabía al inicio, pero si algo puedo decir hoy, con serenidad, es esto: no me arrepiento del camino. Y sigo creyendo que Dios actúa más en la fidelidad cotidiana que en los momentos extraordinarios. Ocho años después, no presumo logros. Agradezco la gracia de seguir caminando. Y eso, para mí, ya es mucho»

 En el vídeo, David Jasso Ramírez cuenta su testimonio de vida en 2019 a Desde la fe

Camino Católico.- Mientras el mundo vive la emoción del Mundial 2026, el Padre David Jasso Ramírez conoce muy bien lo que significa estar cerca de la pasión que despierta el fútbol.

Antes de convertirse en sacerdote, trabajó durante siete años en el Club de Futbol Monterrey Rayados, donde ocupó distintos cargos hasta llegar a ser gerente deportivo. Vivió campeonatos, viajes, decisiones importantes y la intensidad de uno de los entornos más competitivos y admirados del deporte profesional.

Sin embargo, detrás de los logros y la emoción de las canchas, Dios seguía escribiendo una historia diferente.

Lo que pocos saben es que antes de trabajar en el fútbol, David había pasado más de ocho años en el Seminario de Monterrey (México). En 2003 tuvo que dejar la formación sacerdotal para madurar aspectos importantes de su vida. Aquella salida fue dolorosa, pero con el tiempo comprendió que Dios no había dejado de acompañarlo.

David Jasso junto a su familia Ramírez en el tiempo que ingresó por primera vez en el seminario

Su camino vocacional inició como el de otros jóvenes que, al terminar la preparatoria, piden su ingreso al seminario para ser sacerdotes. No obstante, ocho años después, en 2003 tras un periodo de discernimiento, volvió a la vida laical.

“Llegué hasta tercero de Teología, me faltaba año y medio para terminar. Yo salí del seminario. Entré con 17 años y salí de 26, con 20 pesos en la bolsa”, recuerda en declaraciones a Desde la Fe.

“Me expulsaron porque no cumplía con el perfil. A lo largo de la formación hay varios momentos de revisión de vida y consideraron, los padres formadores, en ese momento, que yo no tenía vocación, que me faltaba madurar algunos aspectos de mi vida y que el perfil que yo tenía no correspondía a lo que se buscaba”, dice a Aleteia.


David Jasso cuando ejercía como directivo del Club de Futbol Monterrey

Un mes después se entrevistó con Jorge Urdiales, entonces presidente del Club de Futbol Monterrey, quien lo invitó a incorporarse a la institución como coordinador de Responsabilidad Social. Después fue Jefe de Prensa por un corto periodo hasta que fue nombrado Gerente Deportivo.

En ese momento su historia dio un vuelco que lo llevó a viajar durante años con el primer equipo, a convivir todos los días con los jugadores y el cuerpo técnico, a compartir sus logros y sus fracasos, las fiestas y reuniones familiares.

En esta época convivió con figuras del futbol mexicano, como Jesús «el cabrito» Arellano, Aldo de Nigris, Sebastian «el loco» Abreu, Victor Manuel Vucetich, Miguel Herrera y Ricardo Antonio Lavolpe, entre muchos más. 

El padre David Jasso con Gerardo ‘Tata’ Martino en 2019, a quien bendijo, cuando inició su trabajo de entrenador de la selección nacional de fútbol de México

Tenía el acceso a toda una institución poderosa del futbol mexicano y se codeaba con los futbolistas más famosos de toda la liga mexicana. Su talento y habilidades lo llevaron a tocar el cielo del futbol y pasó de ser un seminarista desconocido a un líder dentro del club.

«Cada vez que salíamos al campo, rezábamos un padrenuestro y un avemaría. Me acuerdo haber ayudado a Sebastián “loco” Abreu a restaurar una imagen de la Virgen que traía por todos lados», así recuerda el Padre David cómo su fe seguía intacta.

Los medios de comunicación resultaron ser para David un medio propicio para el éxito y la fama. Se movía como pez en el agua en ellos y descubrió una fascinación y una facilidad para dominar las relaciones públicas, el marketing, las cámaras de televisión y los micrófonos de prensa. Estaba anonadado, impresionado e impactado por las mieles del fútbol.

Orando en el vestidor

El padre Jasso recuerda dos momentos específicos durante su carrera como directivo, en los que se replanteó seriamente volver al seminario: el primero fue la muerte de Antonio de Nigris, en 2009. Aunque jugaba en Grecia, era un jugador muy querido por la afición, y su hermano Aldo jugaba en Rayados. Por ello, a él le tocó gestionar la repatriación del cuerpo y acompañar a la familia.

“Yo estaba en el vestidor y Chuy Arellano me pidió que dijera una oración. Solamente había jugadores y cuerpo técnico, yo era el único de pantalón largo. Entré, me puse a un lado de Aldo, él se hincó, puse la mano en su hombro y empezamos a rezar. No me acuerdo qué recé, pero traté de crear un ambiente de hermandad, de equipo y de comunidad”.

El padre David Jasso los jugadores del equipo le pidieron orar varias veces y eso le hizo presente que el llamado al sacerdocio seguía en el fondo de su corazón

El otro momento, durante el primer campeonato que vivió como Gerente Deportivo, de nueva cuenta los jugadores del Monterrey le pidieron que dirigiera una oración de agradecimiento a Dios.

“Fueron esos dos momentos, en la alegría y en el dolor, en que me pregunté ‘¿Qué ven en mí que yo no estoy viendo? ¿Qué estoy transmitiendo que yo no me doy cuenta?’”, recuerda.

Quizá por eso, el ahora técnico del Club América, Miguel Herrera, uno de sus amigos más entrañables en el mundo del futbol, siempre lo apodó El Curita.

Un alto en el camino

Pese a que la cosquillita por volver al seminario nunca desapareció en todos esos años, la intensidad del trabajo en el Monterrey no le permitió detenerse para discernir qué era lo que Dios quería de él, hasta que en 2011 dijo adiós a Rayados, fundó una empresa de mercadotecnia deportiva y comenzó a dar clases. Entonces, el llamado de Dios se hizo fuerte.

“Ahí empezó el discernimiento en serio, cuando dejo Rayados. La espinita estuvo todo el tiempo, pero había momentos en que se iba. Tuve novias, viajé, me divertí, del Cielo a la tierra, del seminario a la cancha de fútbol, en un ambiente de lujos, de trato VIP en muchas partes, de estar cerca de los famosos, de estar ahí en el mejor momento del equipo”.

A partir de su salida tuvo un año para discernir y en 2012 finalmente pidió su readmisión al seminario.

El camino para llegar al sacerdocio fue largo. No sólo su readmisión tomó tiempo. Además, durante su formación lo operaron a corazón abierto. El miedo hacía mella en su alma, pero su devoción a la Virgen María de Guadalupe lo inundó de paz, fe y esperanza para enfrentar esta cirugía.

Las pruebas aún no terminaban para el seminarista, ya que meses después, su padre enfermó y falleció, llevando al seminarista a forjarse en la paciencia y a entender esta etapa de su vida como el crisol de su alma y vocación.

El padre David Jasso para pasar del fútbol al seminario debió recorrer un largo camino lleno de pruebas

«No fue fácil regresar porque me habían expulsado. Yo toqué la puerta del seminario, no fue fácil, no había obispo en ese momento y tardaron un año en aceptarme. Entré condicionado y, aunque ya habían pasado 10 años, ahí seguían los expedientes; pero finalmente me ordenaron sacerdote», comparte con una sonrisa.

Sólo el inicio

Cinco años después, en enero de 2018, David Jasso fue ordenado sacerdote.

Si antes, a su llegada a Rayados, asumió el reto de aprovechar su experiencia como seminarista para aplicar esos valores en el club. Ahora, asegura, el camino es a la inversa. “Quizá ese es el mayor reto ¿Cómo integrar aquello que aprendí con la Iglesia y con mi ministerio?”.

El camino que David Jasso debió recorrer para convertirse en sacerdote fue muy distinto y mucho más largo que el de muchos de sus compañeros. Sin embargo, asegura, el día de su ordenación no lo vivió como el final del trayecto: “no es la meta, sino un nuevo inicio”.

Agradecimiento a Dios por 8 años de sacerdocio

David Jasso, Vicario episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey (México), ha cumplido ocho años de sacerdocio a principios de este año 2026 y hace balance: “Ocho años no son muchos, pero tampoco son pocos. No alcanzan para hablar desde la nostalgia, pero sí para mirar atrás con verdad. Ocho años de sacerdocio dan para agradecer, para reconocer límites, para confirmar algunas intuiciones…” dice en Vida Nueva.

“Si algo me ha costado en estos ocho años ha sido aceptar mis propios límites sin endurecerme. No refugiarme en el activismo para no sentir. No anestesiar el corazón para poder seguir funcionando. No reducir el sacerdocio a lo que hago, a lo que produzco, a lo que se ve. Aprender que cuidar la interioridad no es un lujo, sino una necesidad vital para no perder el alma. En no pocas ocasiones, mi capilla, mi oficina, mi estudio y mi lugar de descanso ha sido un avión, un aeropuerto o un autobús”, asegura.

El padre David Jasso en Casa Lago, sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano

Y subraya que “reconozco que he sido profundamente sostenido por personas concretas, por comunidades reales, por hermanos sacerdotes con los que se puede hablar sin máscaras. Por conversaciones sinceras con amigos de toda la vida y por la oración cuando ya no hay muchas palabras. Pero sobre todo, por Dios que no me ha pedido perfección, pero sí disponibilidad; no control, sino confianza; no dureza, sino fidelidad cotidiana”.

“Al cumplir ocho años de sacerdocio, no celebro haber llegado lejos. Celebro haber seguido y haber permanecido en el camino cuando fue luminoso y cuando fue cuesta arriba. Haber aprendido que el ministerio no consiste en hacerlo todo bien, sino en seguir diciendo sí, una y otra vez, en lo pequeño, en lo ordinario, en lo que no se ve. No sé cómo serán los años que vienen. Tampoco lo sabía al inicio, pero si algo puedo decir hoy, con serenidad, es esto: no me arrepiento del camino. Y sigo creyendo que Dios actúa más en la fidelidad cotidiana que en los momentos extraordinarios. Ocho años después, no presumo logros. Agradezco la gracia de seguir caminando. Y eso, para mí, ya es mucho”, concluye.

viernes, 3 de abril de 2026

Ben Gannon-Doak, futbolista escocés: «El fútbol no lo es todo y siento que si se acaba no pasará nada; cuando tienes a Dios de tu lado, sabes que nunca se olvidará de ti, que no te abandonará»

Ben Gannon-Doak descubrió que el fútbol podía ser un lugar muy solitario, y fue entonces cuando volvió a Dios

* «Creo que Dios nos mantiene humildes y con los pies en la tierra, siempre nos recuerda que no tendríamos nada de esto sin Él. Confío plenamente en Dios para mantenerme fuerte. Rezo antes de los partidos, leo la Biblia a solas, porque un vestuario puede ser bastante caótico a veces. Mi fe es mi mayor apoyo. Es casi una lucha contra mí mismo mantener la mente puesta en Dios y recordar todo lo que nos dice»

Camino Católico.- Ben Gannon-Doak (2005) es un futbolista escocés que juega de delantero en el AFC Bournemouth de la Premier League. El joven internacional no oculta la importancia que tiene la fe en su vida y, especialmente, en su carrera profesional.

Sentado en una capilla dedicada a San Miguel Arcángel, comenta en el programa A View from the Terrace de la BBC Escocia: "Dios te protege y te mantiene a salvo de cualquier cosa que pueda alejarte de Él", asegura.

La adolescencia de Ben no fue nada fácil, quien tuvo que abandonar su hogar para ser jugador de la Premier League a los 16 años. "Creo que es muy fácil caer en la trampa del glamour y de las redes sociales a medida que se asciende de nivel", revela.

"Creo que Dios nos mantiene humildes y con los pies en la tierra, siempre nos recuerda que no tendríamos nada de esto sin Él. Confío plenamente en Dios para mantenerme fuerte", explica.

Siendo adolescente, estando lesionado y viviendo lejos de casa, Ben descubrió que el fútbol podía ser un lugar muy solitario. Fue entonces cuando volvió a Dios. Criado en la fe católica, Gannon-Doak admite que se "alejó de ella" durante un tiempo, antes de "escuchar a Dios llamarme".

Tras haber jugado solo 53 minutos en cuatro partidos como suplente en la Premier League, el joven sufrió su tercera lesión grave, quedándole el isquiotibial "pendiendo de un hilo", era justo la noche en la que Escocia se clasificaba para la Copa del Mundo.

"He tenido muchos problemas con las lesiones y, a veces, me siento bastante solo", dice Gannon-Doak, quien se rompió el menisco por primera vez cuando jugaba en el sub-21 del Liverpool.

Ben Gannon-Doak en el campo de fútbol 

"Sentí que Dios me llamaba. Me di cuenta de que empecé a sentirme mejor y más fuerte, y a afrontar mejor las cosas, y pensé: 'Ah, esto no es una coincidencia'", recuerda. Desde entonces su mirada ha cambiado. En lugar de ver sus tres operaciones como desgracias, las considera oportunidades para "prepararse".

"Ha fortalecido mi cuerpo y mi mente; siento que es parte del plan de Dios para prepararme para algo", añade Gannon-Doak, quien tuvo que retirarse de la convocatoria del seleccionador Steve Clarke para la Eurocopa 2024.

"Con cada lesión que he tenido, la he sobrellevado mejor y mejor, y, a medida que he crecido en mi fe, se ha vuelto mucho más fácil, ahora sé lo que es importante", relata Ben.

"El fútbol no lo es todo. Me encantaría jugar todo el tiempo que pueda, pero si siento que se acaba no pasará nada. Cuando tienes a Dios de tu lado, sabes que nunca se olvidará de ti, que no te abandonará", dice el futbolista escocés.

Gannon-Doak intensificó su fe cuando le empezaron a aparecer numerosos versículos bíblicos en su teléfono. "Empecé a rezar —no sabía qué más hacer— y de repente mi teléfono se llenó de mensajes sobre Dios y pasajes bíblicos", explica.

"Mi abuela me regaló una Biblia y empecé a leerla. Si veía algo que no entendía, lo buscaba y lo escribía de forma que lo comprendiera mejor. Rezo antes de los partidos, leo la Biblia a solas, porque un vestuario puede ser bastante caótico a veces", comenta.

Muchos esperan ver al extremo cuando la selección de Escocia regrese a la Copa del Mundo este verano, en el Grupo C junto a Brasil, Haití y Marruecos.

"Mi fe es mi mayor apoyo. Es casi una lucha contra mí mismo mantener la mente puesta en Dios y recordar todo lo que nos dice", concluye.

Vídeo del testimonio de fe de Ben Gannon-Doak en inglés

viernes, 18 de febrero de 2022

Annika Fabbian, la monja que era futbolista y que evangeliza con la pelota: «Me enamoré del Señor. En la relación diaria comprendes que Dios te está llamando, que te ha elegido»

 


* «Lo que me llamó la atención de las monjas doroteas, que conocí en la JMJ de Madrid, es la dimensión del corazón de Jesús y el corazón de María, fuerza y ​​ternura juntas. Me gusta dejarme habitar por estos dos corazones y tratar de vivir dentro de estos corazones. No siempre es fácil, pero ser ‘hija de los Sagrados Corazones’ es para mí una gracia inmensa. Todavía estoy en camino. Estoy en el quinto año de juniorado y pronto comenzaré la preparación para los votos perpetuos. Por eso, cada año renuevo mis votos, pero mi primer ‘sí’ en mi corazón fue un ‘sí’ para siempre»

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domingo, 13 de septiembre de 2020

Elvis Grbac, casado y con hijos, fue campeón de la Super Bowl, se retiró, propaga su fe a los jóvenes y con la adoración descubrió su otra pasión, servir como diácono


* «Cuando tenía 20 años solía pensar en el futuro más inmediato, según lo que más me convenía. Ahora enseño que lo mejor es centrarse en el futuro a largo plazo que Dios guarda para nosotros… El amor nos impulsa a ponernos humildemente al servicio de los demás, pero ¿hay algo que se acerque a la humilde entrega de Dios en el Santísimo Sacramento? Él quiere estar con nosotros tanto que parezca un simple pedazo de pan. Esa es la cosa más increíble en la tierra, así que me paso de dos a tres horas al menos un día a la semana frente a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento»

jueves, 14 de noviembre de 2019

Alberto García Aspe, ex futbolista de la Selección de México, llevado a Cristo por la Virgen dijo al Señor: "no sé qué me sucede pero me abandono en tus manos"

domingo, 19 de febrero de 2017

Bafétimbi Gomis, el delantero francés devoto de la Virgen de Lourdes que no cayó en la delincuencia porque iba a catequesis

“Yo salí de todo eso gracias a la fe. Todos los miércoles, en vez de deambular por la calle, aprendía la palabra de Dios. Y era importante. Recuerdo una frase subrayada en mi nuevo testamento: ‘pedid y se os dará’ y esto me dio mucha fuerza. El obispo de Saint-Étienne, Dominique Lebrun, actualmente arzobispo de Rouen, me acompañó en la fe. Fue muy importante para mí. Él me ayudó a creer. Me dio algunos libros. Tengo un gran respeto por los obispos y los sacerdotes. Ellos son como mis entrenadores espirituales”